CARPE DIEM



Dentro de veinte años, lamentarás más las cosas que no hiciste, que las que sí hiciste. Así que, suelta amarras y abandona el puerto seguro. Atrapa los vientos en tus velas. Explora. Sueña. Descubre.


domingo, septiembre 27, 2026

EL ARTE DE ENVEJECER

Me levanto de la cama como un robot, a empujones, con movimientos más torpes que lentos. Toso primero y suspiro después. Me enderezo con una mano sujetando la cadera y la otra alisando los tres pelos que me quedan. Me desplazo pisándome el pijama y me miro el ombligo lleno de pelos, ¡que asco por Dios!, me fustigo. 

¿Era esto la vejez? ¡Con lo que nos ha costao llegar hasta aquí! 

Y pienso lo que todos pensáis. Estoy vivo. Vivito y coleando. Bueno…vivito, que ya es mucho. 

En menos que canta un gallo me tuneo como puedo, y me planto en la Casa del Libro de la Calle Velázquez, mi bálsamo de Fierabrás. 

Subo y bajo las cuatro plantas mientras ojeo y hojeo: 

“Alto en proteína”, “La energía que somos”, “El poder del tupper”, “Psiconutrición”, “Taichi”, “Ejercicios para mantenerte joven”…ojú, que pechá, que agotador esto de intentar parar el reloj.  

Allí está. Lo encontré. Como todo lo bueno, breve. Estaba allí ninguneado al final de la última tabla de la última estantería. Lo cojo, lo abro al azar, y va y me dice el nota, el Cicerón de los cojones: 

“Hay que resistir a la vejez, queridos Lelio y Escipión. Para ello hay que hacer ejercicio con moderación, comer y beber lo justo para saciar los apetitos del cuerpo”. 

Pero bueno, ¿tú también Cicerón? Es lo mismo que me dijo el médico hace un mes. 

¡Ostia Cicerón!, yo esperaba de ti otra cosa. Me cago en tus mulas toas. Vaya consuelo. 

Cerré el libro, lo dejé en su sitio y anduve hasta Nervión. Entré en el Restaurante La Tagliatella, saludé a Rubén y pedí una Piadina regada con aceite picante, un Lomo Cosenza y vino de la casa, y lo único que me quedó claro de to este lío es que Cicerón no había pisado en su vida una Tagliatella. 

Manolo Martínez

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sábado, septiembre 26, 2026

EL OTOÑO LLEGA A CARMONA SIN IRSE EL VERANO


De chico me enseñaron a llamar a la puerta antes de entrar en una casa, porque uno no sabe lo que se puede encontrar si no avisas. Desde cogerte en calzoncillos, o sin ellos, que es peor, o mejor, según paqué, hasta pillarte con el deo chico en la narí buscando lo único que puedes encontrar en una narí.

Algo así le ha pasado al otoño de este año que, como un niño malcriado, se ha metido hasta el corral sin llamar, sin ni siquiera tosé avisando que está llegando…

Nada de nada, nos ha enseñado el hocico sin dejar que el verano recoja sus cosas y se vaya a tomá viento hasta dentro de…un par de meses, no te creas.

Y mira que fue bonito el primer amanecer otoñal. Aquí os dejo el testigo fotográfico de que venía con ganas de agradar, de refrescarnos, de enlosá el suelo con hojas marrones, de taparnos, por fin, con una sabanita, de quitarnos las calzonas y ponernos ya de un p..vez un… ¿pijama se llamaba?


No debieras haber entrado sin llamar macho. A ver ahora como nos las arreglamos con las sábanas de pelito y el lobo marino al lado de los politos. Y pa colmo, ya están vendiendo los primeros polvorones en algunas tiendas. Ojú que loco está el mundo. Menos mal que ya me han limpiado el aire acondicionado y otra vez echa fresquito.

Que ustedes disfruten de este oto…verano.


Manolo Martínez

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lunes, septiembre 21, 2026

ABUELOS


Son niñeros de cinco estrellas, sin horario, seguro ni sueldo. No hay otra patronal que pueda con los nietos, ni sindicato que les acoja. Exigentes con su nómina diaria de caramelos, menguada por retenciones por travesuras acumuladas.

Esa institutriz impagable, que es la curiosidad, lleva en volandas y a tirones al abuelo paciente, y cómplice, de esos vendedores de besos que mercadean con los sentimientos. 

¿Cuánto vale un abrazo?

Miel en la mirada, canela en la palabra y limón en la intención: estrategas de primera división.

Abuelos y nietos toman el sol a sorbitos en las tardes otoñales, luego, acuden a los oráculos kiosqueros para escuchar un infinito menú de chucherías. Y es justo allí donde gestionan su futuro más inmediato: unas estampitas por un beso, el chupa-chups gigante vale un abrazo, ... "pero ni se te ocurra decírselo a la abuela".

Y cuando la luna se cubre con su gorra de plata para capitanear la noche, la actividad frenética comienza su éxodo por una largo camino de bostezos.

Pegados a la cama, contemplándolos, meditamos sobre el bien y el mal, su futuro… y en esa indecisión luminosa de la penumbra nos hacemos conscientes de aquello que escribió Antonio Gala: “cuando el mismo Dios se sorprende de haber urdido algo tan hermoso como el amor “.

Manolo Martínez

sábado, septiembre 19, 2026

CARMONA A LAS CLARITAS DEL DÍA


El sol se despereza estirando sus rayos hasta tocar el Corbones por un lado y el Picacho por el otro, encendiendo la vega a las claritas del día. 


Mientras tanto, en el pueblo, Chari te lía los buenos días en un cartucho de papel de estraza lleno de calentitos, y uno piensa que, a pesar de los telediarios, vivir es hermoso sólo con ver salir el sol cada mañana y mojar los churros, de la Bella, en un café con leche de la Bodeguita.

Que bella está Carmona a las claritas del día.

Manolo Martínez

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lunes, septiembre 07, 2026

LA NOVENA

Fotografía: Ramón Rodríguez

Con las últimas calores abre la boca septiembre para comer algodón dulce en la Plaza de Arriba, mientras Carmona sube a santiguarse, rezarle y cantarle durante nueve días, y nueve noches, a su  Virgen de Gracia. 

Lo hace en Santa María, porque hay lugares que están cosidos a nosotros como los hijos a las madres. 

Santa María es uno de ellos porque allí decidieron nuestros padres bautizarnos, nosotros elegimos casarnos y, por último, enterrar a los nuestros.  

De cuando en cuando, la vida toma derroteros que nos hace preguntarnos esto, aquello o lo de más allá, y la respuesta no está en el aire, como cantaba Bob Dylan, está en el silencio, en el recogimiento, en la soledad que necesitamos para callarnos si queremos escucharnos.

                                                                         Manolo Martínez

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sábado, septiembre 05, 2026

GRACIA

Mientras septiembre pone de patitas en la calle al verano, los carmonenses, nos sacamos los miedos del corazón convirtiéndolos en peticiones que bajan hasta la ermita, a pie, a caballo, o en carrozas adornadas con flores de papel, el primer domingo del noveno mes. 

Allá abajo, a orillas de su Vega, Carmona reza, canta y baila por sevillanas, mientras el olor a sardinas asadas viste el aire que respiran los romeros, quienes, cosidos a un moñito de su patrona, canjean sus preocupaciones por esperanzas al módico precio de una promesa.

Manolo Martínez

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sábado, agosto 29, 2026

MERCARANA

 
Hace unos días estuve tomando una cerveza con un antiguo compañero de bachillerato que se fue de Carmona hace ya cuarenta años. 

Después de mirarnos de arriba abajo, y tantear quién había perdido más pelo y ganado más barriga, lo primero que me dijo Andrés fue: 

— Macho, Manu, ¡qué bien le ha ido al Rana! 

— ¿Al Rana?  —le pregunté yo sin saber de qué hablaba— 

— Sí hombre, Antonio…, el rana, aquel  que nos vendía los ducados de uno en uno, y las cuñas de chocolate de dos en dos en aquella tabernilla dónde nos escondíamos cuando no íbamos a clases de latín con la “Puella”. 

No tuvo que darme más detalles para intuir por dónde iba mi amigo, quién, al pasar junto al Instituto Maese Rodrigo comprobó, desconcertado, que en el mismo lugar que antes estaba el Ventorrillo del Rana hoy se erguía un Mercadona. 

No, Andrés, ese Mercadona no es de Antonio, ojalá, pero, ¿sabes?, deseando estoy que lo abran para pasearme por sus pasillos, cerrar los ojos y coger aire y recordar, porque estoy seguro de que El Rana sigue por allí, al lado de los cereales integrales, dando consejos a los muchachos sobre a qué chavala arrimarse, o sentado encima de uno de los mostradores asomándose al exterior, echado sobre un codo como acostumbraba a hacer. 

Entre los cachivaches del alma, aquellas conversaciones haciendo ceritos de humo con el cigarro,  y la más fea de la clase que se restregaba como un gato al primero que la mirase, mientras los demás nos secábamos la boca con la manga tras el primer buche de cerveza, antes de escupir una risa al ver la cara del asediado.                                                 

                                                                   Manolo Martínez

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