CARPE DIEM



Dentro de veinte años, lamentarás más las cosas que no hiciste, que las que sí hiciste. Así que, suelta amarras y abandona el puerto seguro. Atrapa los vientos en tus velas. Explora. Sueña. Descubre.


domingo, junio 28, 2026

EL TIEMPO AMARILLO

Hace unos días, mientras paseábamos mi mujer y yo por el  balcón de Carmona, el parque del Almendral, vimos a tres abuelos sentados en los asientos de piedra charlando mientras miraban las nubes. 

Coincidimos en lo soberbios e ignorantes que somos de jóvenes, cuando creemos que nunca seremos viejos. 


Por curarme el alma, nada más llegar a casa, cogí la caja de galletas en la que no hay galletas, sino fotografías. Me gusta guardar las fotos más viejas en aquellas latas, como hacían nuestras abuelas.

Removí la caja antes de abrirla, para que se arrebujara el tiempo allí dentro. Me divierte sacar, sin orden alguno, distintos momentos de mi vida cada vez que abro el pasado.

Y aunque me arruga el ánimo comprobar que cincuenta años caben en tan poco espacio, también me hace gracia repasar mi vida en un santiamén.

Saco mi biografía a puñados de aquella caja. Junto a una fotografía en la que estoy con mi madre un día de campo siendo aún niño,  hay otra en la que aparezco en mi primer trabajo, y entre ambas, mi primera foto de recién casado.

Esta es la vida, un relámpago, una caja de galletas llena de fotografías que se arrebujan entre sí. 

Como esta última, en la azotea de mis padres, desde la que adivino el paso del tiempo cuando observo las dos espadañas, la vieja y la novicia, de la iglesia de San Francisco, como un calco de cómo pasan los años también para nosotros.

Y es que todo ha pasado tan deprisa que no me he dado cuenta de que el tiempo se ha puesto, también para mi, amarillo, como decía Miguel Hernández: 

“Pero yo sé que algún día

se pondrá el tiempo amarillo

sobre mi fotografía"

    Manolo Martínez

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sábado, junio 27, 2026

Aquella novia que veía las puertas chicas


Docena y media de cervezas para aliviar las calores me han traído el recuerdo de un amor adolescente que duró justo lo que dura un verano. Era guapa, y pija, tanto que tenía una amiga cuya condición "sine qua non" para dejarse querer es que el elegido en cuestión vistiera pantalones de color rojo (vestimenta oficial en los ochentas de los "borjamaris") 

Aquella novieta me dijo un día que la puerta de mi casa era "mu chica". A mí me chocó que calificara de reducida una puerta por la que entraban a diario mis padres, mis hermanos, yo, mis dos abuelas, alguna vecina y no sé cuántos amigos. No pasábamos todos a la vez, obviamente, y aún así  negué que aquella fuera mi casa como San Pedro negó a Jesús, tres veces. 

 ¿Chica la puerta de mi casa? Te habrás equivocado guapetona, esa no era mi casa. Por la puerta de mi casa entran caballos haciendo el paso español. 

Hoy, más viejo, que no más sabio, entiendo que la estrechez no estaba en la puerta sino en mi cándida cabeza adolescente. 

Por los pantalones "coloraos" no pasé, me daba igual lo que pensara su amiga, pero lo hice casi peor, me embutí unos amarillos, como los de Miguel Bosé cuando cantaba "Don diablo se ha escapado...", y una tarde de domingo me lucí con ellos por la calle principal del pueblo. 

Iba yo "pa chillarme", tanto que escuché a mi paso decir a un vecino:  

           Niño, ¿tu padre te ha visto?    

                                        Manolo Martínez

sábado, junio 20, 2026

SEÑALES

 

De un tiempo a esta parte vengo notando que mi mujer y yo nos repetimos la misma cosa varias veces. 

Además, mientras cenamos viendo el telediario, ella me comenta a mi, y yo le explico a ella, lo que ambos acabamos de oírle al presentador. 

Exactamente lo mismo, con las mismas letras y la misma entonación. Y lo gracioso es que se lo vendemos a la media naranja como si le estuviésemos dando una exclusiva. 

No contentos con la concesión, además le desmenuzamos el contenido, dando por hecho dos cosas: 

una, que el cónyuge, aún estando sentado a nuestro lado, no ha escuchado la noticia,

y dos, que suponiendo que sí la haya oído, estamos seguros de que no la ha entendido. 

Siendo conscientes, mi mujer y yo, de dichas figuraciones, lo hablamos, nos reímos…, pero irremediablemente seguimos haciéndolo.

¿Y si fueran señales? Las primeras huellas que deja una vejez que camina hacia nosotros, la punta del iceberg de la chochez. 

Po va a ser que sí, porque también empiezo a sentarme en la orilla de la cama, para ponerme los calcetines, como si estuviese al borde de un barranco.

¿Qué será lo próximo?

¿Cuánto tardaré yo en pararme a mirar las obras del pueblo con las manos detrás?

Al final llevaba razón Séneca cuando dijo:

“No es que tengamos poco tiempo, es que perdemos mucho”.

Manolo Martínez

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sábado, junio 13, 2026

UNA TORTILLA CON HUEVOS DE CAMPO


Que ricas están las tortillas que se hacen con huevos de campo, nada que ver con las que se hacen con los de gallinas enjauladas, que ni comen lombrices, ni hierbas, ni las sobras del almuerzo con sus cáscaras de melón y sus cachitos de pan duro. 

A veces, la felicidad, como los huevos de campo, se hace con todo lo que nos vamos encontrado a lo largo de ese hermoso labrantío que es cada día de vida: la briega, los hijos, las risas, los disgustos, la libertad, o la falta de ella que nos hace valorarla aún más si cabe. 

Otras veces los miedos nos arrean hasta encerrarnos y se nos va el día picoteando “piensos” (pensamos demasiado). 

Escarbar hasta encontrar la verdad no está mal, aunque, a veces, nos cueste tragarnos esas verdades que se retuercen como la lombriz en el pico de la gallina antes de pasar al buche.

Manolo Martínez

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sábado, mayo 09, 2026

CASI FERIA, O LA FERIA DE CASIMIRO

Sobre  las  tres de la tarde Casimiro pisa el albero. 

Casimiro es pequeño, peludo, suave, tan blando por fuera como por dentro. 

Lo dejas suelto y se va a los TRANQUILOTES, a la AMISTAD, al BÚCARO, o a la primera que vea con un hueco en la barra. Entonces acaricia tibiamente con su boca,  rebujitos y manchaítos.  Lo llamas dulcemente:   

     Casimiroooo… 

 …y Casi viene a ti con un trotecillo alegre. 

Come  cuanto le das: calamares, adobo, almejas y solomillos. 

Hace el  paseíllo, de caseta en caseta, hecho un pincel. Camisa y pantalón de estreno. Sus gafas Rayban, encasquetadas en un pelo acartonado por kilo y medio de Patrico. 

El número de rebujitos ingerido aumenta con el paso de las horas, y con ellos, comienza la metamorfosis. Casimiro ya no es Casimiro, es Casi Feria. 

Media camisa desabrochada, luciendo pecho. La pelambrera del macho hispano en todo su esplendor, y flanqueando el “macetón  epidérmico”, tres talonarios de tickets asoman desafiantes por el bolsillo de la camisa. 

A Casi-Feria ya no se le entiende nada. Balbucea, ríe, gruñe…, no hay logopeda que remedie esa torre de babel etílica. 

 Las sillas de Teodosio dan compañía a su familia. Su mujer, la hija y el yerno le contemplan tras un burladero de medias botellas y medias raciones. 

— Casi, cariño, ¿que te pasa?  (le pregunta su mujer preocupada) 

  ¡Que me dejes…! (responde el consorte con malaje)

El  yerno le quita a escondidas un cubata a medio acabar, y Casimiro, con los ojos inyectados de sangre, la lengua bífida y la camisa por fuera comienza la búsqueda de los HERMANOS   PERNIA, cambiando el trotecillo alegre y garboso, por un trote cochinero.   

Con  las primeras luces, la metamorfosis se ha consumado.

 — Con lo guapo que venías… (se lamenta su mujer cuando observa a aquel prehomínido que dormita, utilizando como almohada el papel lleno de manchas de los calentitos.      



El  yerno, que buen yerno, de los que ya no hay, se pasa un brazo de Casimiro por detrás del cuello, y la hija imita el gesto con el otro brazo. Su santa esposa dirige la cofradía San Antón abajo. De costero a costero. ¡Qué cuadro! 

A la altura del Tota, levanta la cabeza el penitente: 

     Pararse  ahí. Vamos a tomarnos la última. 

Sus dos costaleros giran despacio sobre sus pasos, y en un derroche de fuerzas, aúpan a Casimiro y le sientan en un contenedor de basura: 

— Deja algún dinero al lado (dice la esposa), que si no no se lo llevan.  

Manolo Martínez

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domingo, mayo 03, 2026

LA FERIA (de JOSELITO PÉREZ a ÁLVARO MORENO)

De chico yo iba a la feria con mis padres, mi flequillo, una rebequita de Joselito Pérez y un puñado de lágrimas preparadas para exigir todo lo que se me iba antojando.

Ahora voy a la feria sin flequillo, sin lágrimas, y con la cara larga porque, o voy sin ganas, o cuando voy no me quiero recohé.
De chico se me ponía la cara naranja, como a Trump, por la cantidad de Fantas que me metía entre pecho y espalda.
Ahora se me pone la cara blanca, porque se me baja la tensión con la caló, o porque tomo más pucheros que vinos.
De chico me sobraba rebeca por tos laos, ahora no tengo cojones de abrocharme los dos botones de mi chaqueta Álvaro Moreno.
De niño llevaba, dentro de mis zapatos gorilas, dos algodoncitos pegados a dos cebaduras en los talones; y ahora, de viejo, llevo fascitis y callos dentro de mis castellanos coloraos.
De chico tiraba de la mano de mi padre padentro, pa la feria, ahora reculo, como los toros mansos, en cuanto escucho la tómbola, al turronero, o la música de los coches locos.
Conclusión: ¡Andaque no han cambiao ná las ferias!
No, hijo, no, sólo hemos cambiado de proveedores.
De Joselito Pérez a Álvaro Moreno, Del Bar Potaje a los Sibaritas y de la Pistas de Coches Locos Mary Tere a Mary Tere.
En definitiva, de chico me faltaba feria y ahora me sobra por tós laos, como la rebequita.

Manolo Martínez

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martes, abril 28, 2026

CUANDO NO ACEPTAS TU EDAD (Midorexia)

                   Hay gente que se lleva décadas cumpliendo cuarenta y tantos, y es que cuando pasamos de los cincuenta, la memoria nos falla cuando nos preguntan cuántos inviernos llevamos en los bolsillos, y vuelta la burra al trigo, cuarenta y tantos...

Envejecer no está tan mal si se hace con dignidad, lo que no significa que a partir de los cincuenta tengamos que salir a la calle con el pañuelo de doña Rogelia en la cabeza, pero por dios bendito, aunque tu mujer esté muertaypená por disfrazarte de veinteañero, no cedas.

Si te das un tinte caoba en los tres pelos que te quedan, te pones un pantaloncito “colorao”, un chaleco verde limón (siempre sobre los hombros), y unas gafas fashion que te tapan el careto, no te estás quitando años Andrés, te estás preparando para un casting del Circo del Sol.

Que no tengan tus amigos que decirte cuando te vean esta feria (depues de dos ferias sin verte por la pandemia)

—¡Jesús, María y José!, ¿eres tú, Andrés?

Unos le llaman midorexia, otros Síndrome de Peter Pan..., sea lo que sea, no lo vuelvas a hacer campeón, tómate un poquito de café bebío que te despabile, y búscate una pareja para jugar al dominó.

                                      Manolo Martínez

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domingo, abril 19, 2026

COMO UN GATO SIN DUEÑO


Miguel Ángel García Buza consigue mojarnos el alma en el Pilar de los Limones con esta bellísima fotografía. 

En 1877 se construyó este abrevadero para aliviar la sed de los animales que iban a la feria anual del ganado, origen de la actual Feria de Mayo en la que, por cierto, a la vista de los precios que están cogiendo manzanillas y rebujitos, uno se siente como un gato sin dueño que va de caseta en caseta buscando los más asequibles. 

¿Sería posible que nos pusieran, a los “tiesos”, un abrevadero etílico antes de entrar en la feria, como aquellos añorados Bar Potaje y Bar Ibiza dónde hacíamos las primera paraíta sin que nos vaciaran los bolsillos? 

Manolo Martínez

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sábado, abril 18, 2026

EL BALCÓN EMBUSTERO


Tenía las piernas tan largas como la risa de un niño. 

Todas las tardes, a la hora de la merienda, se contoneaba delante de su balcón, dejando que, su minifalda, ardiera en su frente. Gumersindo la aguarda sentado, junto a la mesa camilla, escondido tras la organza del visillo. 

Una rebanada de pan, untada de nocilla, le añadía años al trazarle un bigote de chocolate en cada mordisco. Cada tarde se repetía un ritual. Justo cuando el cuello de Gumer, trasladaba su cabeza hasta la frontera del cristal del balcón, aparecía su madre, por detrás, y de un guantazo, hacía que su frente chocara contra el vidrio, mientras le inquiría:

 ¿Qué miras?

 Nada, mamá, nada (la aliviaba, Gumer, tras su mentira)

Treinta años hicieron falta para que, aquella visión de infinitas piernas, subiera las escaleras de Gumersindo, se quitara la minúscula minifalda y…, se pusiera la bata de guatiné, tres docenas de rulos encima de la cabeza, y por las tardes, se pusiera detrás de él y le atizara en la nuca, aplastándole el cigarro contra el cristal del balcón, mientras le espetaba:

 ¿Qué miras?

 La vida pasar, mi amor, la vida pasar…

Aquel balcón le había mentido. Quién ahora tenía tras su espalda no tenía nada que ver con aquella que se lucía allá abajo, en la calle del deseo. 

Puso una reclamación en la oficina del consumidor y le escribió su caso al defensor del pueblo.

Ninguno de las dos le dieron una solución satisfactoria, por eso, Gumer, cada tarde, se asoma a su balcón, y sigue buscando a aquella muchacha que tenía las piernas tan largas como la risa de un niño.

Manolo Martínez

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sábado, abril 11, 2026

LA CIGÜEÑA


Hoy, que es mi cumpleaños, me he levantado pensando en las cigüeñas, porque hay que ver lo desagradecidos que somos todos si pensamos la de niños que han traído al mundo , y el único pago que han recibido, es decirles, a boca llena, que es mentira, que las cigüeñas no traen a los niños.

¿Que las cigüeñas no traen a los niños? Pues mira la de la foto como busca la suya.

Que sí, que las cosas han cambiado y ya no hay vuelta atrás.
Es así y punto, o punto y pelota, como dice mi mujer cuando pone el punto final a una disputa. Que ahora cocina él mientras ella pasa repaso a "las tropas".

Canjeamos posturas quedándonos en cueros ante los nuevos roles. Y no pasa nada, salvo que las miradas cambian de propietario y las manos se inquietan ante la permuta de faenas.
Tan seductor es rebañar como estirar para mirar. De acuerdo en todo, pero que no me diga nadie que las cigüeñas no traen a los niños. Entonces ¿quién los trae, coño, Seur?

Las cosas han cambiado


Las cosas han cambiado y ya no hay vuelta atrás. 

Es así y punto, o punto y pelota, como dice mi mujer cuando pone el punto final a una disputa. 

Ahora cocina él mientras ella pasa repaso a "las tropas". 

Canjeamos posturas quedándonos en cueros ante los nuevos roles. Y no pasa nada, salvo que las miradas cambian de propietario y las manos se inquietan ante la permuta de faenas. 

Tan seductor es rebañar como estirar para mirar. Dejar la puerta abierta a nuevas primeras veces es haber aprendido a vivir, buen provecho.

Manolo Martínez

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viernes, abril 03, 2026

EL TRIGUITO

Hay muchas cosas de la Semana Santa de antes que se echan de menos, y entre ellas, la presencia detrás de los pasos de Don José Contreras, “El Triguito”, aliviando la sed de los costaleros, con su cántaro lleno de agua fresca y su lata, de la que todos bebíamos sin remilgos. 

El tío iba bien vestido, de chaqueta y corbata, como mandaba la ocasión. 

El Triguito era la personificación de la primavera, imprevisible, o de tormenta o de chiste, pero verdadero. Diáfano en sus sentencias, y claro, como el agua de mayo. 

El Triguito no se movía entre Roma y Atenas, por lo que no decía aquello de “Si Tempos fugit, carpe diem”, sino que se paseaba entre el Mesón de la Reja y Gamero, por eso prefería achuchar diciendo: “Señores…,un buchito que nos vamos” 

Pero, sin lugar a dudas, su sentencia más famosa fue aquella que pregonaba a los cuatro vientos de: “Hay más tontos que piedras de mechero”. 

Y no le faltaba al hombre razón, de hecho sigue hoy vigente su dicho, porque, sabiendo, como sabemos, que estamos aquí dos días, ¿como nos hemos acostumbrado a ver una guerra en directo mientras comemos? 

¿Cómo se nos ha hecho el estómago a rebañar el yogurt mientras vemos niños muertos, o vagando por las calles solos, porque una bomba ha matado a sus padres y destrozado sus casas?

¿De qué estamos hecho? ¿En qué se ha convertido esta sociedad que presume de hablar por wassap desde cualquier parte del mundo, o de llegar a Marte? 

…pues sí, don José, tenía, y tiene "usté" toda la razón: “Hay más tontos que piedras de mechero” 

Fotografía de Gerardo Rodríguez

Manolo Martínez

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jueves, abril 02, 2026

"...Y EL CIELO SE OSCURECIÓ"


 Cada Miércoles Santo, Antonio Eslava Rubio, hace descender, desde el cielo de la Iglesia de San Francisco hasta el paso de la Quinta Angustia, al Cristo del Sagrado Descendimiento. 

Miguel Ángel López Vázquez captó ese momento en esta hermosa fotografía y la bautizó con las palabras de San Lucas que aludía al momento”…y el cielo se oscureció”. 

(Enhorabuena a Antonio Bermudo, Hermano Mayor de la Hermandad de la Quinta Angustia, por su tenaz esfuerzo para el reconocimiento del genial escultor carmonense). 

Manolo Martínez

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domingo, marzo 29, 2026

EL CALVARIO


Si le echas a cualquier guiso un puñaíto de arró, gana el guiso, igual que cuando le echas a cualquier día un puñaíto de amigos de toda la vida, gana el día. 

Por eso, docena y media de estos, empezamos la Semana Santa con un vía crucis campero que hizo su primera parada en unas papas riojanas. 

A media tarde, para que las papas, y los garbanzos, se fueran pabajo, hicimos una chicotá larga por el silencio del campo hasta llegar frente al río. Allí nos sentamos en un banco de hierro desde el que escuchamos hablar a las ranas en una laguna testigo de las últimas lluvias. 

Uno de los amigos fotografió este momento en el que reflexionábamos sobre…no me acuerdo sobre qué, el caso es que, estando en Semana Santa, y viendo ese puñado de calvas junto al río, bautizar la imagen es fácil: El Calvario. 

A nuestros años estos ratitos son oro. Gracias a Juan José, y a Mari-Geli, por regalárnoslos; y a la cocinera por darnos felicidad a cucharadas.

Andiamo

                                                                                             
Volar juntos a diario, ser vecinos en el tiempo y en el espacio, precisa del reposo. 

Y es ahí, en la quietud, dónde oteas el cielo, atisbas el precipicio, observas la circunstancia, y esperas que el viento te haga levantar de nuevo el vuelo, que no revoloteo, habiendo aprendido que la única forma de volver a volar juntos, es que cada uno lo haga con sus propias alas.  

Andiamo.                                             
                                                                                                                    Texto: Manolo Martínez
                                                                                                                     Foto: Fernando Baeza

              

sábado, marzo 28, 2026

SOMOS UN 90% DE NUMEROS Y EL RESTO AGUA


Desde que nacemos hasta que nos vamos, ¡sabe Dios dónde¡, toda nuestra existencia: amores y desamores, atardeceres y amaneceres, vivencias mil, quedan jibarizadas en cuatro números.                    

Nació el 21.04.65. Se casó el 6.12.81. Gana tanto y debe tanto. Todos hemos pasado de ser un 99% de agua a un 100% de números. Nuestros hijos no juegan al escondite o a “túlallevas”, su única obsesión es el número de poderes de su Pokémon. 

 Nos añadimos años en nuestra infancia con la misma avidez que nos los quitamos en la vejez. Total, los que nos quitamos por los que nos pusimos. Al final siempre nos quedamos con los que tenemos.             

Toda nuestra vida bajo La Dictadura de los números: peso 6 kilos más, necesito 80.000 para la hipoteca, faltan 20 días para las vacaciones, tengo 5 minutos para recoger a los niños del colegio…                   

El 8, el 15, el 20, el 21, el 40 y el 41, ¡ni el complementario! Vivimos en una continua cuenta atrás: 5-4-3-2…                          

¿Y  si nos relajamos…, Y RESPIRAMOS … , y damos un paseo cogidos de la mano?                       

¡Dios mio! ¡Pero si son las 5 y entraba a trabajar  a las 4! ¡Al paro! 

10 meses de desempleo.1000 horas de cursillos . 10.000 curriculum enviados. 

Un millón de entrevistas y colas, y cuando al final logramos sacar la cabeza por encima de la camisa: 2 palmos de tierra encima. El corazón. Fue el estrés, dijo el forense.                             

Y lo peor: ahí abajo no tenemos ni cajeros automáticos donde utilizar nuestras VISAS . ¡Con lo que nos gusta teclear los 4 números de la contraseña:****!         

        ¡Eres la alegría de la huerta, hijo¡ (me espetó mi mujer al leer esto)                                                                                          

     ¿Alegría? Pero si es lunes y me quedan 5 días hasta el  sábado.

      (Le  contesté, buscando un poco de comprensión). 

Se nos diluye la vida en una baile de números, como una gota de tinta en un vaso de agua, tiñéndola entera de cifras sin alma. 

A  VIVIR señores, que son 2  días.

sábado, marzo 21, 2026

ME SIENTO SOLO

                
Me siento solo, muy solo, y eso es lo que ocurre cuando uno no elige la soledad, sino que es la soledad la que te adopta a ti. 

Y da igual que estés rodeado de muchos, y que esos muchos también están solos. 

Pero yo es que estaba mal acostumbrado a ir con mi pareja a todos lados, y ahora me he quedado desparejado. 

Hoy he podido ver a todos los que estamos “sueltos” compartiendo la misma cama, y ni aún así, he conseguido ver que alguno de esos “singles” se casase con algún otro. 

Es increíble, parece una broma de mal gusto. ¿No os pasa a ustedes también, que por más que buscáis no encontráis la pareja? 

No puede ser que todos los que por aquí “andamos”, nunca mejor dicho, viniésemos juntos desde la fábrica, y ahora, nada más entrar en la lavadora, justo ahí nos divorciamos. No sé qué tiene el agua que nos separa. Será el detergente, o algún maleficio, el que nos desune, no se explica de otra forma. 

Algunos han optado por las parejas mixtas, pero no quedan bien, rayas con rombos, verdes con amarillos, ni lisos con puntitos, no es lo suyo. No tengo prejuicios ni perjuicios, y respeto a todas la condiciones y colores, lanas y nylon, pero es que no quedan bien coño, que no es lo suyo. 

Será que no consigo desengancharme de mi ex. Habrá que comprar los calcetines de cuatro en cuatro, para posibles segundas nupcias. 

Manolo Martínez 

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HAMBRE DE PRIMAVERA

Teníamos hambre de primavera porque tanta agua nos traía por la calle de la amargura, y nada como un Paso andando por la calle para anunciar su llegada. 

Francisco Herrería, Paco de Casa Paco, ha conseguido fotografiar el racheo de media docena de rayos bajando del sol para descrucificar al Crucificado. 

…y propiciar que, al menos durante una semana, desalojemos el alma de los cachivaches que la suelen aprisionar el resto del año: rutinas, telediarios, inercias…y decirnos, a nosotros mismos, intentando resurgir de nuestras miserias: 

¡ A esta es!  

Manolo Martínez

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domingo, marzo 08, 2026

DON AQUILINO y LOS JíBAROS ( I )


Todas las mañanas, antes de entrar a clase, rezábamos, repitiendo como loros fervorosos, cada frase de la plegaria del señor director. 

Allí arriba, al final de una escalinata de mármol, don Aquilino era Dios. Su voz nos llegaba con profunda claridad hasta los últimos de la fila. No es que Dios — don Aquilino —, tuviese una voz portentosa, más bien la tenía aflautada, pero la asociación de padres los pelotas de don Aquilino , le habían regalado un megáfono. 

Prodigioso invento, salvo que alguna que otra vez, justo cuando el director iba terminando el mantra cristiano con el ” ...mas libranos del mal...”, aquel artefacto soltaba un pitido infernal que nos impedía entender el final de la oración. 

De inmediato desaparecía el chiflido y escuchábamos con claridad: “...esta mierda...será de las pilas...amén”, frase que nosotros repetíamos fervorósamente: “ ...esta mierda...será de las pilas...“, como punto final de la oración, entre risitas contenidas. 

A primera hora siempre teníamos lenguaje, y a última Educación Física. Entre ambas un infierno. Tantos teólogos intentando explicar  tratados ininteligibles sobre la eternidad y yo la había descubierto en tan corto espacio de tiempo. La eternidad era, con toda seguridad, el intervalo de horas que transcurrían desde la clase de Lenguaje hasta la clase de Educación Física. 

A punto estuve de comunicarle mi descubrimiento a don Aquilino, pero, ¡qué cojones¡,  con lo que me había costado dilucidar aquel dogma, y se lo iba yo a ofrecer gratis ¡...já…! …Sigue la semana que viene 

Manolo Martínez

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sábado, marzo 07, 2026

EL FLODY


Anda que no echamos “peoná” en el Flody, aquel maravilloso pub de los hermanos Tarra, Manolo y José María, que ejercían de dueños, trabajadores, amigos y psicólogos de cuántos adolescentes echamos los dientes entre cubatas, confidencias y ducados.

En los años ochenta vivíamos en aquel rincón de Fuente Viñas. Allí nos tomábamos la primera cerveza, veíamos el partido de la semana, hacíamos tiempo jugando con la maquinita de fútbol, echábamos una partida de ajedrez a la hora del café, y le dábamos la tabarra al Tarra que estuviera ese día de guardia. 


 Allí nos dimos arrumacos con las primeras novias, o buscamos las orejas de un amigo, un desconocido o uno de los dos Tarras, para volcar nuestros desamores y penas que, rápidamente menguaban entre cubalibres y gin tonics. 

En aquel sacro lugar pasó de todo. Hasta vivimos un atraco. De hecho creo recordar que, la caseta de feria “Los Sin hora”, debe su  enigmático nombre a aquel asalto en el Flody en el que se llevaron los relojes, y con ellos la hora, de algunos de mis amigos. 

Gracias Manolo y José María, por llenar tantas horas de nuestra indecisa juventud al módico precio de “llena y apúntalo”. 

            Manolo Martínez

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sábado, febrero 14, 2026

¿DÍA DE LOS ENAMORADOS? EL DÍA ESTÁ PARA PONER UN TENDEDERO


 Déjate de arrumacos y cucamonas que el día para lo que está es para poner unos pocos de tendederos. 

A 32 kilómetros por hora que corre el aire hoy, tú puedes colgarte todas las medallas que quieras con tu parienta si, en vez de esconderte detrás de la espalda el triste ramos de flores de todos los años, le cierras los ojos con las manos y te la llevas a la azotea, y cuando esté delante del tendedero le retiras las manos para que contemple el gran espectáculo: 

En el primer alambre: calzoncillos y paños de cocina a punto de secarse.

Detrás, en el segundo alambre, las cortinas rojas del salón, las bragas blancas y los calcetines des colores de los niños. 

Ella no podrá contener las lágrimas cuando vea aquella ropa volando al viento, y tú empiezas a cerrar los ojitos despacio, y a poner la boquita en modo “mi mujer me va a dar un  beso”. 

Pero pasados 2 minutos, viendo que sus labios no acaban de posarse en los tuyos, vuelves a abrir los ojos y ella sigue llorando, y tú vas y la consuelas: 

   …pero cariño, que no es para tanto. Ya sé que no te esperabas este detalle, pero te juro que a partir de hoy pondré un tendedero por lo menos una vez al mes. 

Ella se seca las lágrimas con la manga, inyecta sus ojos de sangre y te escupe: 

   …pero capullo, ¿lo has puesto todo en la misma lavadora?

Manolo Martínez

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