En invierno salimos de las calles para meternos en las casas, y es que andamos tan faltos de frío y lluvia, que en cuánto la navidad nos regala cachitos de mal tiempo, buscamos el abrigo de la mesa camilla.
Estos días de invierno son tan escasos que se nos escapan de las manos, como cuando cogemos el agua a puñados para lavarnos la cara. Por eso nos echamos en brazos del frío como de una amante a la que sabemos que sólo disfrutaremos hasta que decida dejarnos.
Y es, en ese recogernos del mundo, donde nos arrimamos a nuestras dudas, como cuando nos pegamos a la camilla y nos echamos las naguas sobre las rodillas para caldearnos.
Que en casa se está como en ningún sitio no es un dogma. Hay gente a la que se le cae el techo encima, para gustos los colores.
Pero si eres de los que estás a gusto en tu nido, no hay cortijo más grande que ese pedacito de cielo.
Manolo Martínez
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1 comentario:
Felicidades, doble , Manolo, cuánta razón tienes. Más que un santo, pero el frió y el agua llegarán. En estos tiempos a destiempo y como muestra un botón, pero tú tienes la excusa al menos hoy ,de que es tu santo y tienes que cumplir ,con las atenciones que te dedica la familia, que para eso la tienes y es la que te arropa y da cariño.
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