CARPE DIEM



Dentro de veinte años, lamentarás más las cosas que no hiciste, que las que sí hiciste. Así que, suelta amarras y abandona el puerto seguro. Atrapa los vientos en tus velas. Explora. Sueña. Descubre.


sábado, junio 13, 2026

Aquella novia que veía las puertas chicas


Con el calor, no sé por qué, aprietan las nostalgias. Quizás sea el hígado el detonante, que ahora le cierra las puertas a las mismas cervezas que en la juventud pasaban sin permiso. El caso es que después de unas cuántas espumosas se me viene a la cabeza el recuerdo de un amor adolescente que duró justo lo que dura un verano. Era guapa, y pija, tanto que tenía una amiga cuya condición "sine qua non" para dejarse querer es que el elegido en cuestión vistiera pantalones de color rojo (vestimenta oficial en los ochentas de los "Borjamaris")
Aquel novieta me dijo un día que la puerta de mi casa era "mu chica". A mí me chocó que calificara de reducida una puerta por la que entraban a diario mis padres, mis hermanos, yo, mis dos abuelas, alguna vecina y no sé cuántos amigos. No pasábamos todos a la vez, obviamente, y aún así  negué que aquella fuera mi casa como San Pedro negó a Jesús, tres veces.

- ¿Chica la puerta de mi casa? Te habrás equivocado guapetona, esa no era mi casa. Por la puerta de mi casa entran caballos haciendo el paso español.

Hoy, más viejo, que no más sabio, entiendo que la estrechez no estaba en la puerta sino en mi cándida cabeza adolescente. Por los pantalones "coloraos" no pasé, me daba igual lo que pensara su amiga, pero lo hice casi peor, me embutí unos amarillos, como los de Miguel Bosé cuando cantaba "Don diablo se ha escapado..." y una tarde de domingo me lucí con ellos por la calle principal del pueblo. Iba yo "pa chillarme", tanto que escuché a mi paso decir a un vecino:

          - Niño, ¿tu padre te ha visto? 
Manolo Martínez

UNA TORTILLA CON HUEVOS DE CAMPO


Que ricas están las tortillas que se hacen con huevos de campo, nada que ver con las que se hacen con los de gallinas enjauladas, que ni comen lombrices, ni hierbas, ni las sobras del almuerzo con sus cáscaras de melón y sus cachitos de pan duro. 

A veces, la felicidad, como los huevos de campo, se hace con todo lo que nos vamos encontrado a lo largo de ese hermoso labrantío que es cada día de vida: la briega, los hijos, las risas, los disgustos, la libertad, o la falta de ella que nos hace valorarla aún más si cabe. 

Otras veces los miedos nos arrean hasta encerrarnos y se nos va el día picoteando “piensos” (pensamos demasiado). 

Escarbar hasta encontrar la verdad no está mal, aunque, a veces, nos cueste tragarnos esas verdades que se retuercen como la lombriz en el pico de la gallina antes de pasar al buche.

Manolo Martínez

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sábado, mayo 09, 2026

CASI FERIA, O LA FERIA DE CASIMIRO

Sobre  las  tres de la tarde Casimiro pisa el albero. 

Casimiro es pequeño, peludo, suave, tan blando por fuera como por dentro. 

Lo dejas suelto y se va a los TRANQUILOTES, a la AMISTAD, al BÚCARO, o a la primera que vea con un hueco en la barra. Entonces acaricia tibiamente con su boca,  rebujitos y manchaítos.  Lo llamas dulcemente:   

     Casimiroooo… 

 …y Casi viene a ti con un trotecillo alegre. 

Come  cuanto le das: calamares, adobo, almejas y solomillos. 

Hace el  paseíllo, de caseta en caseta, hecho un pincel. Camisa y pantalón de estreno. Sus gafas Rayban, encasquetadas en un pelo acartonado por kilo y medio de Patrico. 

El número de rebujitos ingerido aumenta con el paso de las horas, y con ellos, comienza la metamorfosis. Casimiro ya no es Casimiro, es Casi Feria. 

Media camisa desabrochada, luciendo pecho. La pelambrera del macho hispano en todo su esplendor, y flanqueando el “macetón  epidérmico”, tres talonarios de tickets asoman desafiantes por el bolsillo de la camisa. 

A Casi-Feria ya no se le entiende nada. Balbucea, ríe, gruñe…, no hay logopeda que remedie esa torre de babel etílica. 

 Las sillas de Teodosio dan compañía a su familia. Su mujer, la hija y el yerno le contemplan tras un burladero de medias botellas y medias raciones. 

— Casi, cariño, ¿que te pasa?  (le pregunta su mujer preocupada) 

  ¡Que me dejes…! (responde el consorte con malaje)

El  yerno le quita a escondidas un cubata a medio acabar, y Casimiro, con los ojos inyectados de sangre, la lengua bífida y la camisa por fuera comienza la búsqueda de los HERMANOS   PERNIA, cambiando el trotecillo alegre y garboso, por un trote cochinero.   

Con  las primeras luces, la metamorfosis se ha consumado.

 — Con lo guapo que venías… (se lamenta su mujer cuando observa a aquel prehomínido que dormita, utilizando como almohada el papel lleno de manchas de los calentitos.      



El  yerno, que buen yerno, de los que ya no hay, se pasa un brazo de Casimiro por detrás del cuello, y la hija imita el gesto con el otro brazo. Su santa esposa dirige la cofradía San Antón abajo. De costero a costero. ¡Qué cuadro! 

A la altura del Tota, levanta la cabeza el penitente: 

     Pararse  ahí. Vamos a tomarnos la última. 

Sus dos costaleros giran despacio sobre sus pasos, y en un derroche de fuerzas, aúpan a Casimiro y le sientan en un contenedor de basura: 

— Deja algún dinero al lado (dice la esposa), que si no no se lo llevan.  

Manolo Martínez

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domingo, mayo 03, 2026

LA FERIA (de JOSELITO PÉREZ a ÁLVARO MORENO)

De chico yo iba a la feria con mis padres, mi flequillo, una rebequita de Joselito Pérez y un puñado de lágrimas preparadas para exigir todo lo que se me iba antojando.

Ahora voy a la feria sin flequillo, sin lágrimas, y con la cara larga porque, o voy sin ganas, o cuando voy no me quiero recohé.
De chico se me ponía la cara naranja, como a Trump, por la cantidad de Fantas que me metía entre pecho y espalda.
Ahora se me pone la cara blanca, porque se me baja la tensión con la caló, o porque tomo más pucheros que vinos.
De chico me sobraba rebeca por tos laos, ahora no tengo cojones de abrocharme los dos botones de mi chaqueta Álvaro Moreno.
De niño llevaba, dentro de mis zapatos gorilas, dos algodoncitos pegados a dos cebaduras en los talones; y ahora, de viejo, llevo fascitis y callos dentro de mis castellanos coloraos.
De chico tiraba de la mano de mi padre padentro, pa la feria, ahora reculo, como los toros mansos, en cuanto escucho la tómbola, al turronero, o la música de los coches locos.
Conclusión: ¡Andaque no han cambiao ná las ferias!
No, hijo, no, sólo hemos cambiado de proveedores.
De Joselito Pérez a Álvaro Moreno, Del Bar Potaje a los Sibaritas y de la Pistas de Coches Locos Mary Tere a Mary Tere.
En definitiva, de chico me faltaba feria y ahora me sobra por tós laos, como la rebequita.

Manolo Martínez

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martes, abril 28, 2026

CUANDO NO ACEPTAS TU EDAD (Midorexia)

                   Hay gente que se lleva décadas cumpliendo cuarenta y tantos, y es que cuando pasamos de los cincuenta, la memoria nos falla cuando nos preguntan cuántos inviernos llevamos en los bolsillos, y vuelta la burra al trigo, cuarenta y tantos...

Envejecer no está tan mal si se hace con dignidad, lo que no significa que a partir de los cincuenta tengamos que salir a la calle con el pañuelo de doña Rogelia en la cabeza, pero por dios bendito, aunque tu mujer esté muertaypená por disfrazarte de veinteañero, no cedas.

Si te das un tinte caoba en los tres pelos que te quedan, te pones un pantaloncito “colorao”, un chaleco verde limón (siempre sobre los hombros), y unas gafas fashion que te tapan el careto, no te estás quitando años Andrés, te estás preparando para un casting del Circo del Sol.

Que no tengan tus amigos que decirte cuando te vean esta feria (depues de dos ferias sin verte por la pandemia)

—¡Jesús, María y José!, ¿eres tú, Andrés?

Unos le llaman midorexia, otros Síndrome de Peter Pan..., sea lo que sea, no lo vuelvas a hacer campeón, tómate un poquito de café bebío que te despabile, y búscate una pareja para jugar al dominó.

                                      Manolo Martínez

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domingo, abril 19, 2026

COMO UN GATO SIN DUEÑO


Miguel Ángel García Buza consigue mojarnos el alma en el Pilar de los Limones con esta bellísima fotografía. 

En 1877 se construyó este abrevadero para aliviar la sed de los animales que iban a la feria anual del ganado, origen de la actual Feria de Mayo en la que, por cierto, a la vista de los precios que están cogiendo manzanillas y rebujitos, uno se siente como un gato sin dueño que va de caseta en caseta buscando los más asequibles. 

¿Sería posible que nos pusieran, a los “tiesos”, un abrevadero etílico antes de entrar en la feria, como aquellos añorados Bar Potaje y Bar Ibiza dónde hacíamos las primera paraíta sin que nos vaciaran los bolsillos? 

Manolo Martínez

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sábado, abril 18, 2026

EL BALCÓN EMBUSTERO


Tenía las piernas tan largas como la risa de un niño. 

Todas las tardes, a la hora de la merienda, se contoneaba delante de su balcón, dejando que, su minifalda, ardiera en su frente. Gumersindo la aguarda sentado, junto a la mesa camilla, escondido tras la organza del visillo. 

Una rebanada de pan, untada de nocilla, le añadía años al trazarle un bigote de chocolate en cada mordisco. Cada tarde se repetía un ritual. Justo cuando el cuello de Gumer, trasladaba su cabeza hasta la frontera del cristal del balcón, aparecía su madre, por detrás, y de un guantazo, hacía que su frente chocara contra el vidrio, mientras le inquiría:

 ¿Qué miras?

 Nada, mamá, nada (la aliviaba, Gumer, tras su mentira)

Treinta años hicieron falta para que, aquella visión de infinitas piernas, subiera las escaleras de Gumersindo, se quitara la minúscula minifalda y…, se pusiera la bata de guatiné, tres docenas de rulos encima de la cabeza, y por las tardes, se pusiera detrás de él y le atizara en la nuca, aplastándole el cigarro contra el cristal del balcón, mientras le espetaba:

 ¿Qué miras?

 La vida pasar, mi amor, la vida pasar…

Aquel balcón le había mentido. Quién ahora tenía tras su espalda no tenía nada que ver con aquella que se lucía allá abajo, en la calle del deseo. 

Puso una reclamación en la oficina del consumidor y le escribió su caso al defensor del pueblo.

Ninguno de las dos le dieron una solución satisfactoria, por eso, Gumer, cada tarde, se asoma a su balcón, y sigue buscando a aquella muchacha que tenía las piernas tan largas como la risa de un niño.

Manolo Martínez

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sábado, abril 11, 2026

LA CIGÜEÑA


Hoy, que es mi cumpleaños, me he levantado pensando en las cigüeñas, porque hay que ver lo desagradecidos que somos todos si pensamos la de niños que han traído al mundo , y el único pago que han recibido, es decirles, a boca llena, que es mentira, que las cigüeñas no traen a los niños.

¿Que las cigüeñas no traen a los niños? Pues mira la de la foto como busca la suya.

Que sí, que las cosas han cambiado y ya no hay vuelta atrás.
Es así y punto, o punto y pelota, como dice mi mujer cuando pone el punto final a una disputa. Que ahora cocina él mientras ella pasa repaso a "las tropas".

Canjeamos posturas quedándonos en cueros ante los nuevos roles. Y no pasa nada, salvo que las miradas cambian de propietario y las manos se inquietan ante la permuta de faenas.
Tan seductor es rebañar como estirar para mirar. De acuerdo en todo, pero que no me diga nadie que las cigüeñas no traen a los niños. Entonces ¿quién los trae, coño, Seur?

Las cosas han cambiado


Las cosas han cambiado y ya no hay vuelta atrás. 

Es así y punto, o punto y pelota, como dice mi mujer cuando pone el punto final a una disputa. 

Ahora cocina él mientras ella pasa repaso a "las tropas". 

Canjeamos posturas quedándonos en cueros ante los nuevos roles. Y no pasa nada, salvo que las miradas cambian de propietario y las manos se inquietan ante la permuta de faenas. 

Tan seductor es rebañar como estirar para mirar. Dejar la puerta abierta a nuevas primeras veces es haber aprendido a vivir, buen provecho.

Manolo Martínez

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