CARPE DIEM



Dentro de veinte años, lamentarás más las cosas que no hiciste, que las que sí hiciste. Así que, suelta amarras y abandona el puerto seguro. Atrapa los vientos en tus velas. Explora. Sueña. Descubre.


domingo, mayo 15, 2022

LAS VOCES

Siempre dormí mal, pero aprendí, gracias al aburrimiento de las muchas horas en vela, a sacarle partido a ese mal sueño, y convertir lo malo en bueno. 

Tengo claro que si Morfeo se hubiese llevado bien conmigo, no habría tenido tiempo de organizar tertulias, ni de estudiar literatura en la UNED, ni de leer, ni de escribir esto que ahora estoy garabateando, porque estaría durmiendo.

Todo eso pude hacerlo en el bendito silencio de la madrugada, mientras el resto de la familia dormía.

Pero claro, todo tiene un precio, y maldormir no es desde luego un buen aval para la salud. Por eso me escamé tanto hace un par de días, cuando no me levanté temprano por falta de sueño, sino porque empecé a escuchar voces, y me acojoné. 

Oigo voces, doctor le dije a mi médico—  

—¿Toma usted estupefacientes, alcohol o cualquier otro tipo de drogas? 

Nunca, jamás, bueno… alguna cervecita, una o dos copas de manzanilla, el cubatita … en fin… usted sabe… lo normal en estos días. 

Perdone usted, —me interrumpió el galeno— eso no es lo normal, lo normal es beber agua. 

—¿Agua? Con el dineral que usted gana, ¿y bebe agua?  le disparé al médico 


 

Vamos a seguir, que tengo pacientes esperando. Me decía usted que escuchaba voces…, ¿y qué le dicen esas voces? 

Eso es lo que más me preocupa, doctor, me dicen cosas muy raras, frases deshilachadas que no tienen sentido. No estaré loco…, ¿no doctor? Y si lo estoy no me lo diga, por favor. Me manda las pastillas que sean y santas pascuas- 

—Pero, ¿me va a decir usted qué le dicen esas voces o no? —insistió el facultativo— 

 —De todo doctor, de todo. La que más se repite me grita: ¡Chocolatería Hermanos Pernía!, aunque también me dicen a menudo “…lo estamos dando…lo estamos regalando”, y también  “caballero…otro perrito piloto”.

Otras veces, distintas, me cantan sin parar: “sueña la margarita con ser romero…” o “mírala cara a cara que es la primera…”, ó “María la morena morena, puso un potajee” 

Vale amigo, no siga. No es grave, tranquilícese. Se llama Síndrome del Feriante, sólo dura unos días, pero debe usted interrumpir inmediatamente sus idas y venidas a la feria. De momento, y como medida preventiva, déjeme usted encima de la mesa todos los tickets que le queden por consumir de su caseta. ¡Ah…muy importante! Apúnteme detrás del talonario de tickets, el nombre de su caseta y la dirección.

Por cierto, me preguntó el médico— ¿hay en su caseta manzanilla la Gabriela?, ¿Y el pescaíto? ¿Es bueno el pescaíto?

Manolo  Martínez

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sábado, mayo 14, 2022

A LA MEMORIA DE SERGIO CORREA

    Que hermosa edad ésta en la que uno ya se resiste a casi todo, como hace el caballo cuando le intentan poner el arnés en la cabeza, cuando por fin entiendes, que nada es tan importante como para dejárselo poner. 

 Esta edad en la que uno se desamarra, abandona el puerto seguro y se echa al mar a inspirar la sal de las tardes, aún a sabiendas de que la mar está viva, y en cualquier momento, los días de calma chicha, pueden ser días de olas que te arrastren hasta el fondo. 

La edad en la que uno deja de posar para mirarse al espejo, desnudo, sin complejos, teniendo claro que somos lo que vemos en el cristal, no lo que quisimos o creímos ser. 

Esta edad en la que te liberas de repensar lo que vas a decir, de repeinar las palabras para que ninguna se caiga de tu boca a una oreja maliciosa. 

La edad en la que uno da un paso tras otro sin mirar abajo, como el funambulista, porque ya viste, en otros que te precedieron, que no hay arriba ni abajo, sólo hay distintos caminos. 

Y que todos esos caminos te llevan al mismo sitio, y no es Roma. 

Por todo esto, Sergio, estuvimos de acuerdo, en las pocas pero enjundiosas palabras que intercambiamos, que no hay dinero que pague el tiempo. 

Esa falta de tiempo que no nos permitió compartir una cerveza.

Me tomaré esas dos cervezas ahora, la tuya y la mía, pero las dos serán a tu memoria.

Manolo  Martínez

viernes, mayo 13, 2022

REBUJITO CON APIRETAL


Una vez al año, en primavera, se reúne el Sanedrín. Madres y abuelas, en “porcojonescracia”, deciden los hábitos que deberán lucir, durante la Feria, esos inocentes de dos o tres mayos. En menos de cinco minutos ya hay “fumatta blanca”. 

No hubo problemas con la oposición del padre y del abuelo. Eran dos contra dos. Mayoría absoluta, clarísima. 

Cuarenta centímetros de niño de traje corto, y una diminuta niña de faralaes. Es como si le diésemos vida a los muñequitos que adornaban el televisor de la abuela, casi dos hologramas. En ese microondas que llaman caseta, el sudor baña la cara de una criaturita que acoge en su cuerpo menudo más volantes que el “Virgen Macarena”. 

El amor de madre le hace vocearle al patriarca: 

—Pepe, con el rebujito, pide otra media de Apiretal. Algo la refrescará. 

Cualquier cosa menos quitarle el traje de flamenca. Con lo graciosa que va. 


En el otro extremo de la caseta, un angelito de dos años, “tira” como puede de un par de botos de Valverde del Camino, de kilo y medio cada uno (eso también son malos tratos).

Mientras, de las tres raciones pedidas, tan sólo una llega a la falda de la abuela. El resto han sido engullidas por ese ente intangible que devora y no paga, y que habita en todas las casetas. 

Unas boquitas naranjas escupen pompitas de jabón. Son las dos gambas supervivientes al naufragio del mistol de unos platos recién lavados… con lo a gusto que se come en casa. 

Menos mal que la manzanilla, ese líquido amniótico que nos envuelve durante cuatro días y cinco noches, hace que nos riamos de tanto despropósito. 

Y el lunes, mientras el sol se muere un día más, el estómago, fiel a las leyes kármicas, nos devuelve con intereses incluidos, los malos tratos recibidos. Fatiguitas de muerte, mareos y malestar general. 

Manolo Martínez

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sábado, mayo 07, 2022

MENOS MISILES Y MÁS PAVÍAS DE BACALAO


Mientras voy en busca de mi caseta del Búcaro para compartir con los amigos de siempre el vino de siempre y las conversaciones de siempre, me quedo mirando a una flamenca vestida de madre gritándole a su niño: 

¡Pablo! ¡Qué vengas cuando te llamo! 

Mientras Pablo, obediente a su desobediencia, corre despavorido apartando piernas a su paso hasta que... ¡las dos rodillas… a tierra por iguá! 

Llanto que suma decibelios al ensordecedor altavoz que martillea por enésima vez: 

“Mírala cara a cara… que es la pri-me-raaaa…” 

Pablito es un surtidor de lágrimas mientras su flamenca madre retira de sus rodillas un tapón de Cruzcampo, una servilleta de papel con carmín y trozo de calamar, un ducado medio apagado, un ojo de gamba… (aquello parece un conjuro), y por último, con la bendita toallita húmeda, retira albero de sus piernas como para cubrir la Maestranza.  

La feria, como el verano, como la risa, va cosida a la edad. Bendita seas tú, entre todas las ferias, la feria de los cinco años, la que no tiene más preocupaciones "queladeque" la fila de espera de los cacharritos sea breve como el suspiro del mar. 

Ahora ya, con más canas que cabello negro, me quedo de la Feria los apartes, los tiempos muertos; cuando el bullicio se retira a darle puchero al estómago y la caseta, medio vacía, se viste con una sevillana dicha (que no cantada), del Pali, aquel sabio que dijo aquello de “Señores, menos misiles y más pavías de bacalao”. 

…y el domingo, cuando el sol cierra los ojos, y no nos cabe más Feria en el cuerpo, y mientras la parienta habla, habla y habla en el mismo portal de la ya ex_Feria, a nosotros se nos “enciende” la punta del dedo índice, y repetimos obsesívamente:

 Mi caaaasa, mi caaaaasa, mi caaaasaa…. 

Manolo Martínez

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domingo, mayo 01, 2022

EL NUEVO BAR PASEO

La vida es una continua mudanza, y ese cambio son las ruedas que nos permiten seguir empujando las ilusiones sin que nos pesen. 

El bar paseo ha liado sus bártulos, se ha echado el hatillo al hombro y recorrido apenas media docena de metros más arriba, suficiente para volver a empezar. 

Ahora se está más a gusto en su interior, porque, al igual que nos ocurre a las personas, el cambio le ha ensanchando el alma. 


A veces es necesario mudar de aires para seguir siendo el mismo, por eso, entre cuadro y cuadro, han colgado al amor en una de sus paredes blancas, para que quede claro, que todo cuanto allí se hace, desde sus insuperables calamares hasta el trato, nace del cariño. 

Desde la acera del Bar Paseo podrás seguir contemplando, en la orilla de enfrente,  ver como corre la vida en forma de niño, y al llegar diciembre, serás el primero en ver la navidad transformada en árbol. 

Larga vida, señora, a usted, y a su nueva casa.

Manolo Martínez

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sábado, abril 30, 2022

CUÉNTAME CARMONA (Capítulo 1)


El pasado jueves celebramos en Mingalario la tertulia número 50 de “Comer, Beber y Hablar”. 

Lo hicimos dando un paseo por la Carmona de antes a través de las historias de Carmona contada por algunos de sus protagonistas: Manolo Macedo, Julio Pastor, Pepe Ibáñez y Francisco Gallego, quienes durante dos horas nos trasladaron al Teatro Cerezo, la Feria, las tabernas y los médicos de aquella Carmona en blanco y negro. 

Elegimos para esa caminata por los recuerdos la taberna con más solera de Carmona, Mingalario, en la que su dueño, y mi amigo, ese gran profesional que es Antonio Martínez, nos deleitó con buenos vinos y mejores tapas, ambos servidos por el siempre agradable Fran, de espléndida caballera. 


Abrió la tertulia Julio Pastor que vino cargado de carteles, entradas, agendas escritas por su padre, Julito Pastor, en la que con el mimo de quien ama lo que hace, anotó las incidencias de toda una vida dedicada al cine. Julio nos contó con exquisito detalle de  pormenores y anécdotas aquellos años en los que el cine era la única evasión que tenía la sociedad. Fue maravilloso escuchar a hombre que después de dejar las aulas se ha subido al escenario para seguir construyendo historias, ahora desde su nueva ocupación, actor de teatro. Feliz de haberte conocido don Julio, gracias. 

Si Julio nos abrió el apetito para zambullirnos en el pasado, Manolo Macedo llenó el salón de Mingalario de risas con su prodigiosa memoria de rapsoda, sus chistes y su inagotable anecdotario. Desde su trabajo dando números para el médico como funcionario de la sanidad, hizo feliz a muchos carmonenses con su maravilloso sentido del humor, un artista de los pies a la cabeza. 



Luego le llegó el turno a Pepe Ibáñez, sin lugar a dudas, una de las personas más queridas de Carmona, por su afabilidad y sus maneras, siempre templadas y dialogantes, y su absoluta entrega a todo cuánto emprende, siempre sumando. Nos habló de la feria de antes, tan participativa, desde su labor como presidente de la Peña La Giraldilla. 


Como benjamín de aquel póker de tertulianos, Francisco Gallego, tertuliano veterano de “Comer, beber y hablar” nos deleitó con su verbo fácil hablándonos de aquellas tabernas de entonces: Gamero, Casa Chacón, El Mesón de la Reja, Pajarito, La Cuadra…

Nos habló de los tratos, los tratantes, de Los Giraldillos… Francisco es una maravilloso conversador, siempre con algún destello de humor que adorna su sabrosa conversación. Gracias amigo, muchos años compartiendo tertulia, y los que nos quedan. 


La grandeza de una tertulia está en la diversidad, porque lejos de enfrentarnos por los distintos, nos enriquecemos con la atenta escucha del otro. En Mingalario nos reunimos aquella noche médicos, trabajadores de la banca, profesores, funcionarios, estilistas del cabello, joyeros, jubilados, autónomos, sanitarios, comerciales, personas del mundo de la cultura, farmacéuticos... componiendo una tertulia con casi treinta personas, treinta puntos de vista, treinta cabezas llenas de recuerdos y vivencias.


Y por si fuera poco, don Antonio, el cura de San Pedro, que pasaba por allí, se unió en la última cuestión que planteamos en la tertulia ¿éramos más felices antes, aún teniendo menos cosas? 













No puedo acabar esta reseña sin agradecer al responsable de este precioso reportaje fotográfico, Enrique, tertuliano desde el minuto cero. Gracias de corazón.


Tertulia “Comer, beber y hablar”

Carmona, tercer día del  cuarto mes, del año dos mil veintidós

Manolo  Martínez

 

domingo, abril 24, 2022

LAS CUÑAS DE CHOCOLATE DEL RANA, Y DOS CIGARRITOS "FIAOS"

—¡Rana! Una cuña de chocolate y dos cigarritos a cuenta. 

Esta era la frase más repetida entre los bachilleres de finales de los años setenta en el Maese Rodrigo. 

Ni las declinaciones de latín, ni siquiera el etiquetado de los bichos asquerosos (gusanos y ciempiés) con nombres inmemorizables (miriápodos, platelmintos...) eran tan reproducidos como aquel “Una cuña de chocolate y dos cigarritos a cuenta” 

Lo que son las cosas. A “esto” que vemos en la fotografía ha quedado reducido aquel bendito "Ventorrillo del Rana", alfa y omega de nuestra pubertad. 

Allí nos fumamos los primeros cigarros, allí el Rana nos tenía al día de quién le gustaba a la niña que nos gustaba, y allí, en aquel cachito de confesionario, ahora pintarrajeado, conversábamos con aquel hombre siempre asomado a su ventana-mostrador, sobre las cosas del mundo. 

Ojú Rana, quien pudiera volver a pedirte una cervecita “fiá”, mientras nos dabas consejo sobre como trajinarnos a la más bonita de la clase con aires de media capita.

Manolo Martínez

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