CARPE DIEM



Dentro de veinte años, lamentarás más las cosas que no hiciste, que las que sí hiciste. Así que, suelta amarras y abandona el puerto seguro. Atrapa los vientos en tus velas. Explora. Sueña. Descubre.


sábado, octubre 16, 2021

DE CÓMO PASARON POR MI CASA LOS MEJORES CANTAORES

Cuando yo era un niño tuve el privilegio de escuchar a los mejores cantaores de flamenco: Valderrama, Marchena, Vallejo, La Niña de la Puebla, Caracol... todos actuaron para mi padre, circunstancia que me tenía mosqueado ya que mi padre no era ningún señorito adinerado que pudiese pagar sus millonarias minutas. 

Había una serie de pormenores que no me cuadraban. 

Por ejemplo, ¿cómo dejaban de actuar en los mejores teatros de España para cantar en mi casa, y sin cobrar?

O, ¿cómo es que nunca vi colas delante de mi casa para escucharles?, cuando yo estaba harto de observar en el NODO las interminables filas que Antonio Mairena o La Niña de los Peines, congregaban en cualquier actuación suya. 

Al que más contrató mi padre fue a Pepe, el niño de Marchena. Pepe hizo tantos bises en mi casa de “Los cuatro muleros”, que yo veía, en sueños, ”...al de la mula torda, mamita mía, que es mi marío, que es mi marío…” 

 Pero, lo que más me aturdía, era no haber visto nunca a los cantaores. Les escuchaba perfectamente, pero, por más que rebuscaba por las distintas habitaciones, jamás pude verles la cara. 

Sabía que Marchena y Valderrama eran chiquitillos, por eso, yo registraba debajo de la mesa de camilla, detrás del sofá... hasta detrás de una botella de cristal verde, forrada de sellitos de Goya recortados de los paquetes de tabaco, pero nada. 

Hasta que un día, por fin, descubrí el recóndito tablao. 

Era muy pequeño, rectangular, negro, con un cuerno metálico retráctil y muchos botones. Se llamaba radiocassete. 

Desde aquel hallazgo, absolutamente mágico, empecé a contratar, pese a mi corta nómina, a otros artistas. Por mi casa han pasado ya Serrat, Fito Páez, Sabina, Phil Collins... 

A veces me pongo exquisito y meto en el cuarto de baño a la Sinfónica de Londres, eso sí, previamente les he acomodado en un pen, y caben, todos, y tocan para mi La Primavera de Vivaldi mientras me cepillo los dientes. 

Manolo Martínez

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