A veces, la felicidad, como los huevos de campo, se hace con todo lo que nos vamos encontrado a lo largo de ese hermoso labrantío que es cada día de vida: la briega, los hijos, las risas, los disgustos, la libertad, o la falta de ella que nos hace valorarla aún más si cabe.
Otras veces los miedos nos arrean hasta encerrarnos y se nos va el día picoteando “piensos” (pensamos demasiado).
Escarbar hasta encontrar la verdad no está mal, aunque, a veces, nos cueste tragarnos esas verdades que se retuercen como la lombriz en el pico de la gallina antes de pasar al buche.
Manolo Martínez
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