CARPE DIEM



Dentro de veinte años, lamentarás más las cosas que no hiciste, que las que sí hiciste. Así que, suelta amarras y abandona el puerto seguro. Atrapa los vientos en tus velas. Explora. Sueña. Descubre.


sábado, agosto 29, 2015

Mis amigos de entonces


Nunca he vuelto a reírme con las ganas que lo hacía con mi amigo Paco Pepe, escondido en esta foto en la escalera del Colegio Salesianos. Qué flequillazos lucíamos hace cuarenta años: Ángel, Paco, Joaquín, Antonio, Miguel Ángel, Pachón, Alfonso, don Ramón....Aquellas carcajadas junto a  Paco Pepe no eran gratuitas, ni de coña, tenían su precio: dos buenas hostias por el cura de turno, que ambos pagábamos muy gustosos, por reír sin freno mientras intentábamos cantar en el coro. La cuestión era reír, unas veces por el simple hecho de tener que estar silenciosos e inmóviles en las tres misas semanales, otras por darle un pelotazo con un balón de curtis rojo al compañero repelente  durante el recreo, aunque, la mayoría de las veces, no había ningún motivo de risa: símplemente nos mirábamos desde nuestros pupitres y se desataba la risa tonta e imparable. No había más.

La entrañable película Cuenta Conmigo, acaba con esta reflexión del protagonista:
“Nunca he vuelto a tener amigos como los que tuve cuando tenía 12 años, ¿alguien los tiene?”

    A mi amigo Paco Pepe, con toda la nostalgia que cabe en mi corazón
   
   Escrito por Manolo Martínez

domingo, agosto 23, 2015

Psss...el secreto de ADARVE


El secreto de ADARVE se llama Rafael Morales, su fundador, y un ejemplo de como combatir el paro “localizando agua en pozos hasta ahora secos. Las armas de Rafa son la imaginación y el tesón, ambas al servicio de su vasta formación, de su insaciable curiosidad y de su impecable y amena oratoria, capaz de mantener la atención de los que hemos disfrutado de alguna de sus novedosas rutas por Carmona.

Rafael Morales, ADARVE, ha sido capaz de reinventar el viejo oficio de guía turístico, dotándolo de un rico abanico de apetitosos puntos de vista sobre su ciudad, Carmona. Rafa ha tenido la feliz idea de deshacerse de la caduca imagen del guía aburrido que se dedicaba a repetir cansínamente fechas, estilos y nombres propios que esbozaban la retahíla de monumentos, batallas y personajes que conforman la historia de nuestra ciudad.

Uno de sus muchos aciertos ha sido como el milagro del pan y los peces, ha sido capaz de multiplicar a Carmona en muchas Carmonas: La Carmona romana, la Carmona mudéjar, la Carmona barroca, la Carmona cofrade, Senderismo por la Vía Augusta, Carmona y su agricultura, Carmona en Penumbras, Ruta gastronómica…

ADARVE, Rafael Morales, ha enriquecido el impagable oficio de difundir la cultura de nuestro patrimonio, inventándose seductoras maneras y formas de mostrarnos un contenido conocido y reconocido.
Rafa ha tenido la habilidad de incorporar a la Historia con mayúsculas, una sucesión de “historias” que, aún nadando entre la leyenda y la rigurosidad histórica, se adhieren al patrimonio cultural sin complejos, cautivando al auditorio, como ocurre en su estupenda ruta de Carmona en penumbra, a la que tuve la suerte de asistir una noche, excepcionalmente fresca, de Agosto (apuesto lo que sea a que fue Rafa quién contrató al frío para hacer aún más peculiar una noche de verano por las calles de Carmona).

Enhorabuena Rafa, y gracias por enseñarnos que, a pesar de todo, querer es poder.

Escrito por Manolo Martínez

sábado, agosto 22, 2015

De vacaciones en San Sebastian (2)


Aterrizamos en el País Vasco haciendo sonar tres veces la campana de la ermita de San Juan de Gaztelugatxe, como manda la tradición. Total, solo fueron 241 escalones escalando el mar. Luego, con los pulmones llenos de aire salado, llegamos a San Sebastian, a la vital bulla del Boulevard, a los puentes sobre el río Urumea, a los mercados de la Bretxa y San Martín, al hermosísimo casco antiguo, a la catedral del Buen Pastor, al ambiente inmejorable de una ciudad hecha para vivirla.


Que lo primero que veas al despertar sea un cachito de cielo, es uno de los muchos privilegios que nos regalaron en el País Vasco. 

sábado, agosto 15, 2015

El balcón embustero

Tenía las piernas tan largas como la risa de un niño. Todas las tardes, a la hora de la merienda, se contoneaba, delante de su balcón, dejando que su minifalda ardiera en su frente. Gumersindo la aguardaba sentado, junto a la mesa camilla, escondido tras la organza del visillo. Una rebanada de pan, untada de nocilla, le añadía años al trazarle un bigote de chocolate en cada mordisco. Cada tarde se repetía el ritual, justo cuando el cuello de Gumer trasladaba su cabeza hasta la frontera del cristal del balcón, aparecía su madre, por detrás y, de un guantazo, hacía que su frente chocara contra el vidrio mientras le inquiría:
- ¿Qué miras?
- Nada, mamá, nada (la aliviaba Gumer tras su mentira)
Treinta años hicieron falta para que aquella visión de infinitas piernas subiera las escaleras de Gumersindo, se quitara la minúscula minifalda y se pusiera la bata de guatiné, tres docenas de rulos encima de la cabeza y, por las tardes, se estacionara detrás de él para atizarle en la nuca, aplastándole el cigarro contra el cristal del balcón, mientras le espetaba:
- ¿Qué miras?
- La vida,  mi amor, la vida...

Aquel balcón le había mentido. Quién ahora tenía tras su espalda nada tenía  que ver con aquella que se lucía allá abajo en la calle del deseo. Por eso, Gumer, cada tarde se sigue asomando a su balcón, buscando a aquella muchacha que tenía las piernas tan largas como la risa de un niño.

domingo, agosto 09, 2015

No confundir filosofar con fisiologar


                 

Este baño está en el fin del mundo, en un hotel de Finisterre, una vista sin par para filosofar.

Y a pesar de ser cosas tan distintas, pueden acabar matrimoniándose ambas, en los asentamientos diarios, bajo la luz ténue del cuarto de baño.
Puede que la denominación del trance, sea injusta y nos confunda. Lo escatológico de sus fonemas nos hace olvidar las bondades de su ejecución. No existe un acto menos egoísta, y más desprendido, que el que nos ocupa. Si se pudiese derogar ese bautismo torcido, y buscarle un seudónimo fiel a su natural designio, no habría reparos en hacerle partícipe de cualquier conversación, sin que el rubor fuese el efecto secundario adherido al pronunciamiento de su nombre. Ni que fuera Lord Voldemort. En la soledad del baño, con los pantalones esposando los tobillos, y con la postura del Pensador de Rodin, divagamos sobre el texto a elegir en la biblioteca del baño. Geles, champús, desodorantes, colonias, aceites, hidratantes, exfoliantes…la elección se corresponderá con la urgencia, y viabilidad, que ese día precise el proceso. En las resoluciones rápidas, los textos de las colonias son los mejores. Escuetos, de fácil comprensión (agua de colonia, punto). Si por el contrario, el fallo se dilata, los geles suelen vestirse con etiquetas más abundantes en sus consideraciones, haciéndonos más amena la espera :”Déjese seducir por nuevas sensaciones en la ducha, este gel está enriquecido con extracto de miel y leche hidratante, ingredientes utilizados desde la antigüedad, con extractos de esto y de aquello y lo de más allá. Dermatológicamente testado”. A continuación se repite el texto íntegro en 4 idiomas, con lo que de camino que…nos hacemos políglotas.
Y, en cuando finiquitamos el conflicto con el final de nuestro tubo digestivo, con un postrero aprieto, mientras adherimos nuestros muslos desnudos, a la fría blancura de nuestro íntimo solio, nos inundan las palabras de Marguerite Youcenar en su Memorias de Adriano, cuando aseveraba que no somos más, que una amalgama mal compuesta, de fluidos y podredumbre. Y mientras el cinturón nos regala un agujero más, nos relajamos con el rumor del agua cañería abajo. Con qué poco somos felices.
                                                                                         Escrito por Manolo Martínez

miércoles, agosto 05, 2015

Loquillo, Santana, Rodríguez de la Borbolla y yo


Huyendo del calor me escapé con la familia a San Sebastian, Donosti pa los amigos.
Entre el buen dormir (se necesitaba el abrigo de una manta), y el buen comer que, sobre todo en la calle 31 de Agosto te ofrecían los innumerables bares de pintxos, el resto de la jornada te pedía pasear. Y en una de esas caminatas, justo en la desembocadura del Urumea, ví a Loquillo pasear su incipiente barriguita cervecera, pegado al siempre enfadado Cantábrico. No pude remediarlo: - “Loquillo, eres el mejor”, le espeté, y él, casi sin mirarme, me respondió: - “Gracias”, pero no con esta voz mía menuda, sino con la suya rotunda: GRA-CIAS…La ostia, peazo de tío, y peazo de voz, le dije a mi Ángel, que no dejaba de medirlo con su mirada.Les juro que en mi vida he escuchado una sola canción de Loquillo, pero me pierde un famoso de cerca. Lo mismo le  dije a Santana, el mítico tenista, al salir de una caseta de la Feria de Sevilla, hace ya un buen puñado de años, y eso que jamás he visto un partido de tenis más allá de los dos primeros juegos. Tampoco escapó a mis lisonjas el expresidentes de la Junta, Rodríguez de la Borbolla, cuando esperaba el paso de la Hermandad de San Blas en Carmona-“Uno del partido”, le solté para estrecharle le mano, cuando jamás he estado afiliado a ningún partido (otra cosa son mis valores). Otro día, al salir de una atracción de Isla Mágica, me encontré a Antonio Burgos, colaborador del ABC, al que saludé, y mentí, al comentarle que esperaba ansioso sus artículos en el citado periódico. Por Dios, jamás fuí seguidor suyo, pero es superior a mí, me pierde el  aura de las celebridades, mira que soy endeble, infundado y frívolo, pero no puedo, que no puedo remediarlo. Carmen, ¿dónde andas?, que necesito ver gente con glamour.

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