CARPE DIEM



Dentro de veinte años, lamentarás más las cosas que no hiciste, que las que sí hiciste. Así que, suelta amarras y abandona el puerto seguro. Atrapa los vientos en tus velas. Explora. Sueña. Descubre.


jueves, agosto 13, 2026

EL CUADRO TORCIDO

Hace unos años, cuando yo entré  en una curva sin señalizar de mi vida, mi mejor amiga me invitó a cenar en su casa. 

Nada más entrar en su apartamento me llamó la atención un enorme cuadro que presidía la subida de la escalera, no por el lienzo per se, sino porque estaba mal colgado. 

Estaba de lado, de tal manera que, para averiguar lo que allí había dibujado, tenías que torcer la cabeza, como un perrillo cuando quiere dar pena. 

      Cuando le pregunté por qué lo había colgado así, me dijo que aquel grabado le encantaba, pero no cabía en el testero en su posición correcta, así que lo puso en vertical. Tenía claro que lo importante era disfrutar de la escena.      

              

       Ese cuadro está hoy en mi casa. Se lo pedí a mi amiga y me lo regaló.

     Está mal colgado, torcido, y no es que no tenga sitio en mi pared, que lo tengo, pero perdería su alma, porque lo que veo, cada vez que lo miro, incluso antes que el cuadro, es la conversación que mantuve sobre los torcimientos de los días y sobre la importancia de adaptarse a las circunstancias, a los tiempos y a la pared que tengamos para colgar los  deseos, aunque no se cumplan. 

      Es curioso, aquella amiga comparte hoy su vida conmigo, y a los dos nos gusta mirar, en silencio, el cuadro torcido.

          Manolo Martínez

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miércoles, agosto 12, 2026

LA CARMONA de NUESTROS PADRES, SERÁ LA CARMONA de NUESTROS HIJOS

 

Los chorreones de sol le caen a Carmona por su frente de piedra al atardecer. 

Al contemplar ese momento, uno se siente orgulloso de haber nacido entre este puñado de rocas que se van ordenando, según la necesidad, en calles por las que pasear, plazas para sentarse a pensar, o iglesias en las que rezar. 

Los dedos de la ciudad, sus torres, descorren los visillos del cielo cuando suenan sus campanas: tlan, tlan, tlan.., mientras las nubes enrojecen sus mofletes de algodón anunciando la noche. 

Entonces, uno se llena los pulmones de Carmona cuando la respira con los ojos, a sabiendas de que nuestros hijos seguirán viéndola cuando nosotros no estemos, igual que ahora la disfrutamos quienes la habitamos, como ya hicieron aquellos que nos dejaron.  

Texto de Manolo Martínez

                                          Fotografía de Antonio Gavira Ramírez                                               

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domingo, agosto 09, 2026

LA ZANAHORIA


Las noches de verano nos requetepeinábamos con agua y peine hasta dejar la raya dibujada en nuestra cabeza. 

La primera cerveza caía en cualquier peña, bética o sevillista, porque en ellas nos cundía más el poco dinero que manejábamos entonces. 

Luego ahuecábamos las manos y encendíamos un ducado, tras frotar la cerilla con la caja. Chupetón del diez y a echar humo como el Carmonilla. 

Psss…Psss…allí vienen ya —nos avisaba siempre Pepillo, que era el más…eso  

Lo único que nos quedaba para rematar bien la noche era bailar medioquè el rocanrol delante de aquellas niñas, sin hacernos un nudo con los pies como la última vez. 

Que fácil era vivir entonces. Pero llegó el destino, como un disparo, que diría  Blanco Garza, y nos puso la zanahoria delante del hocico. 

Por el camino las piedras de todos los caminos: el acné, los logaritmos, las nóminas, la incertidumbre del vivir, hasta que por fin entiendes, casi siempre tarde, que la madre del cordero es ser, no tener, y, sin embargo, te has dejado las tiras del pellejo intentando tener y olvidándote el ser. 

¿Y la zanahoria? Ya no vemos la zanahoria. Volvemos a ser libres. 

Manolo Martínez

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sábado, agosto 08, 2026

DESVARIANDO CON LAS CALORES

Los niños, cuando están cansados, se retiran el flequillo sudado de su frente, y sólo con ese gesto descansan. Los mayores, como ya no tenemos flequillo, cargamos las pilas andando, como si tuviéramos una dinamo en los pies que nos alumbra el camino cuando estamos desnortaos. 

 

Y mientras andamos desandamos, hasta nuestros primeros recuerdos de cómo obteníamos lo que queríamos: 

¿La chupa? La conseguíamos llorando. 

¿Los cigarros? Se lo comprábamos a Tomatera, de uno en uno, en el puestecillo que tenía más pabajo del Resbalón. 

¿Los primeros besos? De la que se dejaba, que casi nunca era la que nos gustaba. 

En fín…¡qué calor más grande!


Manolo Martínez

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sábado, agosto 01, 2026

HE VUELTO


Ha vuelto. Y se nota. Viene llena de ideas y de rizos, como siempre, y debajo de ambos, su carta de presentación: su espléndida y perenne sonrisa. 

Ha vuelto para regalarnos uno de los mejores espacios de Carmona a la hora de compartir un ratito, entendiendo por ratito esos cachitos de tiempo que hacen que la vida sea mejor (por eso ha renombrado al hermoso rincón como “Vida Moments”, antiguo Karma). 


Ha vuelto para abrirnos los días de par en par con unos espléndidos desayunos, de hecho ha bautizado a uno de ellos como “HE VUELTO” (Pan de pueblo, jamón ibérico y huevos revueltos con queso), es decir, con cosas de verdad, auténticas, como es Yoli. 

Ha vuelto Yoli, y le íbamos a decir “bienvenida”, pero la verdá es que todos pensamos que lo certero es decir “bien hallados”. 

Buen camino Yoli, te acompañaremos en él para “comer, beber y hablar” en ese hermoso espacio.

                                                                      Manolo MartíneZ

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domingo, julio 26, 2026

LOS PECES DE LA ALAMEDA

 

Me gusta cerrar los ojos y ver aquellos peces rojos que nadaban en el pilón de la casa junto al cine, en la Alameda. 

Era verano, y los padres nos llevaban al cine Rialto, un cine sin techo y sembrado de sillas de hierro. 

Por aquella enorme pared blanqueada, la pantalla, se paseaban, como salamanquesas, Manolo Escobar, Gracita Morales y Antonio Garisa. Luego, llenos de pipas y de risas, volvíamos a casa, pero antes, la paraíta. 

Nos soltábamos de la mano de mamá y corríamos para agarrarnos a la reja que separaba, y separa, el pilón de los peces rojos que salían a comerse las bolitas del pan sobrante del bocadillo que le tirábamos al estanque. 


Pero, apenas nos daba tiempo, porque nuestras madres-vigías, nos perseguían y amenazaban: 

—¡Ven acá pacá, Manolito! ¡Como te coja tevá cagá! 

…y mientras tus pies andaban hacia delante, juntos a los de mamá, que te remolcaba del brazo, tu cabeza giraba hacía atrás como la de la niña del exorcista, buscando ver, por última vez, el último pez. 

Cuando mis hijos eran chicos me empeñaba en mostrarles aquel pilón en el que flotaban mis recuerdos como las pelotitas de pan que, ahora, se tragaban los años con su desdentada boca. 



Sin embargo, mis herederos, lejos de hacerles una fiesta a los descendientes de aquellos peces que escuchaban cantar a Manolo Escobar, arrugaban su frente para decirme que querían irse. Normal, si hasta los peces les hemos metido en sus cuartos, dentro de lujosos acuarios. Tan malo es lo mucho como lo poco, me decía mi padre.    

Manolo Martínez

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sábado, julio 11, 2026

EL PUNTO DE VISTA

Hace nada nos dimos cuenta mi mujer y yo que teníamos exactamente la misma edad que tenían nuestros padres cuando nos casamos y nos preguntamos ¿qué hacían nuestros padres con la edad que nosotros tenemos ahora?

Pues hablaban. Hablaban muchísimo. Hablaban sobre las cosas simples que visten los días: el precio de la fruta, el tiempo que hará, si el geranio que les regaló la vecina agarró o se secó… o si sacarían ya la ropa de verano para guardar la de invierno. 

Un calco de lo que ahora hacemos nosotros. 

Otra cosa que hacían nuestros padres es quedarse dormidos viendo la tele. En concreto, mi padre, antes de dormirse siempre le decía a mi madre: 

Mary, quita a esos tíos pegando voces y pon a los bichos. 

Los tíos pegando voces eran los debates sobre cualquier tema y los bichos eran los documentales sobre animales de la 2. Y claro, ver al oso andando por la montaña era mejor que una tila.

Como ha cambiado el cuento, aún siendo la misma película, los mismos actores y la misma historia: padres, hijos y el paso de los años. 

Mi madre, cuando tenía la edad que yo tengo ahora, se vistió de madrina para llevarme al altar, y yo, con la edad que tenía mi madre cuando me llevó al altar, como no me vista de lagarterana… 

Ahora cambiamos el PUNTO DE VISTA. Ahora los guionistas son los hijos. Luego la historia depende más del que te la cuente, que la historia en sí misma.


Manolo Martínez

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