CARPE DIEM



Dentro de veinte años, lamentarás más las cosas que no hiciste, que las que sí hiciste. Así que, suelta amarras y abandona el puerto seguro. Atrapa los vientos en tus velas. Explora. Sueña. Descubre.


domingo, agosto 08, 2021

ENTRAN POCOS EN EL KILO, FERNANDO BAEZA


Hacer la compra en aquellos años en los que se pesaba el género en una balanza con un plato de lata en un lado y un puñado de pesas de distintos tamaños en el otro, era toda una lección de vida.

El peso enfrentaba nuestras necesidades a nuestras posibilidades. Esa tira y afloja entre el tendero y la clientela, era una enseñanza imprescindible para llegar al final del día sin apuntar más ditas de las asumibles.

—Pepi, de estos entran pocos en el kilo.

Le soplaba al oído el tendero, señalándole así a Pepi la mejor mercadería, que, a menudo, coincidía con la más cara, con lo que Pepi tenía primero que echar cuentas. 

Lo mismo ocurre con esas personas que van dejando su impronta en las relaciones con con los demás, que entran pocas en el kilo, no por caras, sino por claras, por su calidad humana, como Fernando Baeza.

 Dicen que los indios Lakotas no perdían el tiempo dictándole normas a sus hijos porque sabían que la mejor norma era su propio comportamiento. Lo que haces tiene siempre más valor que lo que dices, por tanto no me digas que no fume si tú fumas.

 Fernando Baeza es un claro ejemplo de esta manera de entender la educación.

Desde que le conozco, su discurso y su conducta han ido de la mano y, aunque esto parezca una obviedad,  no es lo corriente en los tiempos que corren.

Fernando, como buen corredor de fondo que fue, ha perseverado toda su vida en cuántas actividades emprendió.

Ha sido un profesor ejemplar que inculcó a sus alumnos el amor al deporte, hasta el punto de hacer de éste una filosofía de vida. No hay día que no le veamos con su bicicleta y su casco callejear por Carmona para ir a dar clases, para comprar el pan o para  entrenar con sus compañeros de tenis de mesa, el deporte con el que ha paseado el nombre de Carmona por toda Andalucía, consiguiendo hacer de este, en un principio minoritario deporte, una disciplina deportiva a la que muchos jóvenes carmonenses han optado gracias a la generosa entrega de este incansable hombre.

 Pero, Fernando es, por encima de todo, un tío legal, de los que, cómo se decía antes, se visten por los pies, de los que entran pocos en el kilo. Hasta su paso por la política fue discreto y con una retirada digna, con lo difícil que son ambas cosas en esos pantanosos terrenos, que él supo impregnar de honestidad y de trabajo, únicas premisas para ser respetado tengas el color que tengas. 

Fernando empezó a entrenar siendo un niño, y hoy, un señor en la plenitud de su vida, sigue haciéndolo con el mismo entusiasmo.

Es un buen tipo al que me honra haber conocido, y con el que me queda la espinita de, a pesar de haberle disputado más de un partido de tenis de mesa, nunca haberlo ganado. Está claro que es mejor.

Manolo Martínez

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