CARPE DIEM



Dentro de veinte años, lamentarás más las cosas que no hiciste, que las que sí hiciste. Así que, suelta amarras y abandona el puerto seguro. Atrapa los vientos en tus velas. Explora. Sueña. Descubre.


miércoles, octubre 28, 2015

BIOGRAFÍA DE UNA GAMBA, 2


Yo iba para gamba de feria, de esas que entregan su alma, cocida o a la plancha, entre cantos y palmas, (como en un funeral gospel), de cualquier caseta. Pero, mi padre, que era un santo, se sacrificó y me dio estudios. Me metió en un colegio de pago, de esos que nos vestían con faldita corta, de cuadros, y calcetines hasta la rodilla, bueno, en mi caso, hasta los pleópodos. Un colegio de esos, que decían que nos vestían de uniforme, para igualarnos, cuando, en realidad, sólo pretendían que se nos viera el pedigrí. Mientras estudiaba, y como gamba que soy, me dejaba llevar por las corrientes. Unas me empujaban hacia la izquierda, y, otras, al centro, para, al final, acabar debajo de arenas, dónde seguí enrojeciendo mi cáscara, leyendo a Juan Salvador Gaviota, aquel ficticio líder espiritual, que parió Richard Bach. Pero, en realidad, me comprometí con los míos, al observar los ascos y remilgos que muchos humanos mostraban al desnudar a mis parientas, para, a renglón seguido, trocar aquella náusea contenida, en complacencia y gozo, cuando, tras desvestirlas primero y decapitarlas después, besarlas con fruición hasta succionarle las entrañas. No había duda de que se trataba de algún rito satánico. Yo, por si acaso, me hice acompañar durante años por un exorcista. Pasaban los años y, pese a mi vasto currículum, mi gambografía se ceñía al sellado de la tarjeta del paro y a los cursos de formación impartidos por el INEM, amén de algún coktail de mírame y no me toques, que cobraba por horas. Realicé tantos cursos, que el Ministerio de Trabajo me concedió la Medalla de Oro al parado más instruido, con la distinción Cum Laurel. Pero, tanta titulación, y tan poco currelo, acabaron por deprimirme, circunstancia para la que me recetaron otro cursillo, éste, de relajación y control de la respiración. Allí me adiestraron en el arte de sonrojarme, o palidecer, a mi voluntad, a través del dominio de mis inspiraciones y espiraciones. Me dieron, de esta forma, las llaves de mi destino, ya que podría mostrarme coloradita y, por tanto, apetitosa, o de ese color azulverdoso que echa para atrás hasta al más hambriento. La adquisición de esta habilidad, junto con mis estudios, acabaron indultándome en muchas ferias, comuniones y bodas, convirtiéndome en una gamba longeva, pese a mi exquisita procedencia. Hoy, perdida ya mi lozanía, me he prejubilado del paro. Ya no me quedan fuerzas para llegar hasta los 67 años que pretende el Gobierno. Ahora, en contraprestación a mis años de inactividad, doy conferencias sobre Mente y Gambas. Por primera vez en mi vida tengo una nómina, nómina con la que pago los 50 años de hipoteca de la casa de mi hija y el MacDonald de mis nietos. Cest la vie.

1 comentario:

Tintito dijo...

No me puedo imaginar lo cara que resultaría una ración de gambas de tu especie en la feria...algo al alcance de muy pocos. Feliz feria para ti también Manolo. ¡Ah! si te parece, nos tomamos unas opíparas rondas el jueves en la caseta municipal. No te preocupes, pago yo que voy a ir de concejal camuflado.

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