No tengo licencia, ni caña de pescar, ni siquiera una lombriz que ensartar en el anzuelo para que le haga la danza del
vientre al primer pez calenturiento que pique sin más.
No tengo nada de lo que hay que tener para faenar, pero tampoco sabía leer,
ni escribir, ni conducir, ni comer espaguetis sólo con el tenedor, y ahora no
hay quién me gane reliándolos, sobre todo si van vestidos de bolognesa.
Sólo necesito silencio. Silencio compartido. Te doy mi palabra de no
pronunciar palabra mientras hundimos en el agua, con el anzuelo, nuestros
deseos.
Puede que seas la persona de la que más he aprendido en mi vida, y todo lo
que me has enseñado lo has hecho sin decirme nada.
La vida, como la pesca, es cuestión de paciencia, y te prometo que, si
eliges bien el río, y recoges el carrete a su tiempo, no antes, empezarás a
sacar peces, que curiosamente, a menudo, sin ser los que buscabas, son los que
te harán feliz,
Fotografía: Ángel Martínez Carrera
Texto: Manolo Martínez
