De chico yo iba a la feria con mis padres, mi flequillo, una rebequita de Joselito Pérez y un puñado de lágrimas preparadas para exigir todo lo que se me iba antojando.
Ahora voy a la feria sin flequillo, sin lágrimas, y con la cara larga porque, o voy sin ganas, o cuando voy no me quiero recohé.
De chico se me ponía la cara naranja, como a Trump, por la cantidad de Fantas que me metía entre pecho y espalda.
Ahora se me pone la cara blanca, porque se me baja la tensión con la caló, o porque tomo más pucheros que vinos.
De chico me sobraba rebeca por tos laos, ahora no tengo cojones de abrocharme los dos botones de mi chaqueta Álvaro Moreno.
De niño llevaba, dentro de mis zapatos gorilas, dos algodoncitos pegados a dos cebaduras en los talones; y ahora, de viejo, llevo fascitis y callos dentro de mis castellanos coloraos.
De chico tiraba de la mano de mi padre padentro, pa la feria, ahora reculo, como los toros mansos, en cuanto escucho la tómbola, al turronero, o la música de los coches locos.
Conclusión: ¡Andaque no han cambiao ná las ferias!
No, hijo, no, sólo hemos cambiado de proveedores.
De Joselito Pérez a Álvaro Moreno, Del Bar Potaje a los Sibaritas y de la Pistas de Coches Locos Mary Tere a Mary Tere.
En definitiva, de chico me faltaba feria y ahora me sobra por tós laos, como la rebequita.
Manolo Martínez
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