CARPE DIEM



Dentro de veinte años, lamentarás más las cosas que no hiciste, que las que sí hiciste. Así que, suelta amarras y abandona el puerto seguro. Atrapa los vientos en tus velas. Explora. Sueña. Descubre.


sábado, junio 25, 2022

EL VERANO EN LOS PUEBLOS

En los pueblos el verano sabe que está en su casa y entra sin llamar. 

Las calles, como las cañas de cervezas, se vacían y se vuelven a llenar. Mientras, los abuelos se sientan a las puertas de las tabernas dando manotazos al aire para espantar a una mosca, empadronada en su nariz, que molesta como la aguja que no da con la vena. 

Durante las siestas cantan gratis las cigarras, y cuando el sol hace una ahogaílla en las albercas, los grillos abren las noches de par en par frotando sus alas negras.             

          

 Los pueblos se visten con risas de niños cada vez que el verano sube a sentarse en un velador de las plazas, y aunque el caló me pone más payá que pacá, hay algo mágico en ese montón de grados que me hacen sentir vivo cada vez que me bebo a sorbos el verano entero, dentro de una copa de manzanilla helada.

Manolo Martínez

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domingo, junio 12, 2022

JOSÉ LUÍS BLANCO y los GORRIONES de la PLAZA


Para llegar a cualquier sitio uno tiene la libertad de elegir entre dos caminos: o el más corto, o el más largo. 

Ocurre incluso cuando esos lugares a los que nos dirigimos no son físicos, sino emocionales, como los quereres, los olvidos, o las risas de un niño. También ahí podemos optar entre el atajo o el meandro. 

El disfrute del lector puede esconderse en los rincones de una orgía de adjetivos dónde no sabemos de quién es la pierna, o en el “por derecho”, como el quejío del cante jondo. 

En definitiva, sé que José Luís hubiese escrito la mitad de la mitad de las palabras que yo he pegado en este folio en blanco, para decir el doble de lo que yo he pretendido. 

Y ese es el secreto del maestro, la elección exacta de la palabra precisa, la austeridad del lenguaje como norma inquebrantable. 

Quizás, por eso mismo, a José Luís le gustan tanto los gorriones, porque son pájaros que no exhiben un plumaje vistoso, ni imitan a Vallejo o Marchena en su canto. Son sencillos, discretos, fáciles de entender, como una conversación con José Luís junto a la ventana que hay en una esquina de la barra de Mingalario. 

De muestra un botón, los versos que bautizan su último libro: 

“Leer, vivir,

soñar un poco…

intentar no mentir.

Y cuando llegue

la hora de partir;

dejarlo todo;

si puedo, sin sufrir” 

(Lo que son los artistas, Mariela Bascón, la pintora, ha conseguido que quepa en una pared de mi cuarto de estar, la plaza de arriba que ilustra este texto, y cuando la observo, José Luis, incluso escucho a tus gorriones) 

Una calurosa tarde de junio en el patio de un museo lleno de lectores y  de amigos del poeta.

Manolo Martínez

sábado, junio 04, 2022

DESAYUNO SIN DIAMANTES

De un tiempo a esta parte, mi mujer y yo, desayunamos los domingos en la zona más VIP de Carmona. Eso sí, desayuno sin diamantes, porque ni ella es Audrey Hepburn (más quisiera Audrey), ni yo soy George Peppard (ya quisiera yo). 

Con dos euros de jeringos, un chocolate y un café (que ni es café ni es ná pero está buenísimo), nos sentamos en la orilla del mundo, el parque del Almendral, con los pies colgando al lunes, a ver pasar las nubes. Debajo de nuestros pies, la vega, preñada del mismo trigo que Eslava, el Negro y el Arrecío mudarán a pan. 

Allí sentados, con los labios pintados de chocolate y café, charlamos de nuestras cosas: de nuestros padres, que ya se fueron, de nuestros hijos, que andan peleándose con el presente para coserse el futuro, de que hay que poner una lavadora y de que ya no quedan papas en la alacena. 

También hablamos de lo fácil que resulta vivir cuando la prioridad es vivir. 

Antes de irnos, colgamos un antojo en la quinta nube, y soplamos, para que la nube llegue a nuestro futuro y podamos disfrutar nuestro deseo. Pero hay veces que soplamos tan fuerte que, lejos de avivarlo lo apagamos, suele ocurrir. 

Entonces, buscamos otro domingo, otro desayuno y otra nube, para volver a depositar el mismo anhelo, siempre es el mismo.

…y volvemos a soplar, ahora más despacio, que las prisas queman los guisos. 

Manolo Martínez

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