CARPE DIEM



Dentro de veinte años, lamentarás más las cosas que no hiciste, que las que sí hiciste. Así que, suelta amarras y abandona el puerto seguro. Atrapa los vientos en tus velas. Explora. Sueña. Descubre.


domingo, mayo 03, 2009

EL BALCÓN EMBUSTERO



Tenía las piernas tan largas como la risa de un niño. Todas las tardes, a la hora de la merienda, se contoneaba delante de su balcón, dejando que, su minifalda, ardiera en su frente. Gumersindo la aguarda sentado, junto a la mesa camilla, escondido tras la organza del visillo. Una rebanada de pan, untada de nocilla, le añadía años, al trazarle un bigote de chocolate en cada mordisco. Cada tarde se repetía un ritual. Justo cuando el cuello de Gumer, trasladaba su cabeza hasta la frontera del cristal del balcón, aparecía su madre, por detrás, y, de un guantazo, hacía que su frente chocara contra el vidrio, mientras le inquiría :
- ¿ Qué miras?
- Nada, mamá, nada ( la aliviaba, Gumer, tras su mentira)
Treinta años hicieron falta para que, aquella visión de infinitas piernas, subiera las escaleras de Gumersindo, se quitara la minúscula minifalda y…, se pusiera la bata de guatiné, tres docenas de rulos encima de la cabeza, y por las tardes, se pusiera detrás de él y le atizara en la nuca, aplastándole el cigarro contra el cristal del balcón, mientras le espetaba :
- ¿ Qué miras ?.
- La vida, mi amor, la vida…
Aquel balcón le había mentido. Quién, ahora, tenía tras su espalda, no tenía nada que ver con aquella que se lucía allá abajo, en la calle del deseo. Puso una reclamación en la oficina del consumidor, le escribió su caso a Chamizo, el defensor del pueblo, y otra a Juan Carlos Rey. Juan Carlos era un amigo suyo de la infancia que regentaba un frutería, pero que hacía las veces de psicólogo, todos los sábados, tras media docena de cervezas. Ninguno de las tres instituciones le dieron una solución satisfactoria, por eso, Gumer, cada tarde se asoma a su balcón, buscando a aquella muchacha que tenía las piernas tan largas como la risa de un niño.

2 comentarios:

Loles dijo...

Que bonitooo, Manolo… se ve al pobre Gumersindo, queriendo volver a su juventud.
Y la bruja que lo único que le queda larga es la escoba,
(es la cruda realidad)


Saludos

J.M. Ojeda dijo...

Quizás, la mayoría (por edad) tuvimos, plaza en ese balcón.
Quizás, unos mas que otros en la fantasía, y con ella la felicidad.
Es un decir.
De todas formas lo que quería decir, es que me gusto el relato, soy aficionado a estas ocurrencias… Pue eso… ¡¡ Me gusto!!
Saludos cordiales
J.M. Ojeda.

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