No me gusta el arró esponjao, ni la gente que miente, ni el puchero si no lleva sus garbanzos, sus papas y su hierbabuena.
Tampoco me interesa el telediario, ni la tristeza, aunque ambos cuenten lo que está pasando.
No quiero un domingo por la tarde, ni que el móvil sea el miembro que más hable de la familia.
No me agrada ver el cielo en el mar, porque me gusta que las cosas estén en su sitio.
Prefiero mirar para arriba si quiero ver las nubes pasar, de la misma manera que elijo a quiénes me miran a los ojos para hablar.
No me gusta la mar en calma, ni las “agüita pará”, porque ninguna nos deja ver la verdad, ambas nos venden un reflejo, un cielo que no es real.
Me entiendo
con quien no está más tiempo del preciso, quizás por eso no me guste el arró
esponjáo, por la misma razón que no me van ni Putin ni Trump, porque han estado
más tiempo de la cuenta dónde ya no deben estar.
Manolo Martínez
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