El sol se despereza estirando sus
rayos hasta tocar el Corbones por un lado y el Picacho por el otro, encendiendo
la vega a las claritas del día.
Mientras tanto, en el pueblo, Chari te lía los buenos días en un cartucho de papel de estraza lleno de calentitos, y uno piensa que, a pesar de los telediarios, vivir es hermoso sólo con ver salir el sol cada mañana y mojar los churros, de la Bella, en un café con leche de la Bodeguita.
Que bella está Carmona a las claritas del día.
Manolo Martínez
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