CARPE DIEM



Dentro de veinte años, lamentarás más las cosas que no hiciste, que las que sí hiciste. Así que, suelta amarras y abandona el puerto seguro. Atrapa los vientos en tus velas. Explora. Sueña. Descubre.


miércoles, mayo 27, 2015

A ESPERANZA AGUIRRRE, MON AMOUR. ( El arte de tener siempre la razón, o como salirme siempre con la mía)





El arte de tener siempre razón

(o como salirme siempre con la mía)




Hay una especie, en peligro de extensión, que se caracteriza por querer llevar siempre la razón, aunque, como al mastodonte de la foto, las evidencias lo dejen en una posición grotesca. 
  Schopenhauer, el genial filósofo alemán de los pelos tiesos, desmenuza en un delicioso tratado, tres docenas de estratagemas para que, esta ridícula tribu, aprenda a defender que la razón está siempre de parte de su lado. 
Una de estas artimañas invita al fanático en cuestión, a desconcertar al adversario mediante un raudal insensato de palabras. Esta estratagema se basa en el hecho de que:
Habitualmente el hombre cree, si solo oye palabras, que también debe encontrarse en ellas materia de reflexión”
“Así, pues, si él tiene secretamente conciencia de sus propias debilidades, si está acostumbrado a oír toda clase de cosas que no comprende a la vez que finge comprenderlas, podemos impresionarle soltándole con aire muy serio tonterías que parecen cosas sabias o profundas.

Pero, puede que la argucia más descarada sea aquella en la que, el intransigente, al darse cuenta de que el adversario es superior, y de que no va a ganar, hay que decir cosas descorteses, ofensivas y groseras. Ser descortés consiste en abandonar el objeto de la disputa (puesto que se ha perdido la partida) para pasar al adversario y atacarlo de una manera o de otra.


Nada iguala para el hombre el hecho de satisfacer su vanidad, y ninguna ofensa es más dolorosa que el verla herida”

sábado, mayo 23, 2015

ES LA VIDA, NO LA GUERRA


Estaba tan dentro,
que apenas podía respirar,
y ahora... tan fuera,
que las ideas lidian sin tregua
por abrazar, a diario,
la vida.


Los poetas tienen una dificultad contra la que luchan diariamente, y es su ensimismamiento.
Estas criaturas prehistóricas, viven en sus cavernas emocionales, intentando construir un mundo mejor a golpe de versos y suspiros. Este litigio estéril puede llevarles a la travesía infernal de una novida llena de decepciones, sorpresas y yerros. Pero, como todo bicho viviente, el poeta, un día, bendito día, se muere, firmando en ese mismo momento el armisticio consigo mismo. No ha  esperado, ni de coña, la empalagosa navidad, ni siquiera avisó al puñado de incondicionales que le lavaban sus estúpidas heridas de guerra, con frases hechas y miradas tiernas. Ahora los besos no son  golondrinas carmesíes que unen sus alas, ahora sus besos son de tornillo. Hoy, las mañanas las va llenando de cafés, de risas, y de tentaciones, tantas como horas tiene el día. Al poeta le han puesto una querella sus poemas, pero como está muerto. Es la vida, no la guerra

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