Tenía las piernas tan largas como la risa de un niño.
Todas las tardes, a la hora de la merienda, se contoneaba delante de su balcón, dejando que, su minifalda, ardiera en su frente. Gumersindo la aguarda sentado, junto a la mesa camilla, escondido tras la organza del visillo.
Una rebanada de pan, untada de nocilla, le añadía años al trazarle un bigote de chocolate en cada mordisco. Cada tarde se repetía un ritual. Justo cuando el cuello de Gumer, trasladaba su cabeza hasta la frontera del cristal del balcón, aparecía su madre, por detrás, y de un guantazo, hacía que su frente chocara contra el vidrio, mientras le inquiría:
— ¿Qué miras?
— Nada, mamá, nada (la aliviaba, Gumer, tras su mentira)
Treinta años hicieron falta para que, aquella visión de infinitas piernas, subiera las escaleras de Gumersindo, se quitara la minúscula minifalda y…, se pusiera la bata de guatiné, tres docenas de rulos encima de la cabeza, y por las tardes, se pusiera detrás de él y le atizara en la nuca, aplastándole el cigarro contra el cristal del balcón, mientras le espetaba:
— ¿Qué miras?
— La vida pasar, mi amor, la vida pasar…
Aquel balcón le había mentido. Quién ahora tenía tras su espalda no tenía nada que ver con aquella que se lucía allá abajo, en la calle del deseo.
Puso una reclamación en la oficina del consumidor y le escribió su caso al defensor del pueblo.
Ninguno de las dos le dieron una solución satisfactoria, por eso, Gumer, cada tarde, se asoma a su balcón, y sigue buscando a aquella muchacha que tenía las piernas tan largas como la risa de un niño.
Manolo Martínez
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2 comentarios:
Que bonitooo, Manolo… se ve al pobre Gumersindo, queriendo volver a su juventud.
Y la bruja que lo único que le queda larga es la escoba,
(es la cruda realidad)
Saludos
Quizás, la mayoría (por edad) tuvimos, plaza en ese balcón.
Quizás, unos mas que otros en la fantasía, y con ella la felicidad.
Es un decir.
De todas formas lo que quería decir, es que me gusto el relato, soy aficionado a estas ocurrencias… Pue eso… ¡¡ Me gusto!!
Saludos cordiales
J.M. Ojeda.
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