CARPE DIEM



Dentro de veinte años, lamentarás más las cosas que no hiciste, que las que sí hiciste. Así que, suelta amarras y abandona el puerto seguro. Atrapa los vientos en tus velas. Explora. Sueña. Descubre.


domingo, octubre 27, 2013

Archivo Municipal ANTONIO RODRIGUEZ GARCÍA

La Corporación Municipal de Carmona, acordó, por unanimidad, que el Archivo Municipal pasase a llamarse Archivo Municipal Antonio García Rodríguez, en recuerdo de quien lo rescató del olvido, en palabras del propio Consistorio. Su hija, Cristina, habló en nombre de la familia, glosando la figura de su padre, hilvanando recuerdos y emociones, con el rigor y la austeridad, que vistieron todos los actos y palabras de su padre. A Cristina, haciendo honor a su formación, le bastaron cuatro trazos, para esbozar la personalidad de su padre. Lo hizo con apenas tres evocaciones, como cuando, Antonio, repetía a sus hijos un lema familiar que exponía, “No tendremos coche, pero somos ricos en cultura”, dogma que avalaban los más de cuatro mil libros que atesoraban en casa. Ese era el inteligente concepto de patrimonio que les transmitió a sus hijos, el amor a los libros. Habló de Augusto Monterroso, cuyos microrelatos, eran admirados por Antonio, debido a su austeridad, sencillez y falta de artificios. Igualmente, recordó Cristina, las primeras lecturas que su padre le hacía de Platero y yo, de su admirado Juan Ramón. Refirió como, hasta en los juegos, intentó inculcarles la curiosidad, como motor indispensable para acceder al conocimiento, a la cultura, haciendo competiciones en familia para localizar el significado de palabras. Su labor como investigador queda sobradamente avalada por sus trabajos, pero lo que, a mi parecer, llenó la sala fue el recuerdo de la persona, honesta, fiel a sus ideales, firme en sus convicciones, y trabajador innato. La asistencia generosa de familiares, amigos y compañeros, rubricó la estima y consideración que supo granjearse. Fue un acto sencillo, sin demasiados discursos, sin adornos, y aún así, seguro que él hubiese prescindido de algo, por ese afán suyo, tan de persona sabia, de no decir lo obvio, de no alargar las frases, de decir lo justo para ser entendido, razón por la que, estoy convencido, de que esta parrafada mía la hubiese suprimido, eso sí, con su elegante pulcritud. Perdona pues, Antonio, este texto, más barroco que sobrio, más excesivo que parco, en fin, que más que honrarte, estoy mancillando tu comedida y templada sabiduría. Me callo ya, sólo desear que, el Archivo Municipal Antonio García Rodríguez, se impregne, a partir de ahora, de tu honestidad,Antonio, tarea nada fácil, ni por los tiempos, ni por los personajes que pululan y se hospedan en esos tiempos.

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