CARPE DIEM



Dentro de veinte años, lamentarás más las cosas que no hiciste, que las que sí hiciste. Así que, suelta amarras y abandona el puerto seguro. Atrapa los vientos en tus velas. Explora. Sueña. Descubre.


domingo, junio 06, 2010

HAY UN CIEMPIES EN MI CAMA


Yo siempre respeté su intimidad. Nunca abrí sus cartas, ni su e-mail, ni hurgué en las llamadas de su móvil. Jamás miré, hasta aquella tarde, en el altillo de su ropero. Fue algo casual. Buscaba unos papeles míos cuando, al abrir aquel altillo, descubrí su secreto. Estuve a punto de morir debajo de un alud de cajas. ¿Qué era aquello? Parecían cajas de zapatos, pero no podía ser, había demasiadas. Empecé a abrirlas, y para sorpresa mía, en cada una, habitaban un par de los susodichos. Zapatos de todas las formas y colores, planos, con tacones, de piel, de loneta, cerrados, de tiras, con cordones, con hebilla, con velcro, con moñas, rojos, verdes, negros,…Los devolví ligero a su madriguera, y me guardé silencio. Estuve un tiempo al acecho, observando si tanto calzado era utilizado, ó sólo estaba allí arriba, olvidado. Mi desconcierto fue in crescendo cuando comprobé, día tras día, que todos aquellos botines, alpargatas, chanclas, náuticos, babuchas, sandalias y mocasines, abandonaban sus casas de cartón y vestían los pies de mi amada. Ahí me pudo el miedo, y desde aquel hallazgo, todas las noches alejaba, yo, mis pies de los suyos. Temía rozarme con unas piernas repletas de pies, tantos como zapatillas almacenaba a escondidas. No había otra explicación para aquel despropósito. Yo había escuchado que las mujeres perdían el control comprando bolsos y zapatos, pero otra cosa era, que alguien pudiera calzarse aquella cantidad de cubrepiés. No había días en el año para darles una oportunidad a todos, a no ser que….tuviera más de dos pies, y de tres y de cuatro. Joder, me había casado con un ciempiés, y hasta ahora no lo sabía. Qué repeluco. Desde entonces, intento pillarla desprevenida, por si consigo ver aquella ingente cantidad de extremidades, pero debe tener oculto, algún mecanismo retráctil, que esconda aquel batallón de dedos, uñas, talones y plantas. Ahora me explico los facturones del podólogo, y el extraordinario ancho de los pantalones de sus pijamas, y los cajones repletos de calcetines, y las pisadas por toda la casa. Me quiero ir, pero no sé como decírselo.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Si quieres salir de dudas y quedarte tranquilo responde a estas preguntas, ¿tú tienes hijos?, ¿tienes el cuerpo enterito sin que te falte nada?. Podría hacerte otra más directa y con otras palabras pero eso sería entrar en un terreno muy íntimo que no viene al caso. A lo que vamos, el ciempiés se reproduce sin cópula y es carnívoro (dicen que hasta venenoso). Así que si no te ha pasado aún nada deja de sospechar, es un gusano de seda.
Fdo: Otro hipotético ciempiés.

Anónimo dijo...

Nunca te fijastes en sus pies, te lo echará en cara toda su vida..., solo te fijastes que era guapa¡

Serrano dijo...

Muy divertido y perfecta "descripción" del "aglomerado" de residuos doblemente con tapas.

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