De chavales nos curábamos las heridas del corazón con alcohol, como todas las heridas. Cervezas, cubatas, y un paquete de ducados, y funcionaba. Lo malo es que la seguridad social no recetaba ninguno de los dos, por lo que, cuando el dolor se alargaba, el tratamiento salía muy caro.
Entonces recurríamos a la medicina alternativa: otra novia, a ser posible más guapa que la primera, la que, como dice Montoya, nos había partío como una regañá.
¡Ayyy… Montoya! ¡Cuántos ducados y cubatas te hubieran hecho falta en estos tiempos de lágrimas y lluvias que desbordan los cauces de los ríos y las dignidades!Manolo Martínez
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