CARPE DIEM



Dentro de veinte años, lamentarás más las cosas que no hiciste, que las que sí hiciste. Así que, suelta amarras y abandona el puerto seguro. Atrapa los vientos en tus velas. Explora. Sueña. Descubre.


jueves, noviembre 07, 2019

LUIS GARCÍA MONTERO (Director del Instituto Cervantes) en la Tertulia de Manolo Martínez,"Comer, beber y hablar"


Hace casi un año mi vecina, y aún así amiga,  Eva Rueda, me facilitó el teléfono de Luís García Montero, tesoro que guardé en mi "caja blanda" primero, y luego en la memoria de mi móvil. Desde entonces tuve el pretencioso sueño de  traerle a "Comer, beber y hablar". Una tarde de marzo, mientras escuchaba a su amigo Joaquín Sabina cantar:  "....cuando juego mi muerte al verso que no escribo,cuando sólo recibo noticias de la muerte..."


Estos versos pertenecen a un poema que su Luís le regaló, "Nube Negra", cuando Sabina estuvo más malito que bueno. La aprensión me ganó y me dije: -"Palante...que aquí estamos dos días".


Aparqué mi vergüenza torera, me "apreté los machos", me tomé un whisky doble (y eso que yo no bebo whisky) y llamé a Luís, miento, le mandé un "guasa", así me aseguraba que lo leería al menos. Desde aquel día de marzo hasta este jueves de otoño, en ningún momento me dijo Luís que no vendría, ni una sola vez. Sólo me pedía que esperase a que pudiese cuadrar una fecha. 


El pasado 7 de noviembre cumplió su palabra, a pesar de su vertiginosa agenda que le ha llevado en apenas dos meses a Estados Unidos Francia, Argelia, Italia y Egipto, a pesar de sus infinitos compromisos en presentaciones de escritores consagrados, de discursos en mil encuentros de sesudos intelectuales,  a pesar del tiempo que saca debajo de las piedras para sus impagables artículos de opinión...a pesar de todo, Luís se plantó en nuestra tertulia con una amabilidad, paciencia y sencillez que le retratan como lo que es, un tipo estupendo, aparte de, según muchos, el mejor poeta vivo de España.


Desde que le recogí en la Estación de Santa Justa junto con la directora del gabinete, Rosa León (otra agradabilísima sorpresa) hasta que le despedimos, no hubo la más mínima exigencia, ni mueca de cansancio (a pesar de tenerlo acumulado), ni siquiera rechazó las mil fotos que los tertulianos quisieron hacerse con él.



El esperado encuentro tuvo lugar en el "Molino de la Romera". Allí estuvieron Jose Luís Blanco Garza, Eva Rueda, Juan Ignacio Caballos, Mariela Bascón, Antonio Rivero, Almudena Tarancón, Mary-Ángeles Piñero, Silvia Álvarez, Enrique Ávila, Carlos Guisado, María de Gracia Carrera, Pablo Martínez, Encarni Milla, Cristina Aranzana, Francisco Gallego, Paco Ortiz, Vicente Baeza...así hasta 45 personas cuyos nombres omito por no ocupar el resto de este artículo, pero a los que agradezco igualmente su generosa presencia.


Abrió el acto Juan Francisco Rodríguez Testal, Profesor de la Facultad de Psicología de Sevilla, que fue el encargado de presentar a Luís García Montero. No pudo abrir Juan de más hermosa manera la tertulia que informándonos de la existencia en la Universidad de Keele (en el centro de Inglaterra) de una farmacia de poesía que ofrece primeros auxilios literarios dado el beneficio que la poesía tiene sobre la salud mental, según sus propias palabras.Prosiguió con un certero recorrido por la obra de Luís, para acabar refiriéndose a García Montero como “uno de los pocos destinados a la letra grande de la historia de la literatura”, palabras que le pidió prestadas a  José-Carlos Mainer.

Compartiendo la mesa, junto a Luís y Juan Francisco, Manuel Vázquez Marrufo, Profesor titular en el Departamento de Psicología Experimental de la Universidad de Sevilla, que hizo una genial intervención ilustrándonos sobre los cambios que se producían en el cerebro durante el proceso creativo.


 Y luego escuchamos a Luís. Casi dos horas alimentándonos con el verbo brillante y lúcido de Luís, amén de las viandas y los caldos que en el Molino de la Romera son más que buenos. Nos habló, porque así se lo pedimos, de todo. De cultura, de poesía, de  educación pública, de la amistad...Su voz suave, su ritmo templado, su anecdotario impagable, su sentido del humor su presencia y su lúcida visión de la vida, nos sedujo desde el primero hasta el último.


Sobre la poesía Luís nos dejó claro que: "La gente se interesa por la poesía cuando la poesía habla de la gente, cuando la poesía huye de la cursilería y del amontonamiento de palabras bonitas. Hacer poesía es aprender a mirar en medio de la rutina"


Sobre la amistad, nos argumentó sobre esta reflexión suya: “Somos una conversación con nuestros libros, nuestros amigos, nuestra gente. Como espacio de convivencia, la edad enseña que es mucho más razonable una buena amistad que una patria, para cambiar el mundo, defender una solución política, cantar un himno”  





 ...y así fue transcurriendo la tertulia, aderezada además con las intervenciones de numerosos tertulian@s. Almudena Tarancón declamó maravillosamente un poema de Luís. Jose Luís Blanco Garza nos donó una soleá y sus certeras palabras.




. Eva Rueda nos regaló las anotaciones que hacía de sus lecturas en un cuaderno digno de ser subastado para conocer los apuntes de esta encantadora y vocacional  profesora de literatura. Juan Ignacio Caballos le habló al maestro de Borges y su "no compartida" clasificación de los géneros literarios.  Encarni Milla argumentó sobre la educación pública. Antonio Rivero intervino enlazando, con la genialidad a la que nos tiene acostumbrados,  su mundo como Economista con el de las letras. Tampoco nos privó mi amigo Enrique Ávila de sus siempre sensatas participaciones.




 Silvia Álvarez nos habló de su impagable voluntariado en los desenterramientos llevados a cabo a través de la Ley sobre La Memoria Histórica y Mary Ángeles Piñero, Directora de la Biblioteca, le regaló a García-Montero unos libros ligados a la poesía hispanoamericana y a Palimpsesto, revista que llega puntualmente al Instituto Cervantes que dirige Luís. Echamos de menos a Fran Cruz, poeta, e insustituible gestor de Palimpsesto. Con toda seguridad olvido alguna intervención, alguna reflexión, algún amigo, pero fue tan intensa la tertulia, que sabréis perdonar mis más que seguros descuidos.



 




Luís García Montero atendió a todo el mundo, capacidad que como dice un amigo suyo, lleva consigo a costa de restarse ese tiempo a sí mismo. Puede estar orgulloso este granadino universal de haber contribuido con sus versos a abrir de par en par las puertas a innumerables historias personales (de amores y desamores, de pesares y pensares, sociales e ideológicas, solidarias siempre).





Luís García Montero ha venido a Carmona, a la tertulia "Comer, beber y hablar", y yo, permítanme la vanidad, he cumplido otro deseo.


Gracias a Luís y Rosa, (Director del Instituto Cervantes uno, y responsable de su gabinete la otra). Gracias a Luís y Rosa otra vez (azarosa coincidencia) dueños del Molino de la Romera. Gracias al incansable Jesús y el equipo que nos atiende de inmejorables maneras. 
Gracias a Ramón Rodríguez de El Grifo Información, que sigue regalándonos su tiempo y sus fotografías. Gracias a Circuito Carmo-electrónica de nuestro amigo Juan Sánchez, y a su relevo generacional, el siempre dispuesto Alex.


 Y gracias a mi amiga Mariela Bascón, a la que encargué un recuerdo a plumilla para Luís García Montero, y le salió otra obra de arte.


  

 

 Gracias, salud y tertulia  para todos.
                                                                   Manolo Martínez

jueves, octubre 10, 2019

CON LOS OJOS PUESTOS EN EL FIN DE SEMANA


No arrodillamos a besar la mañana del viernes con el amor que el Papa besa el suelo del país que visita. Luego nos subimos al "carajo" del mediodía para otear el fin de semana con la misma afición que este señor fisgonea el desnudo del escaparate, con el deseo de que los dos, sábado y domingo, estén llenos de posibilidades y luzcan redondos. Eso sí, todos lo hacemos con el rabillo del ojo, con la sensación de que alguien anclado en el presente, como la señora de la foto que acompaña al de la mirada perdida, nos pillará mirando el cuadro del todavía desnudo fin de semana. 


A dos cervezas de distancia nos espera la sorpresa: el sábado sale de su escondite y nos besa en la boca, mientras nosotros pedaleamos hacia el domingo muy despacio, para alargarlo como un chicle. 



...y al final, cuando el domingo cuelgue el cartel de CERRADO en nuestro ánimo, cada uno contaremos la fiesta según nos haya ido. Unos se escandalizarán de la desnuda proximidad del lunes....



...otros sonreirán recordando los buenos momentos vividos.

Manolo Martínez

miércoles, octubre 02, 2019

MI ABUELA y EL JARRILLO DE LATA





















Contar los recuerdos es regarlos para que permanezcan vivos. Procedo a regar uno.
Cuando apenas rozaba yo la decena de años, tenía la costumbre de, al sentarme a comer, acercarme un jarrillo de lata lleno de agua que siempre presidía la mesa en mi casa. Mi intención no era acaparar todo el liquido elemento para mi solo, más bien era impedir que nadie, aparte de mi mismo, bebiera de aquel cacharrillo. Parece lo mismo, pero no lo es. Yo fuí un niño delicado, por lo que no era de mi agrado compartir con alguien cubiertos o vasos. Y si, además, ese alguien, albergaba la suficiente cantidad de años como para que la lozanía y tersura hubiesen dejado de ser compañeras de su boca, menos aún. Abreviando, que no quería que mi abuela bebiera, antes que yo, en aquel jarrillo con agua. Me reconcomía aquella desatención, debida a mis pamplinas, pero no podía sortear el hecho de ser tan melindroso. Tal era mi cuidado para que nuestras bocas no tuvieran el común encuentro de la delgada hojalata, que además de la custodia a que sometía al jarrillo, me inventé una estrafalaria forma de beber. Bebía al revés, es decir, sujetaba el recipiente por su panza con ambas manos y, con el asa dándome en la barbilla, empinaba la lata con sumo cuidado. Bebía por el mínimo espacio que quedaba libre, entre la parte superior del asa y el borde del cacharro. Era una estampa grotesca. O bebía a ínfimos sorbitos, o me derramaba el agua encima. Pero tanto esfuerzo merecía la pena, si al final, mi hocico era el único que besaba aquel trozo virgen de hojalata.
Un fatídico día, pese a mi perpetua guardia durante los veinte minutos que duraba la comida, mi abuela alcanzó el jarrillo de agua antes que yo. Entremetió su mano, aprovechando mi indefensión, ya que en aquel momento tenía yo las mías ocupadas cortando un filete, y se dispuso a beber. Yo, por distraerme de la contrariedad, levánteme, el tiempo que dura un soplo, a subir el volumen del televisor. Cuando volví, ya estaba la lata de agua junto a mi plato. Entonces, se apoderó de mí una irreprimible sed, tanta, que no pude sobrellevarla y sucumbí. Bebí, como si nunca hubiese bebido. Bebí como sólo yo podía beber, con el asa tropezando en mi barbilla. Y justo en ese molesto momento, en que acomodaba mi boca al asidero , me endosó mi abuela :

- Uy, qué grasioso Manolito, bebes por el mismo sitio que yo.

Desde entonces, en lo alto de mi mesa no falta un búcaro, y a mis hijos, antes de enseñarles a hablar, les instruyo en el arte de beber al chorro.

Manolo Martínez

lunes, septiembre 30, 2019

El jardín de Epicuro


Pasadas las vísperas del sábado, a eso de las siete, cogí mis provisiones de alcohol y tiré sonriente para Umbrete. Yo pensé más que hablé durante el camino, y en la introspección me reencontré con estas palabras de Paul Auster en “El cuaderno rojo” :

  -“Cuando pensaba en la amistad, sobre todo en cómo unas amistades duran y otras no, me acuerdo de que, desde que tengo carnet de conducir, sólo se me han pinchado las ruedas del coche cuatro veces, y las cuatro veces me acompañaba la misma persona (en tres países distintos, y en un periodo de ocho o nueve años)
 J. , un amigo del colegio, era el que me escoltaba.

  Salí del ensimismamiento con una contradicción porque me planté en Umbrete sin ponerme en un brete. Así fue como aterrizamos, mi compañera y yo, en la voluntad de mi amigo J. Éramos nueve a la mesa, bueno diez con Faustino, bueno once, porque M. hacía por dos. Fue una reunión sin ánimo de lucro, rara avis. No sé si fue la cerveza Coronita, o la generosa copa de Spritz, el cóctel de moda en Italia, o la genialidad de S., o el impresionante intelecto de M., no sé…es que no sé, cual de aquellas circunstancias, o quizás fueron todas, las que me trasladaron a mi primer pinchazo, y allí estaba J. 


Seguimos bebiendo risas, muchas risas, tantas que el domingo asomaba ya su hocico y husmeaba en las copas vacías el final de la velada. Entonces recordé la segunda vez que pinché, y de otra vez estaba J. allí, para colocar el gato y subir el ánimo hasta poder cambiar el tropiezo.
 Un breve jardín vertical, un platanero, unas hortensias, un olivo enfadado por falto de ordeño, y buena música, fueron el único atrezo, el resto, la conversación agradable y las risas, surgieron porque la materia prima era inmejorable.

Postdata: De sobra sé J. que tienes mejor coche que yo, lo sé, aún así si
                alguna vez pincharas, por favor, acuérdate de contar conmigo.

                                                                                                           Manolo Martínez

domingo, septiembre 22, 2019

SUERTE, MAESTROS


En la sala de profesores tocan clarines. El miedo disimulado y los machos bien atados.   Reliados en su capote de paseo los maestros se persignan, se miran entre ellos y se desean, con una mano abierta al cielo, suerte, maestros.
 Septiembre. Comienza una nueva temporada. En la barrera del 7, esperan exigentes       (para eso pagan), las asociaciones de padres. En el tendido de sol, sudando la gota gorda, los sufridos padres. Y en el redondel de la clase, ese cada vez más encastado toro negro zahíno, bragao y astifino que es la educación.
  Toreros, gladiadores del siglo XXI, los maestros han sido desprendidos de toda autoridad disciplinar. Mil y un tentáculos sociales le aprisionan sin dejarle respirar. Y hemos pasado del  don  Juan  al  juanillo.  De la letra con sangre entra a “…es que el maestro la tiene tomada con él “.
 El niño demanda un punto de referencia. Necesita de un maestro respetado, no de un amigote. El maestro es el maestro. No le liemos los esquemas a las mentes infantes. La  sociedad precisa de su madre nutricia, doña educación. Es la que amamanta a ese ejército de pequeños dictadores de entre 4 y 15 años.
 Nuestros hijos tienen su cuarto repleto de juguetes y vídeos, y sus mochilas llenas de derechos sin obligaciones. No podemos toserle a un mocoso de 6 años. Ni padres ni maestros son referentes ni pilares. Se invirtieron los papeles. Ellos mandan, la rebelión de la granja.
No estamos educando, estamos creando un mundo de irresponsables, consentidos, llenos de privilegios. Les hemos robado las ilusiones, la imprescindible lucha por conseguir metas. Todo se lo damos hecho a cambio de un beso.
  No es ese el camino. Por su felicidad, metamos también en sus mochilas, responsabilidades y obligaciones, y sobre todo, un bocadillo diario de RESPETO A  LOS  EDUCADORES.  La  educación es el mayor de los cortijos que podemos dejar a nuestros hijos. Arrimemos el hombro, respetemos nosotros primero a los maestros. Ya va siendo hora, crezcamos (por  dentro)                                               
                                                                                            Manolo   Martínez

domingo, septiembre 15, 2019

Vendo cámaras de vigilancia antiguas



Las cámaras de vigilancia han existido siempre, puede que su formato fuese distinto, pero su función básica: recolectar, almacenar y reproducir información, eso, lo hacían ya nuestras abuelas cuando, asomadas a su balcón abrían sus radares de par en par. No utilizaban teclados, ni ratones, para acceder a la información y navegar por ella. Su labia, y su cháchara, eran los dispositivos, inalámbricos, que le facilitaban el acceso, a cualquier noticia o chisme. Todo lo que respiraba, y pasase, a menos de diez metros de sus solios, debía hacer una paradita, para, “descargarle” las novedades, a las guardianas del bien, quienes propiciaban, aquellos encuentros informativos, y confidenciales, con éste santo y seña:
 - Buenas noches, fulanito, ¿cómo estás? Oye, ¿y tu padre?, hace tiempo que no lo veo, anda que no hemos jugado nada tu padre y yo… 
Captada la presa, se procedía a la extracción de todos los pormenores posibles.
Que si cuántos años tenía, en qué trabajaba, que si se casó, que si tenía niños, que dónde iba ahora…copiar y pegar, copiar y pegar, en su insaciable disco duro. Una vez exprimido el sujeto en cuestión, se le dejaba ir.
 - Ea…pues vaya usted con Dios…hasta otro ratito. Buenas noches. 
           A partir de ahí, cualquier internauta (vecino, amigo, conocido o desconocido), daba la contraseña de acceso : - Buenas noches, ¿cómo estamos?, y tenían acceso inmediato a todos los informes, mensajes, y datos recopilados. Como aún no existía el cd, nuestras abuelas utilizaban su propio formato, el rumor, muy barato por cierto, porque se podían regrabar cuántas veces se quisiera, y volvía a estrenarse. En cuánto a las herramientas de tratamiento de textos, las tenían todas. Si querían darle importancia a la comunicación que iban a dar, en vez de negrillas, ó subrayado, bajaban la voz hasta el susurro, e introducían el mensaje, con la misma coletilla siempre: 
- Mira, no se lo vayas a decir a nadie, por lo que más quieras, te lo digo a ti porque eres tú… no te has enterado de que…
            Normalmente, la mayoría de las veces, la noticia era una barriga (que es como se le llamaba a los embarazos fuera del matrimonio). Entonces, el usuario, ó interlocutor, en vez de pulsar INTRO, para confirmar, exclamaba un: -¡No me digas….anda ya, mujé…¡
          Terminado el proceso, la consulta telemática, se procedía a la desconexión. Nada de darle cien veces a escape, para abandonar la sesión, símplemente las abuelas abandonaban el balcón y echaban la persiana, recitando su santo y seña:
          - Me voy pá dentro, que estoy baldá de las piernas.

Escrito por Manolo Martínez

sábado, agosto 31, 2019

Confirmado:Andar por la ronda norte ENGORDA

Tengo una noticia que  da miedo:

ANDAR POR LA RONDA NORTE ENGORDA


Después de numerosos estudios del IAM (Instituto Andaluz del Michelín), no hemos podido ocultar por más tiempo un informe que hacía meses nos habían filtrado a los “Barrigas Cerveceras”. Todo empezó hace un año más o menos, cuando después de caminar por la ronda norte por enésima vez, unos pocos amigos aparcamos nuestras camisetas sudadas y rellenas de barriga en el Lolita Fusión. Allí tomamos la primera decisión, la más difícil:

-          Ponnos una ronda de cervezas, Sandra

Tras el primer trago, y saciados los deshidratados ánimos, empezamos a comentar unas sospechas que hacía tiempo teníamos. Si todos llevábamos una media de 2 ó 3 años andando casi a diario por la Ronda Norte, ¿como podía ser que las camisetas de todos los allí presentes hubiesen encogido?, tanto que no necesitábamos plancharlas pues, al enfundárnosla, nuestro redonda anatomía las estiraba hasta dejarlas completamente lisas. Estaba claro que algo no funcionaba, por lo que decidimos, tras muchas intervenciones y réplicas, tomar cartas en el asunto y aplicar esta resolución:

-          Sandra, por favor,  ponnos otra cerveza.

La discusión siguió avanzando mientras observábamos desde la preciosa terraza del Lolita, como seguían pasando usuarios de la Ronda Norte. Todos coincidíamos en que no habíamos detectado a un solo ejemplar que hubiese disminuído su capacidad abdominal, al contrario, casi todos habían crecido, como nosotros, a lo ancho. No quedaba duda, andar por la ronda norte te hace sentir bien, aumenta tus niveles de serotonina y de dopamina, te socializa y sube tu autoestima, y todo eso se traduce en un aumento del apetito, luego, la báscula cotilla, te dirá al oído lo que tú y yo sabemos. Visto lo cual consensuamos, con un coraje propio sólo de valientes, un ultimátum:

-          Por favor Roberto, ponnos la última, pero dile a Pablo que nos prepare para compartir: arroz asiático, pulpo, bacalao clásico y risoto. 

En todas las reuniones hay un listillo, y en la nuestra también. Fue el que nos advirtió:

-          A lo mejor no es la Ronda Norte la que nos engorda, sino lo que nos metemos entre pecho y espalda después de la caminata.

Ni le contestamos. Será tonto el tío, pero si pedimos “arró y pescao”, como los chinos, y mira como están los chinos. Nos marchamos sin hacer más comentarios. Eso sí acordamos que desde mañana mismo dejábamos de andar por la ronda norte, nos estábamos poniendo como un sollo. Nos pondríamos a disposición de Pablo, el chef de Lolita Fusión, él siempre nos ofrecía lo mejor. 
Manolo Martínez

domingo, agosto 18, 2019

LA PEREZA Y DARWIN


Nos hemos vuelto perezosos hasta rozar la holgazanería. Vivimos sentados. Apenas nos levantamos ya estamos pegando los cuartos traseros a la taza del wáter. De ahí pasamos a la silla del comedor, para desayunar. Apenas andamos los 10 metros que nos separan de la cochera para volver a dejarnos caer en el asiento del troncomóvil, el cual, nos depositará a escasos 50 metros de la silla de la oficina. De dicha silla nos levantamos apenas 10 minutos para volvernos a sentar en el bar de la esquina a tomar el café de media mañana. Almorzamos sentados, y sentados cenamos. Luego, la tele se ve tal cual, la misa se escucha sentado, los mítines políticos de igual forma- no hay quién los aguante de pie-...y si al llegar el fin de semana entramos a tomarnos una cerveza en cualquier bar y no encontramos una silla, nos ponemos de mal humor. Gandul es nuestro apellido. De seguir así, y si prestamos atención a la evolución darwiniana, de aquí a unas decenas de años, nos saldrán 4 forúnculos en el culo, que, con el correr de los años, se transformarán en las 4 patas de una silla. El hombre forunculado dará pie a toda un nuevo mapa social y entorno vital. Así, de tal guisa, no podremos jugar al fútbol y desaparecerá la liga - ¡ mon dieu!, y con él las quinielas-dios mío-. Se perderán con ellas el motor de nuestras vidas, las ilusiones. Los paseos y alamedas se desvanecerán junto con los paseantes, y ya no se harán caminos al andar, y morirá Machado...
Se evaporarán los pantalones, y con ellos las faltriqueras, ¿ a ver dónde metemos las llaves de casa y las del coche y las monedas para el tabaco y la lista de la compra y...
Las tiendas de caballero nos vestirán sólo de cintura para arriba. Para la otra mitad acudiremos a los tapiceros, que nos llenarán el culo de grapas para cosernos el eskay o la loneta estampada a juego con el sofá.
¿Y el colesterol? ¿Quién rebajará los índices de colesterol sin las caminatas?
¿Y el carril-bici?, ¿ y los que vivan en un 8ª piso? ¿y los fabricantes de medias, y calcetines?
¿ Y Bisbal, que será de Bisbal sin sus saltos de Kung-Fu?
Por favor, muévanse, dejen sus coches a un lado y utilizen sus patitas.
No lo hagan por mi, háganlo por la liga, por las quinielas, por las ilusiones, por el colesterol, por el carril-bici, y sobre todo por Bisbal, por favor, háganlo por Bisbal.
Manolo Martínez

domingo, agosto 04, 2019

De veraneo en Sevilla, la "capitá"


Cuando más relinche el calor por los rincones del pueblo no busques el alivio en Chipiona ni en Torremolinos, vente a la "capitá". El contentamiento de poder aparcar el coche dónde quieras, y no dónde puedas, amansa una lluvia de grados que con disciplina jesuíta nos ahoga en Agosto. Para lidiarlo no hay mejor capote que perderte por las mejores tabernas de Sevilla, las mismas que en cualquier otra fecha lucen atestadas, y hoy te dicen "pasa, soy toda tuya". Perro viejo, Eslava, Ovejas Negras, Las Golondrinas, Puratasca o Becerrita te pasean por cervezas, manzanillas y tintos de verano con más tinto que verano.

Dicen los orientales que somos lo que pensamos, y no mienten porque yo, apenas nombro al ardiente, empiezan a salivar mis glándulas sudoríparas, (jodido perro de Paulov), yo le llamo el orto sobaquero. Estos chinos sí que saben, todo está en el tejao, todo, hasta las ideas.

Hasta que septiembre empiece a recoger la manada de rayos desbocados que galopan por las calles sevillanas, súbete a uno de ellos y sufre el placer de pasearte solo con tu mochila y tu botellita de agua por Triana, Sierpes o la Macarena, llegará un momento en que las calles desiertas te harán pensar que estás en otra ciudad. Descubrirás casas, pasajes, espacios por los que has paseado un millón de veces y nunca viste.

En Sevilla, en agosto,  no sales a tomar el fresco, sales a tomar el sol, y las ideas no se orean sino que se esconden para no quemarse, pero la guapa sensación de que todo se ensancha, hasta los razonamientos, suple con creces la mancha que se ha hecho fija en las axilas. Mientras agosto discurre lento, pausado, con andares de paquidermos por Sevilla, y tú andas solo contigo mismo por toda la "capitá", ves en Canal Sur un enjambre de "patitas colorás" bajo un techo de sombrillas cosidas y cocidas, ¿Chipiona?, pero si parece una piscina de olas china.
Manolo Martínez

sábado, julio 27, 2019

PEÑA EL BUCARO


Hace un cuarto de siglo , las aulas del Instituto Maese Rodrigo , fueron el punto de encuentro de una docena y pico de quinceañeros , a los que el fútbol o la vecindad alfabética de sus apellidos , fueron el sencillo y azaroso caldo de cultivo de unas amistades , que en la mayoría de los casos , perdura hoy , 25 años después .
Titi, Lancha , Juanillo , Bautista , Juan José , Julio , Jose María , Enrique , Ramón José Antonio y algún otro que omito por poner en algún sitio el finito . Dibujábamos con don Antonio Losa ; cabalgábamos con don Quijote y don Carlos , y permutábamos con don Alfredo Troncoso y su peculiar sentido del humor . Los viernes por la tarde , nos inundaba la galbana , y las clases de educación física simulaban al Sáhara , nadie asistía. Por aquel entonces , nuestro concepto del deporte , era unidireccional : fútbol , fútbol y más fútbol . Nos pusimos cúrsiles con las primeras clases de latín de La Puella , y denominamos a nuestro primer equipo de fútbol , Los Aristoi , que serían el germen de los , aún hoy activos , Pitufos . El sanctasantórum de los recreos , era regentado por El Rana , con sus cuñas gigantescas y cigarritos a cuenta …

Eran los tiempos en que la Alameda se llenaba de calcetines blancos , de gomina y de andares de Travolta
El templo de las abluciones etílicas era La Herradura , donde caracoles y pescadas fritas eran ahogadas en tinto con casera , mientras guardábamos el equilibrio en sillas de hierro , desparramadas por una desnivelada calle que nos “ vomitaba “ al ágora de nuestros pirmeros amores , cuyo púlpito musical dirigía , nuestro siempre amigo y enrollado Juan persiana . Miguel Bosé cantaba “Linda “ , y cada uno de nosotros buscaba a la suya , dándole a La Gloria , más vueltas que San Pedro . Si el encuentro no se producía , se acudía al “ abrevadero” , que llamábamos barra , y abreviábamos la noche. Al final , siempre acabábamos dándole la tabarra al “ Tarra “ en su-nuestro Flodi .

Hoy , aquellos adolescentes que escuchaban a Boney M. , a los Amaya y su obsesivo “Vete” , o la melosa “ Cara de Gitana “ , en la pista de coches locos de Mary-Tere , justo al final de la Alameda , somos hombres o medio hombres , hemos pasado del medio siglo,(l..ya hay más velitas de cumple que tarta...), Dios mío somos casi dinosaurios. Hemos cambiado las calzonas por el mando a distancia de la tele ; y los “lukumbas” por una Káliber sin alcohol .
. La Peña el Búcaro se ha formalizado . Tiene sede fija , un centenar largo de socios , una caseta de Feria con 20 años ininterrumpidos , un pregonero de Carnaval : Manolo Buzón , un pregonero de Semana Santa : Manolo Vera , varios primeros premios de Belenes Navideños , maratones de futbito incontables ( de las cuales fueron sus precursores ) , participaciones carnavalescas en todos sus estamentos … en fin , lo suficiente y más para llenar vitrinas de trofeos y muchos álbunes de recuerdos .
Pero nada de ello , comparable al sentimiento de saber ,que ese connubio sin cura de amigos de hace 25 años , sigue ahí . Con sus encontronazos , su disparidad de opiniones …pero es que es una peña , no un convento de clausura , y está viva . Y todo lo vivo fluye , y cambia . Nunca vemos el mismo río…
Un tal Aristóteles dijo : “ Sin amigos , nadie escogería vivir , aunque dispusiera de todos los demás bienes” . Otro más pesimista , concluyó : “ Pocas amistades sobrevivirían , si cada uno supiera lo que su amigo dice de él , en su ausencia “ . Los extremos nunca son buenos. Cada uno habla de la feria según le va . El malecón que separa al género animal del humano , es la sociabilidad , y las peñas son como un buen abad , que hace guardar esta norma principal .
Este búcaro , como todos los búcaros, se hizo con el agua de la amistad , la tierra del pasar de los años y el fuego , que “ cociendo “ ambas materias primas , le consolidó para mantener fresco su interior. Veinticinco años avalan que este Búcaro ha sido fiel a su cometido primero : la amistad se conserva fresca , aunque los encuentros se dilaten por el trabajo , la familia…

Charlar , discutir , compartir vivencias…. Conocerse es un regalo .
Porque dentro de otros 25 años , aún nos sigamos viendo dentro de este botijo , aunque para entonces , alcemos nuestras copas llenas de infusiones .

...PARA MIS AMIGOS DE LA PEÑA EL BÚCARO, PORQUE
HOY ERA SÁBADO DE GLORIA




Y AL FINAL UN LENTO...
AUNQUE A ESAS HORAS TENÍAMOS QUE AGARRARNOS A LA PAREJA 
PARA TENERNOS EN PIE


Lanzo el guante...UN VALIENTE QUE HAGA UNA QUEDADA, 
que cuando estemos todos, al menos nos reconozcamos

Manolo Martínez

domingo, julio 21, 2019

EL CALOR Y LA CALÓ


No, no es lo mismo. El caló es masculino singular, y es el que hace el paseíllo cualquier tarde de abril o mayo. Va y viene, indeciso, se instala en casa sin avisar y de idéntica manera se va. Es el aperitivo, el prólogo, el vete preparando, pero es amigo, se deja tutear. Se le puede incluso echar con cualquier cerveza, "cacacola" o ducha, sin más, pero entonces llegan junio, julio y agosto, trillizos y sin epidural. No vienen con un pan debajo del brazo, traen a la caló, femenino singular. La caló viene y se queda. Es cabezota, maleducada y molesta a todas horas. No te deja trabajar, ni dormir, ni descansar.
La caló es arisca y remilgada, no quiere abrazos ni achuchones, sólo demanda una cama grande y que ni la rocen. Es un estupendo caldo de cultivo de disputas maritales:

- ¡Esa colcha…que me vas a asfixiá…!

- Pero ¿qué quieres?, si tengo las “carnes helá”


La Caló se alía con las mujeres, no las hace sudar. Duermen tapadas y sonríen al verte transpirar. Es un pacto térmico, una alianza siniestra: ellas y la caló.Nosotros consensuamos con el caló; pero apenas si nos hablamos con la caló. Seamos positivos. Veamos el lado bueno: antaño, en las noches de verano fue la caló quién puso suelo al cielo: las azoteas. Dormitorios de verano, que no es cosa baladí dormir arropados por estrellas, sábana singular de noches sin par. Mil arias de grillos solistas en sus liceos particulares, las azoteas (mi vecino tenía uno entre los geranios, Placidito le llamaba, que el 31 de agosto despedía la “ temporada de las azoteas” con el “ Adios a la vida “ de Puccini. Era  increíble. Ese día agotaba todas las entradas de su azotea).
Pero dormir a la intemperie ya no se lleva, lo prohibió Fujitsu, dama adinerada que nos vende fresco  sin abandonar la cama.
A pesar de todo, no dejes este verano de al menos una noche, llevarte el colchón al patio, azotea o terraza. Cambien el blanco techo por el negro moteado de cualquier noche de verano. Conviértanse en astrólogos improvisados, y cuenten a sus hijos, a su mujer, o a quién compartan su lecho, mil y una historias sobre esas etéreas luciérnagas que pululan en tu dormitorio de verano. Argumenten. Fantaseen. Rienda libre al verbo, total nadie nos desmentirá.
Y que paz para el espíritu ir al encuentro de Morfeo de aquesta forma.
Y ahora cójanse de la mano, y unan su voz a la mía para cantar como una sola:

- ¿...y el fresquito pá cuando...? 

(Pónganle ustedes la música que a mi no me queda aire ni para silvar)                                            
                                                                                                                                 Manolo Martínez

jueves, julio 18, 2019

Eskerrik asko, de parte de un cateto


Los catetos, como personas que también somos, crecemos por fuera hasta los dieciocho más o menos, y por dentro, como el resto de los humanos, crecemos durante toda la vida. Crecemos por dentro cuando hacemos tertulia con catetos de otros pueblos, y cuando comemos viandas distintas a las nuestras, y cuando entramos en otras iglesias, y cuando descubrimos que aún podemos asombrarnos porque hay muchas cosas, demasiadas quizás, que aún desconocemos. Y resulta que todo esto puedes hacerlo viajando. No hay nada para crecer por dentro como viajar. Te da perspectiva, te ensancha el entendimiento, te hace tolerante, ¿es que acaso hay algo más inteligente que ser tolerante? Viajar te permite mirar, observar, abrir los ojos a otras realidades. Estos gatos estaban estudiándose el uno al otro en una tienda de cerámica pegada a la Catedral de Bilbao. Me pareció tan maravilloso el momento gato, que le regalé mi atención. Posiblemente lo hice porque estaba relajado, a muchos kilómetros del trabajo y las obligaciones. Recuerdo de Bilbao muchas maravillas arquitectónicas y paisajísticas, pero ninguna se me quedó tan en la piel como ese gato en el escaparate y el otro que parecía estar sopesando si comprarlo o no, y es que  aquellos gatitos eran tan de Bilbao como don Miguel de Unamuno, o el Guggenheim.


Paramos en Getxo para ver el buque escuela Juan Sebastian Elcano que estaba de gira por la costa cántabra, pero el buque tenía más fans que Manolita Chen en su tiempo,  y no había forma de hacerse con entradas. Se ve que lo militar vende.



Desde que empezamos a planificar el viaje sólo tenía un lugar inamovible en mi hoja de rutas, Guernika, por todo lo que simboliza aquella ciudad, su árbol y el cuadro de Picasso. Bajo ese roble el señor de Vizcaya juraba antaño respetar las libertades de los vascos, y bajo ese árbol siguen jurando hoy los lendakaris elegidos por el pueblo. Ese árbol fue testigo del bombardeo que borró del mapa a Guernica, a su población civil, sus archivos y con ellos su memoria, y sus casas. 


Y aunque las vacaciones son el espacio del disfrute, no están  reñidas con la reflexión que te  brinda el conocimiento leído, oído, o viajado como en este caso. Es más, saber lo vulnerables que somos nos conmina a establecer las prioridades que debieran regir nuestras existencias. Es un ejercicio de salud mental necesario visitar Guernika, tanto como conocer el significado de cada centímetro del impagable cuadro de Pablo (Picasso)



Mezclarse con los lugareños en sus calles, en sus tabernas, en sus mercados o en sus conversaciones es enriquecernos con otras formas de  leer la vida. Los catetos no nacemos catetos, nos hacemos catetos, y lo hacemos siempre por dos razones: o por que dejamos de ser curiosos y nos anclamos en la comodidad de la rutina, nos quedamos echados en la baranda viendo pasar la vida, o por lo que es aún peor, porque pensamos que lo que nuestro es lo mejor y que somos los dueños de la verdad absoluta.





El Museo Guggenheim al anochecer


.... y decimos adiós al País Vasco a lo grande (que por algo tienen fama de exagerados la gente de "Bilbado"), con este perro gigante de flores que no dice ni guau porque escupiría geranios. Se sienta ahí por la mañana y echa todo el día para que le fotografiemos, y de camino para que no le quite el sitio el arañón (araña de las que se crían en Bilbao). 


Nos traemos del País Vasco la retina llena de preciosos pueblos y espectaculares playas, el paladar vestido de gala por sus pintxos, el  espíritu tranquilo por el noble trato recibido, y el corazón cargado de risas, buenos recuerdos, y de oro por haberlo compartido con lo mejor de la vida, la familia.


Eskerrik asko a todos los vascos a los que hemos tenido la suerte de conocer, un placer.

 Manolo Martínez

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