CARPE DIEM



Dentro de veinte años, lamentarás más las cosas que no hiciste, que las que sí hiciste. Así que, suelta amarras y abandona el puerto seguro. Atrapa los vientos en tus velas. Explora. Sueña. Descubre.


lunes, diciembre 30, 2019

Memorias de una tertulia (Colaboradores)


José Antonio Rodríguez, uno de los propietarios de "Puerto de Indias", tuvo la deferencia de, a pesar de lo apretado de su agenda, dedicarnos una tertulia, fue un verdadero placer escucharle.


 Luís Gavira, dueño junto a su hermana Rosa, del Restaurante el Molino de la Romera.
A él le debo el comienzo de las tertulias. 
Me facilitó todo cuanto le pedí para echar a andar este proyecto, y en su espectacular espacio gastronómico han tenido lugar la mayor parte de nuestras tertulias


Pablo y Moi, ambos han sido unos anfitriones excepcionalmente amables, cediendo su precioso restaurante, Lolita Fusión a más de una tertulia.



Francisco Javier Moreno, director del Parador de Carmona, tuvo el gesto de acoger la tertulia de Evelyne Ramelet, la periodista y gastrónoma de Canal Cocina


Manuel Sánchez de Lamadrid, director del Hotel Alcázar de la Reina , y un profesional único que se ha metido a Carmona en el bolsillo por su buen quehacer. Manuel  puso a nuestra disposición los maravillosos espacios del hotel que dirige para nuestras reuniones.


Bernardi y Germán , regentes de Casa Curro Montoya y de Casa Puerta de Córdoba que han sido unos maravillosos anfitriones de nuestra reunión taurina, decorando primorósamente sus estancias para la ocasión.


Ramón Rodríguez de "El Grifo Información" ha sido un colaborador tan fiel como desprendido, ofreciéndonos unos espléndidos reportajes fotográficos que se han convertido en la memoria gráfica de estas tertulias.


 Carlos Guisado y Antonio Manuel Bautista, responsables de Televisión Carmona,yamigo personal y profesional que cada vez que hemos demandado que la televisión nos grabe, ha puesto todos sus medios a nuestro alcance.



Rosario Corrales, de Onda Carmona, nos ha difundido cada uno de los encuentros, y además siempre con una simpatía a prueba de bomba, un honor tenerte cerca.

Manolo Martínez 
(Comer, beber y hablar)

domingo, diciembre 22, 2019

ENTRE INVISIBLES NOS PODEMOS VER


Hay una canción, "La balada del hombre invisible", que dice que "entre invisibles nos podemos ver", y eso significa que esta sociedad injusta, insensible y convenida, nos hace sentir así, como si no existiésemos, como si fuésemos transparentes. 

Por eso, ahora que el alcohol nos inflama, además del hígado, el corazón de buenos deseos, ahora que nos refugiamos en los restaurantes para desearnos salud con la ginebra en una mano, y el cigarro en la otra, ahora que al finalizar las comidas de empresas, los profesionales de la hostelería apilan junto a las sillas vacías,  nuestras estúpidas recetas para arreglar el mundo, ahora es el momento, de aprender que lo mismo que hacemos en navidades, podemos hacerlo el resto del año, es decir, como dice un post que rula por las redes: bailar sin vergüenza, juntarnos con gente buena para reír, y sobre todo,VIVIR SIN MIEDO, porque lo único importante es que entre nosotros, la gente de bien, nos sigamos viendo, nos reconozcamos. Puede que sea un privilegio seguir siendo invisibles para según quién. 

Manolo Martínez 

domingo, diciembre 08, 2019

METRÓPOLIS y "UNA FOTO Y 69 PALABRAS"

                     


El nuevo METRÓPOLIS abre sus puertas a la navidad con muchas novedades, entre ellas, Saúl, su actual gerente, ha traído una exposición de fotos de Fernando Baeza y textos de Manolo Martínez , que se recogen bajo el título de "UNA FOTO Y 69 PALABRAS". 

Pásate cualquier día de esta Navidad para tomarte un café o copa, mientras disfrutas de esta exposición y de uno de los mejores ambientes que hay hoy en Carmona. 


¿QUIERE USTED QUEDARSE CON CHENCHO?



En la navidad de 1962 se perdió Chencho entre los puestos de figuritas de belenes que sembraban la Plaza Mayor de Madrid, y con él nos perdimos  un poco todos. Desde entonces, hace ya 57 años, Pepe Isbert recorre con su maravillosa voz ronca los rincones de nuestros recuerdos:

-  ¡Cheeeeencho, Cheeeencho...!, señora ¿ha visto usted un niño solo, así como perdido?

Los tiempos han cambiado tanto que si hoy se extraviara Chencho los whatsapps galoparían de móvil en móvil hasta dar con él y nos dejaría sin uno de los momentos más tiernos de la cinematografía franquista que premiaba a las familias numerosas. Pero también es cierto que si hoy, con un despido libre soplándonos el cogote, despidieran a Alberto Closas sin un euro a cambio, y Pepe Isbert siguiera sin revalorizar su pensión desde hace 10 años, no tendría nada de raro que el cuento cambiara, y el abuelo recorriera la Plaza Mayor intentando “colocar” a Chencho.

-  Señora, ¿quiere usted un niño? No come mucho, y es tan bueno…se lo llevo a su casa si usted quiere…

Con aquella infame reforma laboral que nadie se atreve a tocar, se nos quedó a todos la cara de Pepe Isbert mientras mojaba la galleta en el vaso de leche calentita, mientras suspiraba a la espera de que ocurriera un milagro, pero el único milagro que hasta hoy hemos visto es que Raphael sigue, mil años después, cantando “El pequeño tamborilero”. Dan ganas de tocarlo y comprobar que es él y no el fantasma del pasado del “Cuento de Navidad”. Sí que han cambiado las cosas. El día de Nochebuena lo pasamos de bar en bar, y para cuando llega la cena familiar, nadie tiene cojones de trinchar el pavo por la cogorza que a esas horas ya llevamos. Las luces led han sustituido a aquellas horteras tiras brillantes verdes, rojas, plata y oro, y los abuelos ya no presiden las mesas de Navidad, son canguros por decreto ley, que se quedan con los Chenchos de turno mientras los padres seguimos la juerga desde la una de la tarde hasta las tres de la mañana del día de Navidad.

Hemos perdido, como en tantas cosas, los papeles, menos mal que aún nos quedan los anuncios de El Corte Inglés, la lotería, las reposiciones de las películas de Azcona, la campanilla sonando en la última escena de ¡Que bello es vivir!, y la paga de navidad (el que la tenga).
 A ver…¿que más nos queda?

Estaría bien que tú, LECTOR, escribieses aquí algo de lo que aún no hemos perdido.

Felices Fiestas a todos 
Manolo Martínez

jueves, noviembre 07, 2019

LUIS GARCÍA MONTERO (Director del Instituto Cervantes) en la Tertulia de Manolo Martínez,"Comer, beber y hablar"


Hace casi un año mi vecina, y aún así amiga,  Eva Rueda, me facilitó el teléfono de Luís García Montero, tesoro que guardé en mi "caja blanda" primero, y luego en la memoria de mi móvil. Desde entonces tuve el pretencioso sueño de  traerle a "Comer, beber y hablar". Una tarde de marzo, mientras escuchaba a su amigo Joaquín Sabina cantar:  "....cuando juego mi muerte al verso que no escribo,cuando sólo recibo noticias de la muerte..."


Estos versos pertenecen a un poema que su Luís le regaló, "Nube Negra", cuando Sabina estuvo más malito que bueno. La aprensión me ganó y me dije: -"Palante...que aquí estamos dos días".


Aparqué mi vergüenza torera, me "apreté los machos", me tomé un whisky doble (y eso que yo no bebo whisky) y llamé a Luís, miento, le mandé un "guasa", así me aseguraba que lo leería al menos. Desde aquel día de marzo hasta este jueves de otoño, en ningún momento me dijo Luís que no vendría, ni una sola vez. Sólo me pedía que esperase a que pudiese cuadrar una fecha. 


El pasado 7 de noviembre cumplió su palabra, a pesar de su vertiginosa agenda que le ha llevado en apenas dos meses a Estados Unidos Francia, Argelia, Italia y Egipto, a pesar de sus infinitos compromisos en presentaciones de escritores consagrados, de discursos en mil encuentros de sesudos intelectuales,  a pesar del tiempo que saca debajo de las piedras para sus impagables artículos de opinión...a pesar de todo, Luís se plantó en nuestra tertulia con una amabilidad, paciencia y sencillez que le retratan como lo que es, un tipo estupendo, aparte de, según muchos, el mejor poeta vivo de España.


Desde que le recogí en la Estación de Santa Justa junto con la directora del gabinete, Rosa León (otra agradabilísima sorpresa) hasta que le despedimos, no hubo la más mínima exigencia, ni mueca de cansancio (a pesar de tenerlo acumulado), ni siquiera rechazó las mil fotos que los tertulianos quisieron hacerse con él.



El esperado encuentro tuvo lugar en el "Molino de la Romera". Allí estuvieron Jose Luís Blanco Garza, Eva Rueda, Juan Ignacio Caballos, Mariela Bascón, Antonio Rivero, Almudena Tarancón, Mary-Ángeles Piñero, Silvia Álvarez, Enrique Ávila, Carlos Guisado, María de Gracia Carrera, Pablo Martínez, Encarni Milla, Cristina Aranzana, Francisco Gallego, Paco Ortiz, Vicente Baeza...así hasta 45 personas cuyos nombres omito por no ocupar el resto de este artículo, pero a los que agradezco igualmente su generosa presencia.


Abrió el acto Juan Francisco Rodríguez Testal, Profesor de la Facultad de Psicología de Sevilla, que fue el encargado de presentar a Luís García Montero. No pudo abrir Juan de más hermosa manera la tertulia que informándonos de la existencia en la Universidad de Keele (en el centro de Inglaterra) de una farmacia de poesía que ofrece primeros auxilios literarios dado el beneficio que la poesía tiene sobre la salud mental, según sus propias palabras.Prosiguió con un certero recorrido por la obra de Luís, para acabar refiriéndose a García Montero como “uno de los pocos destinados a la letra grande de la historia de la literatura”, palabras que le pidió prestadas a  José-Carlos Mainer.

Compartiendo la mesa, junto a Luís y Juan Francisco, Manuel Vázquez Marrufo, Profesor titular en el Departamento de Psicología Experimental de la Universidad de Sevilla, que hizo una genial intervención ilustrándonos sobre los cambios que se producían en el cerebro durante el proceso creativo.


 Y luego escuchamos a Luís. Casi dos horas alimentándonos con el verbo brillante y lúcido de Luís, amén de las viandas y los caldos que en el Molino de la Romera son más que buenos. Nos habló, porque así se lo pedimos, de todo. De cultura, de poesía, de  educación pública, de la amistad...Su voz suave, su ritmo templado, su anecdotario impagable, su sentido del humor su presencia y su lúcida visión de la vida, nos sedujo desde el primero hasta el último.


Sobre la poesía Luís nos dejó claro que: "La gente se interesa por la poesía cuando la poesía habla de la gente, cuando la poesía huye de la cursilería y del amontonamiento de palabras bonitas. Hacer poesía es aprender a mirar en medio de la rutina"


Sobre la amistad, nos argumentó sobre esta reflexión suya: “Somos una conversación con nuestros libros, nuestros amigos, nuestra gente. Como espacio de convivencia, la edad enseña que es mucho más razonable una buena amistad que una patria, para cambiar el mundo, defender una solución política, cantar un himno”  





 ...y así fue transcurriendo la tertulia, aderezada además con las intervenciones de numerosos tertulian@s. Almudena Tarancón declamó maravillosamente un poema de Luís. Jose Luís Blanco Garza nos donó una soleá y sus certeras palabras.




. Eva Rueda nos regaló las anotaciones que hacía de sus lecturas en un cuaderno digno de ser subastado para conocer los apuntes de esta encantadora y vocacional  profesora de literatura. Juan Ignacio Caballos le habló al maestro de Borges y su "no compartida" clasificación de los géneros literarios.  Encarni Milla argumentó sobre la educación pública. Antonio Rivero intervino enlazando, con la genialidad a la que nos tiene acostumbrados,  su mundo como Economista con el de las letras. Tampoco nos privó mi amigo Enrique Ávila de sus siempre sensatas participaciones.




 Silvia Álvarez nos habló de su impagable voluntariado en los desenterramientos llevados a cabo a través de la Ley sobre La Memoria Histórica y Mary Ángeles Piñero, Directora de la Biblioteca, le regaló a García-Montero unos libros ligados a la poesía hispanoamericana y a Palimpsesto, revista que llega puntualmente al Instituto Cervantes que dirige Luís. Echamos de menos a Fran Cruz, poeta, e insustituible gestor de Palimpsesto. Con toda seguridad olvido alguna intervención, alguna reflexión, algún amigo, pero fue tan intensa la tertulia, que sabréis perdonar mis más que seguros descuidos.



 




Luís García Montero atendió a todo el mundo, capacidad que como dice un amigo suyo, lleva consigo a costa de restarse ese tiempo a sí mismo. Puede estar orgulloso este granadino universal de haber contribuido con sus versos a abrir de par en par las puertas a innumerables historias personales (de amores y desamores, de pesares y pensares, sociales e ideológicas, solidarias siempre).





Luís García Montero ha venido a Carmona, a la tertulia "Comer, beber y hablar", y yo, permítanme la vanidad, he cumplido otro deseo.


Gracias a Luís y Rosa, (Director del Instituto Cervantes uno, y responsable de su gabinete la otra). Gracias a Luís y Rosa otra vez (azarosa coincidencia) dueños del Molino de la Romera. Gracias al incansable Jesús y el equipo que nos atiende de inmejorables maneras. 
Gracias a Ramón Rodríguez de El Grifo Información, que sigue regalándonos su tiempo y sus fotografías. Gracias a Circuito Carmo-electrónica de nuestro amigo Juan Sánchez, y a su relevo generacional, el siempre dispuesto Alex.


 Y gracias a mi amiga Mariela Bascón, a la que encargué un recuerdo a plumilla para Luís García Montero, y le salió otra obra de arte.


  

 

 Gracias, salud y tertulia  para todos.
                                                                   Manolo Martínez

jueves, octubre 10, 2019

CON LOS OJOS PUESTOS EN EL FIN DE SEMANA


No arrodillamos a besar la mañana del viernes con el amor que el Papa besa el suelo del país que visita. Luego nos subimos al "carajo" del mediodía para otear el fin de semana con la misma afición que este señor fisgonea el desnudo del escaparate, con el deseo de que los dos, sábado y domingo, estén llenos de posibilidades y luzcan redondos. Eso sí, todos lo hacemos con el rabillo del ojo, con la sensación de que alguien anclado en el presente, como la señora de la foto que acompaña al de la mirada perdida, nos pillará mirando el cuadro del todavía desnudo fin de semana. 


A dos cervezas de distancia nos espera la sorpresa: el sábado sale de su escondite y nos besa en la boca, mientras nosotros pedaleamos hacia el domingo muy despacio, para alargarlo como un chicle. 



...y al final, cuando el domingo cuelgue el cartel de CERRADO en nuestro ánimo, cada uno contaremos la fiesta según nos haya ido. Unos se escandalizarán de la desnuda proximidad del lunes....



...otros sonreirán recordando los buenos momentos vividos.

Manolo Martínez

miércoles, octubre 02, 2019

MI ABUELA y EL JARRILLO DE LATA





















Contar los recuerdos es regarlos para que permanezcan vivos. Procedo a regar uno.
Cuando apenas rozaba yo la decena de años, tenía la costumbre de, al sentarme a comer, acercarme un jarrillo de lata lleno de agua que siempre presidía la mesa en mi casa. Mi intención no era acaparar todo el liquido elemento para mi solo, más bien era impedir que nadie, aparte de mi mismo, bebiera de aquel cacharrillo. Parece lo mismo, pero no lo es. Yo fuí un niño delicado, por lo que no era de mi agrado compartir con alguien cubiertos o vasos. Y si, además, ese alguien, albergaba la suficiente cantidad de años como para que la lozanía y tersura hubiesen dejado de ser compañeras de su boca, menos aún. Abreviando, que no quería que mi abuela bebiera, antes que yo, en aquel jarrillo con agua. Me reconcomía aquella desatención, debida a mis pamplinas, pero no podía sortear el hecho de ser tan melindroso. Tal era mi cuidado para que nuestras bocas no tuvieran el común encuentro de la delgada hojalata, que además de la custodia a que sometía al jarrillo, me inventé una estrafalaria forma de beber. Bebía al revés, es decir, sujetaba el recipiente por su panza con ambas manos y, con el asa dándome en la barbilla, empinaba la lata con sumo cuidado. Bebía por el mínimo espacio que quedaba libre, entre la parte superior del asa y el borde del cacharro. Era una estampa grotesca. O bebía a ínfimos sorbitos, o me derramaba el agua encima. Pero tanto esfuerzo merecía la pena, si al final, mi hocico era el único que besaba aquel trozo virgen de hojalata.
Un fatídico día, pese a mi perpetua guardia durante los veinte minutos que duraba la comida, mi abuela alcanzó el jarrillo de agua antes que yo. Entremetió su mano, aprovechando mi indefensión, ya que en aquel momento tenía yo las mías ocupadas cortando un filete, y se dispuso a beber. Yo, por distraerme de la contrariedad, levánteme, el tiempo que dura un soplo, a subir el volumen del televisor. Cuando volví, ya estaba la lata de agua junto a mi plato. Entonces, se apoderó de mí una irreprimible sed, tanta, que no pude sobrellevarla y sucumbí. Bebí, como si nunca hubiese bebido. Bebí como sólo yo podía beber, con el asa tropezando en mi barbilla. Y justo en ese molesto momento, en que acomodaba mi boca al asidero , me endosó mi abuela :

- Uy, qué grasioso Manolito, bebes por el mismo sitio que yo.

Desde entonces, en lo alto de mi mesa no falta un búcaro, y a mis hijos, antes de enseñarles a hablar, les instruyo en el arte de beber al chorro.

Manolo Martínez

lunes, septiembre 30, 2019

El jardín de Epicuro


Pasadas las vísperas del sábado, a eso de las siete, cogí mis provisiones de alcohol y tiré sonriente para Umbrete. Yo pensé más que hablé durante el camino, y en la introspección me reencontré con estas palabras de Paul Auster en “El cuaderno rojo” :

  -“Cuando pensaba en la amistad, sobre todo en cómo unas amistades duran y otras no, me acuerdo de que, desde que tengo carnet de conducir, sólo se me han pinchado las ruedas del coche cuatro veces, y las cuatro veces me acompañaba la misma persona (en tres países distintos, y en un periodo de ocho o nueve años)
 J. , un amigo del colegio, era el que me escoltaba.

  Salí del ensimismamiento con una contradicción porque me planté en Umbrete sin ponerme en un brete. Así fue como aterrizamos, mi compañera y yo, en la voluntad de mi amigo J. Éramos nueve a la mesa, bueno diez con Faustino, bueno once, porque M. hacía por dos. Fue una reunión sin ánimo de lucro, rara avis. No sé si fue la cerveza Coronita, o la generosa copa de Spritz, el cóctel de moda en Italia, o la genialidad de S., o el impresionante intelecto de M., no sé…es que no sé, cual de aquellas circunstancias, o quizás fueron todas, las que me trasladaron a mi primer pinchazo, y allí estaba J. 


Seguimos bebiendo risas, muchas risas, tantas que el domingo asomaba ya su hocico y husmeaba en las copas vacías el final de la velada. Entonces recordé la segunda vez que pinché, y de otra vez estaba J. allí, para colocar el gato y subir el ánimo hasta poder cambiar el tropiezo.
 Un breve jardín vertical, un platanero, unas hortensias, un olivo enfadado por falto de ordeño, y buena música, fueron el único atrezo, el resto, la conversación agradable y las risas, surgieron porque la materia prima era inmejorable.

Postdata: De sobra sé J. que tienes mejor coche que yo, lo sé, aún así si
                alguna vez pincharas, por favor, acuérdate de contar conmigo.

                                                                                                           Manolo Martínez

domingo, septiembre 22, 2019

SUERTE, MAESTROS


En la sala de profesores tocan clarines. El miedo disimulado y los machos bien atados.   Reliados en su capote de paseo los maestros se persignan, se miran entre ellos y se desean, con una mano abierta al cielo, suerte, maestros.
 Septiembre. Comienza una nueva temporada. En la barrera del 7, esperan exigentes       (para eso pagan), las asociaciones de padres. En el tendido de sol, sudando la gota gorda, los sufridos padres. Y en el redondel de la clase, ese cada vez más encastado toro negro zahíno, bragao y astifino que es la educación.
  Toreros, gladiadores del siglo XXI, los maestros han sido desprendidos de toda autoridad disciplinar. Mil y un tentáculos sociales le aprisionan sin dejarle respirar. Y hemos pasado del  don  Juan  al  juanillo.  De la letra con sangre entra a “…es que el maestro la tiene tomada con él “.
 El niño demanda un punto de referencia. Necesita de un maestro respetado, no de un amigote. El maestro es el maestro. No le liemos los esquemas a las mentes infantes. La  sociedad precisa de su madre nutricia, doña educación. Es la que amamanta a ese ejército de pequeños dictadores de entre 4 y 15 años.
 Nuestros hijos tienen su cuarto repleto de juguetes y vídeos, y sus mochilas llenas de derechos sin obligaciones. No podemos toserle a un mocoso de 6 años. Ni padres ni maestros son referentes ni pilares. Se invirtieron los papeles. Ellos mandan, la rebelión de la granja.
No estamos educando, estamos creando un mundo de irresponsables, consentidos, llenos de privilegios. Les hemos robado las ilusiones, la imprescindible lucha por conseguir metas. Todo se lo damos hecho a cambio de un beso.
  No es ese el camino. Por su felicidad, metamos también en sus mochilas, responsabilidades y obligaciones, y sobre todo, un bocadillo diario de RESPETO A  LOS  EDUCADORES.  La  educación es el mayor de los cortijos que podemos dejar a nuestros hijos. Arrimemos el hombro, respetemos nosotros primero a los maestros. Ya va siendo hora, crezcamos (por  dentro)                                               
                                                                                            Manolo   Martínez

domingo, septiembre 15, 2019

Vendo cámaras de vigilancia antiguas



Las cámaras de vigilancia han existido siempre, puede que su formato fuese distinto, pero su función básica: recolectar, almacenar y reproducir información, eso, lo hacían ya nuestras abuelas cuando, asomadas a su balcón abrían sus radares de par en par. No utilizaban teclados, ni ratones, para acceder a la información y navegar por ella. Su labia, y su cháchara, eran los dispositivos, inalámbricos, que le facilitaban el acceso, a cualquier noticia o chisme. Todo lo que respiraba, y pasase, a menos de diez metros de sus solios, debía hacer una paradita, para, “descargarle” las novedades, a las guardianas del bien, quienes propiciaban, aquellos encuentros informativos, y confidenciales, con éste santo y seña:
 - Buenas noches, fulanito, ¿cómo estás? Oye, ¿y tu padre?, hace tiempo que no lo veo, anda que no hemos jugado nada tu padre y yo… 
Captada la presa, se procedía a la extracción de todos los pormenores posibles.
Que si cuántos años tenía, en qué trabajaba, que si se casó, que si tenía niños, que dónde iba ahora…copiar y pegar, copiar y pegar, en su insaciable disco duro. Una vez exprimido el sujeto en cuestión, se le dejaba ir.
 - Ea…pues vaya usted con Dios…hasta otro ratito. Buenas noches. 
           A partir de ahí, cualquier internauta (vecino, amigo, conocido o desconocido), daba la contraseña de acceso : - Buenas noches, ¿cómo estamos?, y tenían acceso inmediato a todos los informes, mensajes, y datos recopilados. Como aún no existía el cd, nuestras abuelas utilizaban su propio formato, el rumor, muy barato por cierto, porque se podían regrabar cuántas veces se quisiera, y volvía a estrenarse. En cuánto a las herramientas de tratamiento de textos, las tenían todas. Si querían darle importancia a la comunicación que iban a dar, en vez de negrillas, ó subrayado, bajaban la voz hasta el susurro, e introducían el mensaje, con la misma coletilla siempre: 
- Mira, no se lo vayas a decir a nadie, por lo que más quieras, te lo digo a ti porque eres tú… no te has enterado de que…
            Normalmente, la mayoría de las veces, la noticia era una barriga (que es como se le llamaba a los embarazos fuera del matrimonio). Entonces, el usuario, ó interlocutor, en vez de pulsar INTRO, para confirmar, exclamaba un: -¡No me digas….anda ya, mujé…¡
          Terminado el proceso, la consulta telemática, se procedía a la desconexión. Nada de darle cien veces a escape, para abandonar la sesión, símplemente las abuelas abandonaban el balcón y echaban la persiana, recitando su santo y seña:
          - Me voy pá dentro, que estoy baldá de las piernas.

Escrito por Manolo Martínez

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