CARPE DIEM



Dentro de veinte años, lamentarás más las cosas que no hiciste, que las que sí hiciste. Así que, suelta amarras y abandona el puerto seguro. Atrapa los vientos en tus velas. Explora. Sueña. Descubre.


domingo, diciembre 02, 2007

DIARIO DE UN POLVORON HONRADO
















Mientras viajaba en busca de mi destino, cavilaba sobre lo guapo que me habían puesto. Mi cuerpo, como el de los dioses del antiguo Egipto, fué obsequiado con todo tipo de cuidados para ser bien recibido en el más allá . En el más allá- de Estepa- se iba a producir el sacrificio ritual . Para ello, fuí enharinado, perfumado con canela y rociado con ajonjolí. Luego me momificaron con un traje de papel bien retorcido en los extremos. Supongo que para garantizar que no escaparía a mis designios. Mi madre, por consolarme, me dijo al despedirme que yo iba de dulce. Qué cosas tiene mi madre. Por el camino, mis compañeros iban contando historias de nuestros antepasados. Relataban como un tío mío se encajó vivo casi en Agosto. Su sabor a naranja y su modesta cuna, fueron los salvoconductos de mi tío para sobrevivir a la Navidad. El estómago de los golosos es una República que devora, primero a las grandes familias nobles: LOS CONDES DE ALFAJOR, LAS MARQUESITAS, LAS DUQUESAS DE HOJALDRINA..., luego, continúa, pasando por la guillotina de los incisivos, a los dulces cortesanos: peladillas, almendras rellenas... e indulta, como república que es, a los plebeyos con sabor a naranja y a limón, a los roscos de vino...
En nuestra efímera caja de cartón, todos íbamos echando cábalas sobre nuestro destino. Habíamos oídos historias terroríficas acerca de gente sin escrúpulos y sin modales. Al parecer había algunos que nos torturaban, apretujándonos en sus manos antes de ser comidos. Yo tuve, además, la desdicha de ser el último que quedó en el plato el día de Nochevieja, y como consecuencia tuve que tragarme, antes de que me tragaran a mi, las arengas de toda la fauna allí reunida. Para empezar aguanté al fantoche que se cuela en todas las cenas de Navidad para restregar su tratado sobre cómo hacerse rico sin doblarla (se le olvidó decir que había que tener un amigo concejal de apellidos corrupto y recalificador...). Luego vino la soflama de la neurótica de su mujer, dándonos una lista completa de todos los males que la acechaban a ella, y de las mil desgracias que amenazaban al mundo. Y tras el brindis con champán fué el abuelo quién me hizo los honores. Me tragó, o mejor dicho, me sorbió en un plis plas. Y allí iba yo, resbalándome esófago abajo, orgulloso por el deber cumplido, cuando escuché en la ya lejana televisión el famoso:“Vuelveee...a casa vuelveee..por Navidad”, y yo, que soy muy nostálgico, no pude resistir la tentación de volver. Di un paso atrás y me paré justo en la mitad del esófago, mientras todos gritaban al abuelo : ¡ Tose abuelo, tose...! , a la vez que le daban grandes golpes en la espalda. En uno de ellos me empujaron hacia fuera. Menos mal que estuve rápido de reflejos, y canturreando a Machado con su “caminante no hay camino ...”, me agarré al resbaladizo tubo digestivo antes de ser toseado al exterior. Para entonces, mi ejecutor, el abuelo, que había adquirido un azulpitufomequedan2minutos, me oyó increparle:“Trágame abuelo, trágame...”. Y con mi muerte le salvé. Requiescat in pace yo, un polvorón honrado.

2 comentarios:

García Serrano dijo...

Amigo Manolo, te digo una cosa, ese polvorón entra en mi casa y se queda a vivir en ella muchos años. Kiyo, que a mi gente le ha dado por el mazapán y el turrón de chocolate. Estos nuevos ricos son la ostia.

A ver si nos tomamos unas copitas - aunque sean virtuales- estas fiestas.

Un fuerte abrazo

David dijo...

Soy más de turrón de chocolate pero me ha gustado lo que escribiste.
Sólo desearos una feliz navidad a todos.
Saludos.

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