CARPE DIEM



Dentro de veinte años, lamentarás más las cosas que no hiciste, que las que sí hiciste. Así que, suelta amarras y abandona el puerto seguro. Atrapa los vientos en tus velas. Explora. Sueña. Descubre.


domingo, septiembre 25, 2022

EL NIÑO DE LA BICICLETA

Hace unos días, por cuestiones de trabajo, tuve que cerrar la biblioteca. Comprobar que todos los usuarios hubieran salido, cerrar puertas y ventanas, y apagar luces. 

No es difícil, en el silencio de la ausencia, escuchar algún que otro ruído.

Es más, en un edificio de esas dimensiones, cualquier crujido de la madera que allí vive, se convierte, rápidamente, en un lamento o cuchicheo. 

Yo nunca había estado en esa estancia de la biblioteca, por eso, tras desconectar el aire acondicionado y apagar las luces dejando la sala en la penumbra que le daba la luz de la calle, no me esperaba, en ningún momento, que al girarme para cerrar la puerta, un  niño montado en una bicicleta me estuviese mirando fíjamente. 

Juro que no grité. Ni lloré. Pero tuve ganas de ambas cosas cuando se me aflojaron las piernas y se me cayeron las llaves al suelo, que tuve que recoger a tientas bajo la atenta mirada de aquel gigantesco niño. 

Pegué un pingo (respingo para los bien hablados) que, sin saber cómo, me dejó en menos dos, en la puerta de la biblioteca, cerrándola por fuera.


Que el mundo es un pañuelo no es una frase hecha, porque a los pocos días de encontrarme aquel niño en la bicicleta, tuve que atender a un señor que vino a apuntarse a los Talleres Culturales, que dicho sea de paso, tantas horas de bienestar proporcionan a los carmonenses a través de la Delegación de Cultura del Ayuntamiento de Carmona.

Pues resulta que aquel señor, José Manuel Muñoz Sánchez, era el nieto del niño de la bicicleta y, además, el autor de aquella exquisita pintura en la que, José Manuel, con apenas veinte años, había retratado a su abuelo cuándo éste era un niño.

En una breve conversación, el pintor y nieto del niño de la bicicleta, se delató como artista que es, cuando compartió conmigo que lo importante del arte eran las múltiples lecturas que cada observador hace de él. Me pareció un apunte, no por obvio, menos  enriquecedor, y dando buena cuenta del generoso espíritu que normalmente alienta a los artistas a ejecutar obras que nos hagan sentir cosas, a abrirnos el alma en canal.

Gracias, José Manuel, por dejar que sea tu abuelo el que custodie un lugar en el que el conocimiento manda. Y enhorabuena por despertar emociones en los demás, que aunque en mi caso la primera fuera miedo, ahora ya es admiración.

Manolo Martínez

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2 comentarios:

Lola Martínez dijo...

Estimado Manolo, cuando rodeamos las cosas de una halo de misterio, en este caso penumbra, soledad y silencio, se convierten en fantasmagóricas. A mi me gusta ir al cementerio en época de los Santos Difuntos, todo está limpio, adornado con flores, con cirios, con gente. Pero como vaya en un día oscuro y sola para más INRI, estoy loca por salir de allí. No me extrañaría que muchos directores de cine se inspiraran en estos momentos para crear un buen guion. Tan bueno como las historias que escribes, como alguno dé con ellas...
Un beso.

laportademanolomartinez dijo...

Jajajaja...seguro que todos tienen mejores que las mías, como siempre eres muy generosa conmigo. ¿Cómo está Algeciras, y Andrés? Gracias por tus lecturas, muchas gracias. Un beso grande

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