En los años ochenta vivíamos en aquel rincón de Fuente Viñas. Allí nos tomábamos la primera cerveza, veíamos el partido de la semana, hacíamos tiempo jugando con la maquinita de fútbol, echábamos una partida de ajedrez a la hora del café, y le dábamos la tabarra al Tarra que estuviera ese día de guardia.
Allí nos dimos arrumacos con las primeras novias, o buscamos las orejas de un amigo, un desconocido o uno de los dos Tarras, para volcar nuestros desamores y penas que, rápidamente menguaban entre cubalibres y gin tonics.
En aquel sacro lugar pasó de todo. Hasta vivimos un atraco. De hecho creo recordar que, la caseta de feria “Los Sin hora”, debe su enigmático nombre a aquel asalto en el Flody en el que se llevaron los relojes, y con ellos la hora, de algunos de mis amigos.
Gracias Manolo y José María, por llenar tantas horas de nuestra indecisa juventud al módico precio de “llena y apúntalo”.
Manolo Martínez
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