CARPE DIEM



Dentro de veinte años, lamentarás más las cosas que no hiciste, que las que sí hiciste. Así que, suelta amarras y abandona el puerto seguro. Atrapa los vientos en tus velas. Explora. Sueña. Descubre.


sábado, marzo 28, 2020

ESCUCHEMOS A ESTE HOMBRE, POR FAVOR


   Hablemos con la cabeza, ¿para qué queremos la cartera llena sin salud?

domingo, marzo 22, 2020

8º día de confinamiento. Ahora es mi cabeza la que anda y corre


   Ahora me da tiempo a pensar lo poquita cosa que somos, pero de verdad, ya no es una frase hecha de las que tecleas en Google y te salen doscientas mil citas. Hoy es que miro por la ventana y no entiendo nada. Por ejemplo, nunca fue triste que toda la familia estuviera en su casa, ahora lo es. Antes, una calle vacía de gente era relajante, en estos momentos es inquietante. Hace no mucho dábamos un aplauso para publicar nuestra alegría, ahora, cuando  aplaudimos todos los días a las ocho de la tarde, resuena en nuestro ánimo como un miércoles de ceniza. Ir a comprar el pan es como ir a la UCI, necesitas mascarilla y guantes, y mirar de reojo a tu alrededor para que nadie invada tu metro de seguridad, y  cuando llegas a casa te lavas las manos con la misma frecuencia que si tuvieras un TOC. Ahora es cuando le estamos viendo las orejas al lobo.

 Y reculo de nuevo, y me envuelvo en otra frase de toda la vida como si fuera la bandera de mi ánimo en estos jodidos días, y recorro mi casa con la frasecita amarrada a mi boca y repitiéndola de manera cansina, como hacía mi padre cuando la suspiraba más que decirla, aquella tan manoseada de “y luego queremos sacarnos los ojos unos a los otros, seremos tontos”. 

  Y me siendo un rato. Estoy gastado de tanto pensar. Cojo el libro con el que ando liado, saco el marcapáginas, (que es una estampita-vacuna que me ha regalado Andrés Manuel López Obrador, Presidente de Méjico, al que conocí hace unos días cuando entró en mi casa por la puerta del telediario), y prosigo la lectura de “La invención de la soledad” de Paul Auster, por dónde la había dejado, y en la que el autor se refería a su padre así:

 “Toda su vida soñó con ser millonario, con ser el hombre más rico del mundo. En realidad no era dinero lo que quería, sino lo que éste representaba: no sólo éxito a los ojos del mundo, sino una forma de hacerse inalcanzable. Tener dinero significa algo más que poder comprar cosas, significa que nada en el mundo puede afectarte. En ese caso el dinero es un medio de protección, no de placer. No quería gastarlo, quería tenerlo, sólo quería saber que estaba ahí. A veces su resistencia a gastar dinero era tan grande que parecía una enfermedad”

  Cierro el libro, no sin antes dejar la estampita-vacuna avisándome de dónde dejé la lectura, y sigo con mis pensamientos (me voy a volver loco en este confinamiento), y pienso en los padres de Paul Auster, ¿de verdad se creen que el dinero les protege?

En situaciones como las que vivimos admites, estaría bueno, que el dinero es necesario, pero como tantas cosas en la vida, nunca jamás como ellos, los padres de Paul, piensan. Entiendes, en tantos días enclaustrados, que las cosas realmente precisas nunca son necesarias en exceso. A nadie le hace falta beber más agua de la que su organismo demanda, ni comer por encima de lo que su estómago admite, ni siquiera inspirar más aire del que sus pulmones pueden procesar. Hasta amar en demasía perjudica seriamente la salud. El agua, las viandas, el aire y el amor son vitales, pero en la dosis que nos receta el universo. Igual ocurre con el jodido dinero, acaba perdiendo su verdadero valor cuando uno considera que nunca es suficiente el que tiene. Ahí ya empieza la adicción, que como todas las dependencias, causan siempre más dolor que placer, y a la larga te mueres, si no tu cuerpo, siempre fallece tu alma. Y ya me dirán ustedes ¿qué coño eres sin alma? Como mucho puede que seas lo que decía Miguel Hernández, aquello de “en un trozo de carne cabe un hombre”

(Mi mujer me regala el oído tras leer este artículo: - Hijo, eres la alegría de la casa)

                                                                                                        Manolo Martínez

domingo, marzo 15, 2020

REFLEXIONANDO desde CASA, por mor del CORONAVIRUS


Releyendo esta mañana “El amor en tiempos del cólera” me volví a encontrar con esta reflexión que me pareció apropiada para esta extraña circunstancia del confinamiento en casa que nos ha tocado vivir, y que dice así:

"Hizo un recorrido largo y minucioso, sin rumbo pensado, con demoras que no tenían otro motivo que el deleite sin prisa en el espíritu de las cosas".

Dos consideraciones se disputan mi atención. Una, cómo el paso del tiempo te hace ver todo de distinta manera, de ahí el valor de las relecturas. Las mismas palabras, pero la interpretación cambia, se enriquece con las experiencias que has dejado por el camino.

El segundo balance sobre las palabras de García Márquez es que nos podrían servir para interpretar este momento de alarma de una hermosa manera, como por ejemplo, que ahora parece sobrarnos el tiempo que hasta el viernes 13 nos faltaba. Curioso.

Ahora que precisamente nos quitan por decreto, (y por supuesto para prevenir una mayor pandemia), lo a menudo supérfluo (cines, bares, la calle… consumismo innecesario), ahora que nos obligan a estar en el hogar que hasta hace dos días echábamos de menos. El mismo hogar del que nos quejábamos no podíamos disfrutar, el que tantas veces reivindicamos no poder compartir con nuestros hijos, con nuestras parejas y familias, pues ahora, en menos de cuarenta y ocho horas, nos viene grande. Un fin de semana en casa, un fin de semana señores, y parece que nos ahogamos, que nos falta el aire. ¿Dónde quedó el deseo de disfrutar de los nuestros, el anhelo de tener tiempo para leer los quince libros sin abrir que tenemos apilados al lado del televisor, el bricolage pendiente, las macetas sin espurgar, cajones desordenados como el ánimo, y las fotos de familia desperdigadas por el trastero porque no teníamos tiempo ni para meterlas en el plastiquillo fino de un álbum que las resguarde del polvo y el olvido? ¿Dónde quedaron tantos “pendientes de hacer”?


Por eso me encandilaron las palabras de García Márquez: “….el deleíte sin prisa en el   espíritu de las cosas”. Ahora tenemos la oportunidad eso que los psicólogos llaman resiliencia, que no es más que el arte de convertir lo malo en bueno, de sacar tajada de las situaciones desagradables, que ponerle nosotros el color al cristal con el que miramos las cosas. Regodearnos en las cosas que nos esperan en casa, pararnos a disfrutar del espíritu de esas cosas, el mismo que antes obviábamos y pisoteábamos por las jodidas prisas que decíamos, y no mentíamos, nos imponía la sociedad.

 ¡Ea¡ Pues ahora nos recuerda a diario (en el telediario) ese señor tan feo con el chaleco lleno de pelotillas, que podría ser perfectamente el mismo coronavirus, que tenemos que cuidarnos para ser solidarios, y quedarnos en casa.
Este año no tendremos Semana Santa, pero este señor del chaleco atestado de pelotillas y desgreñado, ha hecho las veces de capataz y nos ha dicho, como si fuéramos los costaleros de las prisas:  

  -  PARARSE  AHÍ
                                                                                                        Manolo Martínez

domingo, marzo 08, 2020

Un bizcocho borracho para la tarde del domingo (del Blog de Maria de Gracia Carrera "Con Mil Sabores")


Crear es uno de esos patrimonios intangibles que algunas personas tienen la suerte de poseer. María de Gracia Carrera es una de esas afortunadas que durante años construyó un blog de cocina Con Mil Sabores, cuyas recetas le propiciaron un sinfín de experiencias vitales que la enriquecieron como amante de la cocina, pero sobre todo como persona. Sus recetas fueron premiadas en numerosas ocasiones, quizás la más estimulante, fuera el fin de semana en el corazón de Marbella, en casa de la reconocida periodista gastrónomica y presentadora de Canal Cocina, Evelyne Ramelet. Hoy traemos esta maravillosa receta, ideal para una tarde de domingo, pero sobre todo para recordar que esos patrimonios intangibles, como el arte de cocinar y los blogs de cocina, permanecen, siempre están vivos, atentos a quién los quiera consultar

RECETA DEL BIZCOCHO BORRACHO de MaRíA de GrAcIa CARRERA

Ingredientes:

Para el bizcocho:

Un yogurt natural azucarado(yo utilizo yogurt griego)
Un vaso de yogurt de aceite de girasol.
Dos vasos de yogurt de azúcar.
Ralladura de limón(opcional, según  tipo de bizcocho)
Tres vasos de yogurth  de harina para bizcochos (lleva levadura incorporada).
4 huevos grandes (clase L).

Para el almíbar:

Canela en rama y molida (para la cobertura).
Una copa de coñac, grandecita.
Un vaso de agua y medio.
Un vaso de azúcar.
Azúcar molida (para la cobertura).
Preparación:
Batir los huevos con el azúcar hasta conseguir una crema blanquecina parecida al merengue, añadir el aceite y el yogurt y batir con suavidad para que no se bajen los huevos, poner la ralladura de limón(si la lleva, yo en el bizcocho que lleva canela en la superficie no la utilizo) y mezclar con la varilla con cuidado, añadir la harina poco a poco con un tamiz o un colador, espolvoreándola sobre la mezcla e incorporándola  con mucho cariño con movimientos envolventes, preparar un molde untado  con mantequilla y espolvoreado con harina(volcar la harina sobrante, la que no se adhiera al molde) .Verter el preparado. Poner en el horno con calor solo en la parte baja a 180 grados durante unos 35 ó 40 minutos, hasta que este bien cocido por dentro. Siempre hay que precalentar el horno.
Una vez frío, desmoldar y preparar un almíbar con un vaso y medio de agua, uno de azúcar, una rama de canela y una copita de coñac, llevar a ebullición y apartar, dejar enfriar un poco y echar con cuidado sobre el bizcocho, poco a poco con una cuchara, para que se impregne bien. Espolvorear varias veces con canela y azúcar molida por encima, una vez frío a disfrutar con los que más quieres.

 ¿Sabes qué vas a hacer mañana lunes...
 y el martes, o el sábado que vienen invitados  a casa?

Entra aquí y encuentra la solución:

http://conmilsabores.blogspot.com/

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