CARPE DIEM



Dentro de veinte años, lamentarás más las cosas que no hiciste, que las que sí hiciste. Así que, suelta amarras y abandona el puerto seguro. Atrapa los vientos en tus velas. Explora. Sueña. Descubre.


viernes, junio 22, 2018

BIOGRAFIA DE UNA GAMBA



La gamba Mary estudió en los mejores colegios, de esos que la vestían con faldita de cuadros y calcetines hasta la rodilla. Con sus ojillos negros, sin rímel, y siempre sonriente, era la Lolita de las gambas. Iba para comérsela. Pese a su coquetería, nunca descuidó su educación. Su gambografía estaba repleta de menciones honoríficas y sobresalientes cum laurel, pero, del que se sentía más orgullosa, era de su máster en relajación y control de la respiración. Lo había recibido en una academia privada, como no, de la desembocadura en Doñana, frente a Casa Bigote. Allí la adiestraron en el arte de enrojecer, o palidecer, a su voluntad, a través del dominio de sus inspiraciones y espiraciones. Así adquirió las llaves de su destino, ya que podría mostrarse sonrosada y fresca, y, por lo tanto, apetitosa, o de ese color azulverdoso que echa para atrás hasta al más hambriento. Toda su vida se preparó para el momento de su muerte, como los toros, por eso, había puesto tanto empeño en, al menos, poder elegir a su verdugo. Cuando cumplió la mayoría de edad, con apenas dos añitos, supo que había llegado el momento, y, erguida, mirando de frente a su sino, se sacó un billete de Los Amarillos, y se trasladó, desde su Sanlúcar natal, hasta una caseta de la Feria de Sevilla. De cuando en cuando, asomaba sus ojos saltones a la orilla del plato y escudriñaba el horizonte.
¡Uy ¡, aquel tiene cara de hijoputa, me pondré pálida, controlando mi respiración, para que no me escoja (pensaba para sus adentros). Le había echado el ojo a un chavalillo pantalicorto, que la había izado por los bigotes, varias veces. Nada mejor que morir alimentando a las nuevas generaciones, pensó. Pero el chavalito en cuestión, había diseñado otro futuro inmediato para Mary. La transportó, sujetándola por un solo bigote, hasta el plato de arroz de su hermano pequeño, para chincharle, ya que también odiaba el marisco. Éste, antes de que su madre le condenara a comerse aquella gamba, la enterró en arroz, ocultándola de cualquier mirada, condonándole, así, la vida.
Hoy, dos años después, Mary , con casi cuatro años, se ha prejubilado, dice que no le quedan fuerzas para llegar a los sesenta y siete que pretenden los políticos con pensión vitalicia. A cambio del trato de favor viaja por toda Andalucía, dando conferencias, gratis, sobre "Mente y Gambas". El resto del tiempo se lo dedica a los nietos, ya saben, llevarlos, traerlos, la jubilación de los abuelos

Manolo Martínez

jueves, junio 21, 2018

Las cuatro y diez y el petricor


Por fin llegó el petricor, que así es como se llama ese aroma inconfundible a tierra mojada. Parecía que ya no volverían las hermosísimas tormentas de verano pero, como nada es para siempre, aquí están de nuevo, para acallar a los faltos de fé. Según la mitología griega este olor tan característico que el agua esparce en el aire tras una época sin lluvias, es la esencia que corre por las venas de los dioses, claro, por eso huele tan bien. A ver si Aloha, o Carrefour, consiguen dioses para embotellar su desangrado, y si no, comercializar la sustancia química que, según los científicos es la verdadera causante del perfume en cuestión, la geosmina. Bienvenida seas, vengas de dónde vengas, porque ha sido un placer reencontrarte.

martes, junio 19, 2018

INTERNET NACIO EN NUESTRAS ACERAS



Internet ha existido siempre, puede que su formato fuese distinto, pero su función básica: recolectar, almacenar y difundir información, eso lo hacían ya nuestras abuelas cuando cabalgaban por la noches de verano en sus sillas de enea, que nacían en todas las aceras de nuestros pueblos. No utilizaban teclados, ni ratones, para acceder a la información y navegar por ella. Su labia, y su cháchara, eran los dispositivos, inalámbricos, que le facilitaban el acceso, a cualquier noticia o chisme. Todo lo que respiraba, y pasase, a menos de diez metros de sus solios de enea, debía hacer una paradita, para, “descargarle” las novedades, a las guardianas de las aceras, quienes propiciaban, aquellos encuentros informativos, y confidenciales, con éste santo y seña:

- Buenas noches, fulanito, ¿cómo estás? Oye, ¿y tu padre?, hace tiempo que no lo veo, anda que no hemos jugado nada tu padre y yo…

Captada la presa, se procedía a la extracción de todos los pormenores posibles.
Que si cuántos años tenía, en qué trabajaba, que si se casó, que si tenía niños, que dónde iba ahora…copiar y pegar, copiar y pegar, en su insaciable disco duro. Una vez exprimido el sujeto en cuestión, se le dejaba ir.

- Ea…pues vaya usted con Dios…hasta otro ratito. Buenas noches.

           A partir de ahí, cualquier internauta (vecino, amigo, conocido o desconocido), daba la contraseña de acceso : - Buenas noches, ¿cómo estamos?, y tenían acceso inmediato a todos los informes, mensajes, y datos recopilados. Como aún no existía el cd, nuestras abuelas utilizaban su propio formato, el rumor, muy barato por cierto, porque se podían regrabar cuántas veces se quisiera, y volvía a estrenarse. En cuánto a las herramientas de tratamiento de textos, las tenían todas. Si querían darle importancia a la comunicación que iban a dar, en vez de negrillas, ó subrayado, bajaban la voz hasta el susurro, e introducían el mensaje, con la misma coletilla siempre:

- Mira, no se lo vayas a decir a nadie, por lo que más quieras, te lo digo a ti porque eres tú… no te has enterado de que…

           Normalmente, la mayoría de las veces, la noticia era una barriga (que es como se le llamaba a los embarazos fuera del matrimonio). Entonces, el usuario, ó interlocutor, en vez de pulsar INTRO, para confirmar, exclamaba un: -¡No me digas….anda ya, mujé…¡
          Terminado el proceso, la consulta telemática y eneática, se procedía a la desconexión. Nada de darle cien veces a escape, para abandonar la sesión, símplemente las abuelas se levantaban de su silla, y la arrastraban hasta la cocina, confirmando que estaban fuera de uso con un :
         
 - Me voy pá dentro, que estoy baldá de las piernas.
Manolo  Martínez

Paciencia

"La paciencia es un árbol de raíces amargas, pero sus frutos son muy dulces" 

viernes, junio 15, 2018

EN EL CIELO


¿Han  reparado  ustedes  en  la conversión que  sufrimos  al  viajar  en avión? Es  fulminante. Como  la de San  Pablo al ser  derribado del  caballo. Son  los  segundos  previos al  despegue los  que  desencadenan ese  miedo  paralizante. Toda  nuestra  vida pasa ante nosotros en un momento fugaz. Justo antes del vuelo, una  azafata angelical nos instruye soplando por un  salvavidas,  por  si acaso …y  uno  se pregunta mientras sonríe a la  azafata, ¿y por qué  tanta  cautela, y de  dónde  saca  uno  el aire  para  soplar si aquello se viniera  o viniese abajo?
Se  produce una  ósmosis entre  la aceleración de nuestro  motor  vital y la del  avión. Comienza  una carrera  infernal por  la pista. Ya no  hay  vuelta  atrás, "Alea Iacta Es"
Nuestra lengua empuja el corazón  hacia dentro y es, en esos escasos  segundos  del  despegue, cuando buscamos con disimulo la  mano del compañer@. La  asimos, la apretamos, y le  musitamos un te quiero que ni es te quiero ni ná, es TERROR, que somatizamos en un "apretón" del tubo digestivo del que culpamos al Cola-Cao, ¿qué Cola-Cao?, pero si aún no habías desayunado. Es  entonces  cuando reparamos en que deberíamos haberle ayudado a recoger  la mesa la noche anterior, o que no tendríamos que habernos mosqueado con el compañero de trabajo. Todo son  arrepentimientos, golpes  de pecho y un  “mea  culpa “  interminable.
       
-    ¿Qué  es  eso?  ¡Algo  falla!

Un  ruido  extraño bajo nuestros pies  nos   dispara la  adrenalina.

        - ¡Ufff..., era  el  tren  de aterrizaje, que se había  recogido!             ¡Qué  tontería!

Las   azafatas  van  y  vienen sonriendo más que el presentador de Salud al día. ¿Pero de qué se ríen las muy estúpidas?, si no estamos jugando la vida. Al poco, la  voz  del  piloto nos  anuncia que estamos a no sé cuántos miles  de pies  de altura.
                 A esa distancia no somos nadie. Se nos quitan todas las chulerías. Es  como cuando estamos boquiabiertos en el sillón  del dentista, o como cuando le “ofrecemos” una nalga al ATS, presto a estoquearla. Tanto  estrés, tanta lucha, tanta soberbia, para que en unos minutos, un niñato uniformado con el carné de piloto nos deje “con el culo al aire“.
A 8.0000 metros facemos  propósito de enmienda: 

- Juro por lo más sagrado que voy a cambiar, que no seré tan fijoputa, que donaré sangre, que recogeré la cocina, que pondré el resto de mi vida el rollo de papel higiénico cuando se acabe, juro...lo juro todo...


Quizás  sea  por la cercanía del  Todopoderoso  entre  las nubes, o quizás por  el miedo a que ese sea nuestro postrero viaje. Da igual el quizás, lo único que queremos es acabar.

Las  compañías aéreas y la Iglesia debieran firmar un convenio:


Tras la confesión dominical nada de tres padrenuestros y un avemaría, que regalen en las misas billetes de avión a cualquier lugar de nuestra geografía.
A miles de metros sobre nuestras camas y tabernas, “el pájaro de hierro” recauda más  arrepentimientos y buenos propósitos que todos los  curas  del mundo juntos. Feliz vuelo.
Manolo Martínez

jueves, junio 14, 2018

A MANUELA

Aunque Manuela nunca fue al colegio, porque sus padres no la llevaron,  ella siempre se las apañó para salir adelante. Sumisa donde las haya, jamás rechista ni sale de su casa. Introvertida, hasta rozar lo patológico, no sabe lo que es hablar con un desconocido. Manuela nunca ha pisado una taberna, ni una discoteca, ni siquiera ha ido a votar. Como dirían los machistas, es una hembra de las de antes, una joya. Su carácter reservado, casi huidizo, la hace pasear  en silencio en compañía de doña soledad. Juntas persiguen los últimos rayos de sol  de la tarde. De cuando en cuando, suspenden la  excursión y observan a su alrededor. Supongo que meditan sobre lo observado, y reemprenden su camino.  Es dócil y dulce, no habla por no molestar. Trabajar no ha trabajado nunca. Ella dice que como para comer tiene...y comer, come muy poco. Demasiado poco. Estoy pensando en llevarla al psicólogo. Hay temporadas en la que pasa días enteros sin probar bocado, ¿tendrá anorexia?. El perfil lo da: insegura, dependiente, cohibida...Nunca le he conocido varón a su lado. Su rostro delata su aburrimiento. Ni fuma, ni bebe ...ni siquiera ve la tele. Al menos asiste a clases de Taichi, o eso creo, cuando la veo  andar con esa parsimonia casi de protocolo. Seguro que le hará bien salir de su ostracismo. Aunque, dada su edad, tampoco espero grandes cambios. Ignoro lo que piensa, y eso me apena. Yo querría que se desahogara conmigo. Para eso están los amigos, pero ella masculla y rumia sus problemas. Y calla. Siempre calla. Que mal político sería... o qué bueno, según se mire. Mentir no nos iba a mentir, pongo mi mano en el fuego por ella. Dicen que la sabiduría se refleja más en lo que se silencia, que en lo que se expresa. De ser así, no  existe nadie más erudito que Manuela. Últimamente casi ni me mira. No sé si andará  enfadada porque no la invito al cine. Pero como yo le he dicho... “para lo que hay que ver, mejor nos quedamos en casa...” Su  rostro arrugado y  sus ojillos saltones investigan la vida cada día, sin prisas. Pero tiene tan bien adiestrados los músculos de su cara, que no encontramos ninguna traducción en sus facciones. No se la ve triste, ni alegre. La indiferencia maquilla los pliegues de su piel que denotan los muchos años vividos. Lo mismo le da que España gane al Baloncesto, que el Betis permanezca en segunda. Hay veces que me desespera ese estoicismo de andar por casa, pero me contengo y la dejo en paz, ya quedan pocas tortugas como mi Manuela.
Manolo Martínez

martes, junio 12, 2018

Transformistas sociales


El cambio de registro es una habilidad social imprescindible para relacionarnos con los demás. ¿Cómo le vas a hablar en los mismos términos al cliente y al proveedor, y como utilizas el mismo tono al policía y al ladrón? Yo soy yo y mis circunstancias, dijo un sabio, y la clavó, la sentencia digo. Pero la adaptación al contexto es una cosa, y la transfiguración es otra bien distinta. Pero existen esos transformistas. No son alienígenas, son seres con tal punto de cinismo que se engañan a sí mismo. Yo conocí a uno con tal capacidad de contar "enreos", que acababa creyéndoselos él mismo, pero olvidando que por mucho que digas la misma mentira una y otra vez, no la convierte en verdad. Dios nos libre de estos tóxicos que van contando mentiras y vistiéndolas de verdades.
 Al final los hechos desmontan esas mil caras, o no. 

sábado, junio 09, 2018

Las cosas han cambiado


Las cosas han cambiado y ya no hay vuelta atrás. Es así y punto, o punto y pelota, como dice mi mujer cuando pone el punto final a una disputa. Ahora cocina él mientras ella pasa repaso a "las tropas". 
Canjeamos posturas quedándonos en cueros ante los nuevos roles. Y no pasa nada, salvo que las miradas cambian de propietario, y las manos se inquietan ante la permuta de faenas. Tan seductor es rebañar como estirar para mirar. Dejar la puerta abierta a nuevas primeras veces es haber aprendido a vivir, buen provecho.


 Escrito por Manolo Martínez.

quizas te interese

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...