Hay
muchas cosas de la Semana Santa de antes que se echan de menos, y entre ellas,
la presencia detrás de los pasos de Don José Contreras, “El Triguito”,
aliviando la sed de los costaleros, con su cántaro lleno de agua fresca y su
lata, de la que todos bebíamos sin remilgos.
El tío iba bien vestido, de
chaqueta y corbata, como mandaba la ocasión.
El Triguito era la personificación de la primavera, imprevisible, o de tormenta o
de chiste, pero verdadero. Diáfano en sus sentencias, y claro, como el agua de
mayo.
El Triguito no se movía entre Roma y Atenas, por lo que no decía aquello de “Si Tempos fugit, carpe diem”, sino que
se paseaba entre el Mesón de la Reja y Gamero, por eso prefería achuchar
diciendo: “Señores…,un buchito que nos vamos”
Pero,
sin lugar a dudas, su sentencia más famosa fue aquella que pregonaba a los
cuatro vientos de: “Hay más tontos que
piedras de mechero”.
Y no
le faltaba al hombre razón, de hecho sigue hoy vigente su dicho, porque,
sabiendo, como sabemos, que estamos aquí dos días, ¿como nos hemos acostumbrado a ver una guerra en directo mientras
comemos?
¿Cómo
se nos ha hecho el estómago a rebañar el yogurt mientras vemos niños muertos, o
vagando por las calles solos, porque una bomba ha matado a sus padres y destrozado
sus casas?
¿De qué estamos hecho? ¿En qué se ha convertido esta sociedad que
presume de hablar por wassap desde cualquier parte del mundo, o de llegar a
Marte?
…pues sí, don José, tenía, y tiene "usté" toda la razón: “Hay
más tontos que piedras de mechero”
Fotografía de Gerardo Rodríguez
Manolo Martínez
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