Todos tenemos dos vidas: la propia, y la que se inventa la gente.
Aunque yo creo, que en esta briega de interpretar la existencia, no hay
quien le gane a los chinos, sobre todo, a uno que murió el mismo día que yo nací
(vaya por Dios), un once de abril, Confucio.
Puede que sea porque, como dicen que somos lo que comemos, y en esa faena los orientales son los más prudentes: arroz tres delicias, rollitos de primavera, pato a la naranja, y no: papas fritas con huevos, papas fritas con hamburguesas, papas fritas con bisteles, papas fritas, papas fritas…
En fin, volviendo al tajo, a lo que dijo Confucio:
“Todos
tenemos dos vidas.
La
segunda empieza cuando nos damos cuenta de que solo tenemos una”.
Ole tus cojones, Confucio.
Manolo Martínez
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