CARPE DIEM



Dentro de veinte años, lamentarás más las cosas que no hiciste, que las que sí hiciste. Así que, suelta amarras y abandona el puerto seguro. Atrapa los vientos en tus velas. Explora. Sueña. Descubre.


miércoles, octubre 24, 2012

GRACIAS, MARIANO CARONTE

No hay autónomo que no se queje hoy de la crisis. Carpinteros, ferreteros, peluqueros, taberneros…coinciden en la falta de clientela. No aparece un alma por sus negocios. Están desiertos, como los sentimientos de los banqueros, deshabitados como la ética de los políticos, vanos, como los argumentos de los monárquicos. Y, mira por donde, causalidades de la vida, la pasada noche, estuve yo en un amplio local, que estaba hasta la bandera. Atestao, a rebosar, hasta la corcha. Qué alegría, pensé, si todos los negocios estuvieran así de concurridos. Allí había un amplio abanico de personas, de distintos estratos sociales, de múltiples ocupaciones, de diferentes edades, sexo…en fin, que aquel vasto, y heterogéneo gentío, debbía atender a una concatenación de causas, para nada azarosas. Me arremangué los párpados y observé, y estudie, y argumenté. A ver, el primer acierto del marketing de dicho local, es que la entrada era gratuita. Allí llegaban coches particulares, o taxis, te abrían la puerta, y antes de que pusieras un pie en el suelo, ya te estaban ofreciendo un traslado sobre ruedas, gratuito (segundo acierto), hasta el corazón del local. Te acercaban hasta el mostrador, y un personal, bien uniformado, requería tus datos, ofreciéndote a posteriori, a ti, y a tu acompañante, una tarjeta con la que entrar o salir del local sin más problemas. Una vez que entré, ví, que muchas personas, aguardaban tendidas sobre camas rodantes, que, con gracia, trasladaban a otras estancias, diversos trabajadores de aquel negocio. Algunos, incluso, tomaban algún tentempié, en bolsitas recambiables, mientras esperaban su turno. Todo un detalle. Con el paso de las horas, intuí, que allí no se debería estar mal cuando la gente permanecía en su interior horas y horas, sin el más mínimo atisbo de abandonar el local. Algunos de los que guardaban cola, iban a fotografiarse, en blanco y negro, y por dentro. Fotografía de vanguardia, pensé yo. Y bien, a estas alturas, y haciendo recuento: entrada gratis, traslado gratis, cama gratis, tentempiés gratis fotografías interiores gratis…no tenía más remedio que funcionar. Todo cuadraba, salvo que advertí, que la gente se quejaba, que tenía malas caras, que protestaba. Un cliente, ganadero por cierto, decía que aquello era una vergüenza, que la culpa de aquel amontonamiento de personas, era de Zapatero. Otra clienta, ama de casa, le respondió que “nada de eso”, que las camillas apiladas, la demora en las radiografías, y la gente esperando con el suero puesto, y sin diagnosticar durante 12 horas, eran las primeras consecuencias de los recortes en Sanidad de Rajoy, y argüía, aquella buena mujer, que, con Zapatero, se morían igual los ricos que los pobres, pero, que ahora, y gracias a la generosidad de Rajoy, a los pobres se les había dado más facilidades para formar parte de la otra orilla del río, aquella a la que los atravesaba, Caronte, aquel barquero non grato. Y es que, tal y como se han puesto los hospitales, no nos dará tiempo a agradecerle a Mariano, esa nueva versión de Caronte, su impagable empujón hacia la diestra del padre.

miércoles, octubre 10, 2012

RECETA: ARREGLÉMONOS PRIMERO AQUÍ ABAJO

Le he robado esta foto a un enlace de mi amigo de feisbú Mono Chiclanero, gracias y perdón.
Me pareció fantástica, no por la penosa realidad, sino por lo gráfica, por ser de esas imágenes en las que sobran los comentarios. Por eso, me callo ya, y os la dejo tal  cual.

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