Los quereres necesitan el destete
del camino.
Es la distancia la que te abre los ojos porque, aunque uno sea de dónde nace, esta circunstancia no la entiendes hasta que te alejas del lugar.
No es como la pena de los niños
que enseguida se pasa.
No es nostalgia ni es morriña. Es necesidad.
Y aunque uno trabaje, pasee, coma y duerma en Carmona, sólo cuando sales de ella y tienes el alma en un hilo, es cuando sientes, piensas y dices alto: YO SOY DE CARMONA.
Manolo Martínez
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