Todos hemos pretendido ser el obligo del mundo en algún momento de nuestras vidas, es normal.
Cuando nacemos, el llanto nos erige en ese ombligo. Todos deben estar pendiente nuestra, o lloramos.
Ya de niños, seguimos queriendo que el mundo gire a nuestro alrededor, y a golpe de rabietas conseguimos otro tanto importante de nuestras aspiraciones. En la adolescencia nos creemos dioses inmortales, todo lo tenemos a golpe de intro, o nos frustramos.
Hay que llamar la atención con 16 años como sea, y esto es así desde los tiempos de Poncio Pilatos. Ahora bien el problema real viene cuando no sabemos dónde poner el finiquito a esa absurdo anhelo de ser el ombligo del mundo.
Hay quienes no se resignan a pasar el relevo a otras prioridades: las responsabilidades del adulto. Se les va la vida persiguiendo ese inexistente trono, ese querer a toda costa ser el centro de todas las miradas, dejándose por el camino la hermosura del día a día, de la bella rutina. Uffff....deber ser agotador.
Es cierto, todos queremos una vida genial, pero, como cantaba John Lennon: "La vida es aquello que te pasa mientras estás ocupado haciendo otros planes"
Es cierto, todos queremos una vida genial, pero, como cantaba John Lennon: "La vida es aquello que te pasa mientras estás ocupado haciendo otros planes"
Esta canción me la recomendó hace años una persona a la que quiero mucho, y admiro más, y que es todo lo contrario a lo que digo en este texto.
Manolo Martínez
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