CARPE DIEM



Dentro de veinte años, lamentarás más las cosas que no hiciste, que las que sí hiciste. Así que, suelta amarras y abandona el puerto seguro. Atrapa los vientos en tus velas. Explora. Sueña. Descubre.


sábado, febrero 15, 2025

LA BELLEZA EN LA MUJER QUE ENVEJECE (Tertulia 66 de "Comer, Beber y Hablar")


Bajo este atractivo título tuvo lugar la tertulia número 66 de “Comer, beber y hablar”. 

Rafael Portal Moreno es un escritor, fotógrafo y Doctor en Psicología cordobés, que presentó este pasado martes en nuestra tertulia su libro “La belleza en la mujer que envejece”, un compendio de fotografías y poemas cuyo autor ha cosido con maestría después de viajar por Latinoamérica y África captando imágenes de estas mujeres de diferentes culturas que por sí solas constituyen un hermoso poemario.

Almudena Tarancón, técnica en Empresas y Actividades Turísticas por la Universidad de Sevilla, y ligada al mundo de la literatura de forma activa (es autora del poemario “Camino de Piedra Azul” y miembro, entre otras, de la Institución Literaria “Noches del Baratillo” o la Asociación Literaria “Generación Aljarafe”, fue la encargada de presentar al autor y dirigir, la tertulia.  

Nuestro agradecimiento a la librería “BUKS”, a su dueño, José Manuel, y a Ángela, por el trato exquisito que nos dispensaron a todos los asistentes al acto. Carmona tiene suerte de poder contar, por fin, con una librería que nos enriquezca a todos cuántos queremos leer, para saber, divertirnos o crecer como personas. 

Como en todas las tertulias hasta ahora, y van 66, bautizamos a nuevos tertulianos. En esta ocasión fueron: María del Carmen Corzo, Cristina López, Ana Guardia, Rosa Pérez, o el propio Rafael Portal. 

Gracias especiales a la directora de la Biblioteca, María de los Ángeles Piñero, amiga, fiel tertuliana y activista imprescindible del mundo literario carmonense. 

Gracias  a todos, porque fue una verdadera tertulia en la que intervinieron la mayoría de los asistentes con sus diferentes opiniones y sugerencias sobre la vida, la muerte, la vejez, la mujer, las distintas culturas, y todos los mundos que la hermosa escritura e imágenes de Rafael Portal nos iban sugiriendo. 

Rafael nos dio una clase magistral, como psicólogo que es, además de escritor, sobre la biografía de las emociones. 

Para cerrar esta reseña os dejo la pregunta de un querido tertuliano y amigo, Enrique, que siempre nos enriquece cuando interviene: 

¿Depende la felicidad de la tierra que se pisa? 

Pues, aquí pueden vuestras mercedes dejar vuestras respuestas en forma de comentario. 

     

Manolo Martínez

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sábado, febrero 08, 2025

MORIR DE AMOR

Cuenta, José Luís Sampedro, que el urogallo en celo llama a la hembra  con un canto muy especial. 

Se llena de aire y se le hincha la cara, de tal manera, que se le enciende todo. Se ciega, no ve, no oye, no se entera de nada (parece que acabase de salir de la taberna el sábado tras el partido de fútbol). 

Es el momento que aprovechan los cazadores para acercarse y pegarle un tiro.                        

Sampedro reivindica  morir como el urogallo, en pleno éxtasis amoroso.             

Hay una vasta relación de estudios sobre el aturdimiento al que sucumbe el ser humano cuando se enamora, con especial incidencia en el macho. 

Las alteraciones  que sufre el hombre cuando Cupido hace diana quedan sujetas a la globalización, de tal forma que afecta a la psique, al soma y al alma, los tres elementos que conforman al hombre. 

Ejemplo claro de esta somatización del amor, o el desamor, es Florentino Ariza, personaje que en palabras de García Márquez se debate entre vómitos verdes, cagantinas, desmayos y una necesidad urgente de morir, es decir, su mal de amores le regala los mismos síntomas que el cólera. 

La química del cerebro seducido se alborota hasta el punto de afectar, no sólo al  aspecto del encandilado, sino a su conducta. No se pueden decir, ni hacer, más tonterías que en los primeros momentos de la efervescencia amorosa. 

Apenas reflexionemos un poco veremos que la lógica, como siempre, se impone. Somos animalitos, racionales, educados, a veces, con corbata y los dientes blanqueados, pero animalitos manque nos pese.

Esperemos, que la parte frontal de nuestro cerebro, la más evolucionada, siga impidiéndonos copiar los comportamientos de algunos congéneres del reino animal, como el de la mantis religiosa, cuya hembra mata al macho, en la antesala del acto sexual, ya que los cuerpos de ambos no pueden acoplarse, si no le arranca antes la cabeza  al macho. O la de una especie de araña en la  que la  hembra se come al macho durante la cópula.      

 (Jodeeer, basta, basta…, que se me está poniendo mal cuerpo. A ver quién se “entierra” esta noche en la cama con la parienta).  

Manolo Martínez

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domingo, febrero 02, 2025

TE QUIERO...NO TE QUIERO...

— "Pero… , podemos seguir siendo amigos. Nadie sustituirá nuestros besos, ni vendré más a ver esta vista. Pero, por favor...dime algo, no agaches la cabeza y te calles. 

— "Te digo que has elegido el peor día para decirme que ya no me amas. Ni juega el Betis, ni tu amiga Pili está hoy en su casa." 

— "¿Pili...? ¿Y para qué quieres que mi amiga esté en su casa? Espera... creo que te vuelvo a querer. 

 Texto: Manolo Martínez

Fotografía: Fernando Baeza Sánchez

sábado, febrero 01, 2025

LOS FANTASMAS DE LA PLAZA ARRIBA


 Yo no soy mucho de fantasmas, pero, esta bellísima fotografía de Miguel Ángel García Buza, y la oscuridad de la noche, han hecho que un puñado de personas, que en el pasado faenaron en las orillas de esta Plaza de Arriba, hayan gastado sus nudillos llamando a las puertas de mi memoria. 

— Mira, allí estaba "El Moli", y al lado "Caracorcho". 

Mientras recito a mansalva aquellos nombres me voy girando, como los toreros cuando brindan su faena al respetable, y sigo: 

— Y más pallá "Rodrigo", y dónde hoy están los helaos, estuvieron don Manuel Márquez y don Aurelio Aranzana, los  médicos, y la gestoria de Octavio, y en el callejón "La Noria", con Manolo dentro, y “La Barca" y “La Covacha", y…, ostia, que se me ha salío la cadera de su sitio de tanto retorcerme hasta llegar otra vez al Moli. 

Sólo quedan en pie "El Goya", y la farmacia de Jalón, calamares si estás esmallao, o apiretales si estás guarnío. Andaqué… 

Manolo Martínez

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martes, enero 28, 2025

EL GATO CHULO

3

 Quién hizo esta fotografía tuvo la inteligente sensibilidad de abrir en canal la oscuridad y ponerle ojos de gato chulo. 

Con esta imagen  el fotógrafo intuyó que siempre hay una mirada que ilumina cualquier sombra, y que si te quedas quieto, como el gato chulo, aparece el aplomo y coge las riendas. 

Siempre hay ventanas abiertas, salidas, rendijas que te permiten huir, aunque no haya nada de lo que huir.

                                                                     Manolo Martínez

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lunes, enero 27, 2025

UN CULO Y SEIS RESPUESTAS


    ¿Por qué un culo provoca tan distintas reacciones, sobre todo, siendo el mismo culo? 

Mientras la primera señora se escandaliza ojiplática al ver aquellas nalgas expuestas a la vista de todos en un escaparate, el crápula agarrado a su mujer, mira de soslayo y con cierta lascivia lo mismo que la perturbada dama.


Sin embargo, las mismas posaderas, provocan una sonrisa divertida en el señor del bombín que echa humo, por la boca, pero por el cigarro que en ella se aloja, claro.


Y esa misma popa es estudiada, con fruición, por el señor que enfoca con el final de la espalda de la nalguidesnuda.


El gendarme pasa revista a las tropas apretando la boca y recriminando de un vistazo aquel desabrigo.

  

Una señora mayor se vuelve sobre sus pasos, para recordarse, que alguna vez, aquella lozanía también habitó su piel.


Conclusión: los culos no son pecaminosos, lujuriosos ni ilegales. Son nuestras miradas y la educación que las gobierna, quienes bautizan las retaguardias, o "loquesea", de puritanismo, intolerancia o naturalidad.

Manolo Martínez

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domingo, enero 26, 2025

¿LO VES?


 Allí está, ¿lo ves? 

Es enorme, hermoso, y es todo tuyo. No lo malvendas por unos días de pereza. 

Riégalo con cariño, desbrózalo de mentiras y ámalo. Aunque ahora lo veas tan lejano, te prometo que no tardará en llegar. 

Recorre el camino hasta él con valentía y optimismo, no permitas que el miedo sea tu compañero de viaje. 

No es ningún cortijo, hijo, es algo más grande: es tu futuro. 


Fotografía: Fernando Baeza Sánchez

Texto: Manolo Martínez

sábado, enero 25, 2025

SIN TI

Apenas llevo unas horas sin ti y ya te echo de menos. 

Noto tu falta. No me hallo. No sé moverme sin tu cercanía. Es tanto el tiempo que pasamos juntos que ya eres parte de mí, tanto que me has creado una dependencia casi enfermiza. 

Aún así, intento reflexionar, pararme a pensar, preguntarme si realmente me convienes. No te digo, lo que yo mismo me contesto, porque no quiero herirte. ¿Que me pasa entonces? Ni contigo ni sin ti. 

Y ahora que lo rumio, tampoco eres para tanto. Lejos de templarme me desasosiega y me inundas de adrenalina. 

Y es que no callas. No conoces el significado de ese bien espiritual que es el silencio. Hablas a todas horas, hablas por los codos, y si alguna vez te callas es para incitarme a que yo hable. Es una locura. Me urge tomar una decisión ya. Ahora. 

Si acaso voy a esperar una tarde más, sólo una más. Por aquello del amor propio, por saber que si quiero puedo ser autosuficiente, por mi ego, por refrendar que soy capaz de vivir sin ti: una hora, una mañana, una noche, un día entero, quizás una semana… 

No. No es verdad. No puedo más. A las tres sale el autobús. En poco más de treinta minutos te tengo en mis manos, bueno…, si quiero que te pongan la pantalla protectora tendré que esperar algo más. No me importa. Te necesito. Cojo la tarjeta, el DNI, y ya estoy en Media Markt que es donde siempre me esperas. 

Me he quedado sin móvil, Dios, no sé cuánto más podré aguantar. Sin ti, móvil, no sé vivir. Me voy corriendo que pierdo el bus. 

     Manolo Martínez

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sábado, enero 18, 2025

CHARI BELLA


 Hay personas que son ricas sin serlo, y Chari es una de ellas. 

Un perol, aceite, agua, sal, un libro, su sonrisa, su conversación y su alegría de vivir. 

Ese es el cortijo de Chari, quién no ha desperdiciado un solo día, como nos ocurre a la mayoría, esperando un golpe de suerte, cumplir un sueño, o vivir otra vida. 

Trabajar, leer, ver amanecer cada día, y alojar, en cada rueda de jeringo, una charla, una historia, y el amor a su briega.

Éste es el cortijo de Chari, y no, no hay dinero en el mundo que pueda comprarlo.

                                                                      Manolo Martínez

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domingo, enero 12, 2025

MACÍAS


 Guardar cola ante el kiosko de Macías era toda una lección de vida. 

Niños y padres aprendíamos a ser diligentes, prestos, claros y concisos, cuando esperábamos turno.

— Las pipas, ¿con sal o sin sal?, los caramelos, ¿masticables o ya masticados?, a ver…tú, ¿qué vas a querer? 

— ¡Venga chiquillo...¡ 

Macías era resumido, en su físico y en su merchandising, pero como siempre, la memoria lo hace más grande cada día. 

Manolo Martínez

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sábado, enero 11, 2025

CARMONA EN PIJAMA


Cabalgan las luces por las calles de Carmona mientras la noche arropa a los carmonenses, como hacen las madres con sus hijos. 

La vida se abre paso a besos, entre aromas de pucheros y suspiros de estudiantes que esconden, entre las hojas del libro de Historia, la foto de la niña que aman. 

Entretanto, maullan por los tejados nuestros deseos, custodiando ese puente que amarra la noche al día.

Fotografía: Fernando Baeza Sánchez 

Texto: Manolo Martínez

lunes, enero 06, 2025

SIETE DE ENERO, SAN FERMÍN

Diciembre ha sido un mes bien despachao, No le ha faltao de ná: chimenea, villancicos, lucecitas de colores, beber hasta quedarnos guarnío, comer por “ná y meno” y besos, muchos besos y abrazos, ¡qué bonito ha quedao tó! 

Pero mañana es siete, siete de enero, San Fermín, porque vamos a corré, intentando que no nos de una corná alguno de los seis toros que mañana sueltan: 

Madrugón (negro bragao),

Frío (astifino),

Calle vacía (en busca del sueldo)

Actitud (pasao de kilos por los mantecaos y echando humo por el hocico)

Trabajo (es lo que hay)

La verdad (la que tú elijas) 

…y aún así, vamos convencidos de que todo va a ser distinto. Que el nuevo año vamos a cambiar todo lo que no nos guste, y a disfrutar, sin miedo, de la vida. 

Esta ilusión/propósito es más vieja que el andar p´adelante, pero, como te escantilles, antes de que suene la sirena para volver a casa a comer, ya vienes escardáo. 

Porque, por mucho que te quejes en la taberna, o a tu parienta, de que estás “pasando lo que no está en los escritos” (en tu fábrica, en el mar, o en la montaña, allá dónde te busques las lentejas), si no cambiamos nuestra actitud nada cambia, por muchas frases hechas que cojamos por bandera el día de nochevieja. 

A veces el cambio es un simple no, otras sin embargo, es un sí el que te libera de las caenas. 

Yo te digo mi verdá: lo único realmente importante es respirar. 

Postdata: …por eso me voy a pedir una reducción de cornetes. 

Manolo Martínez

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domingo, enero 05, 2025

CARMONA SE PASEA POR CARMONA


Cuando las navidades va dando las boqueás aparece la Cabalgata de Reyes que organiza la Peña de la Giraldilla y pone a Carmona boca abajo. 

Alfonso, Rafael, Eliseo, Fernando, Miguel Ángel, Gracia María, Pepe, Juan, Esperanza, Julián, Cristina, Víctor…, electricistas, mecánicos, empresarios, restauradores, arquitectos, abogadas, herreros, médicos dentistas, estudiantes, peritos agrícolas…, personas que cuando acaban su jornada de trabajo, sea cual sea, se visten de giraldillos y empiezan a construír una Carmona para los carmonenses del futuro, los niños. 

Esta fotografía se la he robado a mi amigo Ramón Rodríguez

Y, por si fuera chico este milagro, que ocurre la primera semana de cada año, no tienes que ir a contemplarlo a ningún museo, ni ponerte en cola para sacar entradas y contemplarlo, porque los giraldillos te llevan, este gigantesco regalo, sobre imponentes carrozas, hasta la misma puerta de tu casa, envuelto con la música de varias bandas y custodiado por la impagable labor de la policía de Carmona, que le abre paso por las calles empetás de la mejor ciudad del mundo. ¿Quién da más? 

Salud para este año recién nacido que los giraldillos sostienen boca abajo, y cogido por los tobillos, mientras le da guantaítas en la espalda para que se arranque a la vida, no con un llanto, sino con el villancico: “…ya vienen los reyes magos, ya vienen los reyes magos…” 

            Manolo Martínez

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miércoles, enero 01, 2025

¿QUIÉN ES ESTE TÍO?

Tengo claro que NADIE va a leer esto texto, por largo, hasta el final, por eso cuento tantas cosas íntimas en él.


¿Quién es este tío?, se pregunta el gafita mientras mira al dealao.

Soy tú, le responde el dealao. 

A pesar de tené la gafita empercochá, por la arenilla de la playa, le remiro y caigo en la cuenta de que es verdad, de que soy yo, en el pleistoceno, pero yo, el Manué, el hijo de José y María, el que convive con un Ángel, y un Pablo, como el de la conversión. Además nací un Jueves Santo. Pero, a pesar de tanta casualidad, no hay causalidad, porque de chico, dicen, que ni siquiera tanta coincidencia en la sacra nomenclatura, impidió que fuera más malo que un rajón. Buen estudiante, pero travieso, culillo de mal asiento. 

Esta presunta vanidad, la de escribir sobre mi mismo, obedece, más que a un absurdo exhibicionismo, a esa “necesidad”, que todos tenemos el primer día del año, de hacer balance primero, para proponernos después, un año más, una incumplible lista de propósitos que, además, son los de siempre. 

Y es que, después de 60 navidades, tengo la sensación de haberme pasado media vida remando a fuerza de latigazos, como Ben-Hur, sin importar la mano que en cada momento haya asido el látigo, a menudo era mi misma mano, la autoexigencia, intentando salir de cada día, como si cada día fuese una galerna, luchando contra todo para nada.      

 

Y quizás, por todo eso, me ha dado la picá, el penúltimo día del año, de irme a Cádiz para mirarle a los ojos al mar. La calma chicha de sus tranquilas olas me devolvieron la mirada, quedándonos quietos los dos, como dos chiquillos de quince años que se hacen ojitos. 

Luego, paseando por la Caleta, la Plaza del Mentidero, Calle Ancha, la Plaza de la Mina…., comprobé como, aquí, en Cái, la gente siempre anda despacio, vaya camino del trabajo o vaya al banco a pedir un préstamo. La vida transcurre lánguidamente, como los atardeceres a los que los guiris le aplauden en verano. Nadie corre cuando ve que el semáforo va a ponerse en rojo, se deja ir, ya vendrá de nuevo el verde. 

Y es que no se puede vivir siempre con el cuchillo entre los dientes. Hay que bajar la muleta, y templar al morlaco, cuando el morlaco te quiere cogé. 

Entre tanto, mientras me tomo la quinta caña en el Manteca, empiezo a entender que, a estas dos fotos no las separan años. Hay otros escalones, con el tramo y la contrahuella,  más altos que los años: las risas de los niños cuando eran chicos, los abrazos apretaos de los novios, los problemas, mayores y menores, la calidez de la mano de quien coge la tuya durante el camino, el sabor que te deja el adobo o el chicharrón de Cái, o el amargor del vómito, todo eso son los verdaderos escalones, no los años. 

¿Vanidad por escribir sobre mí mismo? Al contrario, la vanidad, casi siempre, es hija de la inseguridad

Manolo Martínez

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domingo, diciembre 29, 2024

RATONES EN CASA


Me desperté temprano y con ganas de hacer deporte. Calzonas, camiseta, calcetines y zapatos de deporte. Empecé a bajar las escaleras y, hacia la mitad  del descenso, una especie de chillido fino me detuvo. Me quedé quieto, con la oreja alerta, a ver..., ahora ya no lo percibía. Seguí bajando escalones y volví a escuchar aquellos diminutos ruídos. No cabía duda, eran ratones. 

Pero, ¿dónde? Agucé el oído, me volví a inmovilizar y de nuevo el silencio. Eran listos los jodíos. En cuánto dejaban de escuchar mis pasos y, a sabiendas de mi intento de localizarles rastreando sus vocecillas chillonas, se callaban. Pero ya no podía irme a correr tranquilo. Tenía ratones en la casa.

 

Allá donde entraba los chillidos me acompañaban: en el salón, la cocina, la cochera, el baño…¡ostia, tenía la casa minada de roedores! 

Pero algo no cuadraba. Mientras yo andaba los ratones hablaban, y en cuanto me quedaba quieto, callaban. Entonces se hizo la luz en mi sesera. 

No es que hubiera ratones por toda la casa, es que los ratones estaban en mis zapatos. Por eso, cuando yo caminaba, les pisaba, y chillaban, y al quedarme quieto, se relajaban. 

¡Ostias, ostias, ostias! Me quité los zapatos con los propios pies. No quería tocarlos siquiera, y los lancé al patio, lejos de mí. Tras unos segundos, esperando que salieran los puñeteros bichos, procedí a la inspección de mis zapatillas de deporte descubriendo, ¡oh bochornoso hallazgo¡, que las cámaras de aire de mis zapatos estaban pinchadas, y al andar yo expulsaban el aire,  emitiendo unos pitidos que  mis pocas luces habían confundido con chilliditos de ratones, de ahí que "los ratones! fuesen dónde yo iba, y callasen cuando yo me quedaba quieto. Pa haberse matao. 

Esto ocurrió realmente una mañana de domingo del año de nuestro señor dos mil quince, el mismo año que la Pantoja obtenía su primer permiso carcelario, Lituania ingresaba en la eurozona y Carmen Gahona fue a Supervivientes.

Manolo Martínez

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sábado, diciembre 28, 2024

EL SUPOSITORIO

 

Después de cuarenta años de abreycierras anales, va y me dice una ATS, que los supositorios se ponen al revés, con la puntita mirando al suelo y no al "cielo", con el fin de ser absorbido y no proyectado. 

A ver ¿quién me restituye a mí los daño moro-anales?                   

Pues anda que no llevamos supositorios mal metidos los de mi generación, tantos como cosas hechas al revés. 

 ¿A quién de ustedes no le inundaron el hígado con Tío Quinito por hacerle ascos a la comida? Claro que por aquellos años no se habían inventado las transaminasas. Otro supositorio al revés... 

Hace poco recibí un correo en el que se especificaba que un padre de 1.979 cobraba 38.000 pesetas y una vivienda del mismo año rondaba las 500.000 pesetas. 

Hoy el sueldo se ha incrementado un 750 %, pero es que el menú  ha ascendido un 1650 %  y  las viviendas –agárrense– casi un  3000 %. 

Las familias de mi infancia pudieron la mayoría adquirir una casa. Ahí están La familia Monster, los Picapiedras, hasta los Ingalls consiguieron su Casa de la Pradera. 

Hoy, los bancos nos bajan los pantalones, nos ponen sobre sus rodillas y nos meten 50 años de intereses con la puntita del sueldecito para adentro. Empujan, presionan y nos aprietan las dos nalgas, como hacían nuestras madres para que nos expulsáramos el supositorio.

Manolo Martínez

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miércoles, diciembre 25, 2024

FANTASMAS A DOMICILIO POR 250 EUROS


Decía Scrooge que las navidades eran paparruchas, chulería que le costó la visita a domicilio de dos fantasmas cabrones: 

Uno echándole en cara cosas que había hecho mal en su pasado, y el otro metiéndole el miedo en el cuerpo con cómo acabaría su vida si no cambiaba su rabia contra el mundo y su tacañería, y surgió efecto. 

Si alguien consiguiera hacerse con el teléfono y los servicios de estos dos fantasmas se pondría las botas estas navidades enviándoselos a más de uno que tanto los necesita. 

¿A qué se les vienen a ustedes muchos nombres a la cabeza a quiénes le enviarían los fantasmitas de los cojones? 

Contratar al fantasma del pasado podría salir por unos 50 euros la hora, no es mucho, al fin y al cabo el pasado es algo fácil de demostrar porque está ya escrito. 

Pero fichar al fantasma del futuro se iría a 200 euros la hora, y es barato, porque hay que demostrarle al malbicho que sea, en qué se convertirá su vida de seguir dando por culo. 

Conseguir esa escenificación, y hacerla creíble, para convencer al inculpado de que es necesario que cambie cuesta una pasta: hologramas, informática, voces en off, cadenas y portazos. 

…pero merecería la pena. Sería tu mejor inversión.

Pruébalo y me das el teléfono si lo consigues con algún familiar de Dickens.

 

ENVÍAMOS FANTASMAS A DOMICILIO

FANTASMAS DEL PASADO (50 euros la HORA)

FANTASMA DEL FUTURO (200 euros la hora)

 Manolo Martínez

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domingo, diciembre 22, 2024

El día que NO me tocó la lotería.

Nunca olvidaré el día que NO me tocó la lotería. Era navidad. Salí para el trabajo cerrando despacio la puerta para no despertar a los niños, ni a mi mujer, que aún dormían porque ese era su primer día de vacaciones. 

Antes de ir a la oficina me pasé por la panadería, dónde todo el mundo tenía cara de domingo escuchando, en la radio, a los niños de San Ildefonso cantar las bolas premiadas. 

—¿Qué quieres?, —le preguntó la panadera a la mujer que iba delante mía. 

—Una casa. 

—Y yo un mes de vacaciones, —dijo un hombre, ya mayor, con aspecto de cansado  que también esperaba turno. 

—Pues yo me conformo con que mi hijo salga del hospital antes de que acabe el año, —respondió otra mujer. 

Mientras los niños seguían estirando la última sílaba del número cantado, me quedé cavilando que aquellos tres deseos los tenía yo sin necesidad de que me tocara la lotería. Una casa, unos hijos sanos y un poco de descanso. 

—¿Y pan? ¿Alguien quiere pan?, —soltó la panadera impaciente, mientras cada uno de los presentes ajustaban sus cuentas por si les tocaba la lotería. 

Todos reímos la ocurrencia y empezamos con el pan nuestro de cada día: 

—Dos vienas y un mollete, y apúntamelos, que hasta el viernes no cobro, —dijo la mujer que quería una casa. 

—Un bollo, —pidió el que tenía a su hijo en el hospital. 

El hombre mayor con aspecto de cansado no pidió nada. Estaba con la mirada clavada en su décimo de lotería y la oreja en la radio, no fuera a ser que cantasen su número y no lo escuchase. 

Yo pedí lo de siempre, dos blandos, un francés y una telera pequeña, de García Martín, que para eso es de la familia. 

Con la bolsa del pan dando vueltas en mi mano llegué al trabajo y me senté delante de una pared de papeles. Inspiré y empecé a tararear un villancico del año de catapún. Mi compañero me miró de soslayo, y yo le sonreí, antes de decirle: 

—¿Sabes? Este año tampoco me ha tocado la lotería. 

—Suele ocurrir cuando no se compra, —me disparó sin mirarme.

Manolo Martínez

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sábado, diciembre 21, 2024

LA NOCHEBUENA YA NO ES LO QUE ERA


La primera música que recuerdo de la navidad es la cuchara de mi madre chocando con la olla mientras le daba vueltas a los avíos del guiso de nochebuena. 

Pero la melodía, que más me alegraba, era la del tintineo de las tapaderas sobre las cacerolas que acarreaba la gente, por medio de las calles, aquellas nochebuenas en las que los hijos iban a comer a casa de los padres, o los padres a casa de los hijos. 

Nada que ver con las fiestas de ahora, que parece que nadie tiene casa un día tan de estar en casa, desde que nos ha dado por celebrar esta fiesta en los bares. 

Pero volvamos a la música, y a las sinfonías que nos avivan los recuerdos: 

Un tenedor frotando una botella de aguardiente, el “yo me remendaba yo me remendé…”, el sonido del papel arrugándolo contra el pecho para formar las montañas del nacimiento, o los niños de San Ildefonso cantando los números de la lotería. 

Aunque mi melodía preferida sigue siendo la conversación de toda la familia alrededor de la mesa después de comernos el pavo. 

En fin…, si pudiésemos meternos en uno de aquellos Cinexim de color naranja, ¿se acuerdan ustedes?, y darle al tiempo patrás y palante, a nuestro antojo, sólo con darle vueltas a la manivela. 

Háganme ustedes un favor, por favor, cierren los ojos, ahora mismo, y escuchen. 

Se oye perfectamente: el roce de la cuchara sobre la olla, la voz de los niños de San Ildefonso, o las castañas saltando en las cacerolas. Es la navidad que nos está hablando. 

Felices Pascuas y salud para todos.

Manolo Martínez

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miércoles, diciembre 18, 2024

EL OFICIO DE VIVIR

El oficio de vivir es un libro que nace del diario íntimo de Cesare Pavese. Lo empezó a escribir el mismo año que nació mi padre, 1935, y lo terminó el mismo día que nació mi mujer, un 18 de agosto, casualidades simplemente, como las de Paul Auster. 

Escribió Cesare, entre otras muchas cosas: 

“La religión consiste en creer que todo aquello que nos ocurre es extraordinariamente importante. Nunca desaparecerá del mundo, precisamente por esa razón”. 

…o esta otra: 

“El arte de la vida, y esto es lo más atroz, consiste en ocultar a las personas queridas la alegría que sentimos en estar con ellas; de lo contrario las perdemos”. 

Pero de todo lo leído en este diario, lo que más me impactó es la forma en la que acabó el libro: 

“Todo esto da asco. Basta de palabras. Un gesto. No escribiré más”. 

Luego se suicidó. 

Alguien dijo que la muerte no es triste, que lo triste es que la gente no sepa vivir. 

Mi amigo Antonio Rivero, cuando me despedí en falso, como los toreros malos, de convocar más tertulias, en una que organicé sobre el flamenco en aquel hermoso hotel palacio Casa Carmona, y que dirigió José Luís Rodríguez Ojeda, me leyó el poema  Ítaca, de Constantino Cavafis. 

Desde entonces lo releo a menudo porque me recuerda que el viaje siempre es más importante que la meta. 

“Cuando emprendas tu viaje a Ítaca, pide que el camino sea largo, lleno de aventuras, llenos de experiencias...Ten siempre a Ítaca en tu mente. Llegar allí es tu destino. Más no apresures nunca el viaje. Mejor que dure muchos años y atracar, viejo ya, en la isla, enriquecido de cuánto ganaste en el camino, sin aguantar a que Ítaca te enriquezca”. 

Está claro que el oficio de vivir no es fácil, si realmente tu intención es aprender ese oficio, y no pasarte la vida quejándote como los malos aprendices, del frío, del calor o del sueldo. Pero si entiendes que vivir es lo único que realmente tienes, acabas agarrándote a la vida como Leonardo di Caprio se agarraba a la tabla en las aguas heladas tras hundirse el Titanic.

Manolo Martínez

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lunes, diciembre 16, 2024

BARQUITO DE PAPEL

Hace unos días, durante mi trabajo en la Casa de la Cultura, conocí a Luís, quien me contó con nostalgia como, de niño, los días de lluvia, construía barquitos de papel en la calle Tahona. El barco estaba formado por un corcho, un palillo que, hincado en el corcho, hacía de mástil, y un trozo de papel, que pinchado en el palillo, se convertía en la vela de aquel barco. 

En cuánto la lluvia formaba un río que descendía desde la calle Tahona hasta Tinajería, Luís echaba su barquito de papel sin nombre, ni patrón ni bandera, al cauce de aquel río. 

Hace siete años, en una tertulia que tuve el enorme honor de organizarle al mejor poeta vivo de España, y actual director del Instituto Cervantes, otro Luís, Luís García Montero, en el Molino de la Romera, conocí a Rosa León, aquella que cantaba el Brujito de Gulubú, que venía acompañando a Luís. 

Mientras escuchábamos embelesados la clase magistral de literatura y vida que Luís nos regaló, observé como Rosa, mientras le oía, se afanaba en construir barquitos de papel, de los cuales guarde como oro en paño el de la fotografía. 

Mi padre también hacía barquitos de papel. 

Supongo que desde niños intentamos aceptar la brevedad del mundo, afanándonos en construír mil cosas: historias, proyectos, relaciones…, a sabiendas de que, en cuánto las moje el paso del tiempo, serán como el barquito de papel de Luís que se deshacía en el mar  de la calle Tinajería. 

Manolo Martínez

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sábado, diciembre 14, 2024

LA FAROLA

Espero que al recibo de la presente os encontréis bien, nosotros todos bien, a Dios gracias. 

No han pasado muchas cosas desde la última vez que te escribí, las de siempre: los niños crecen que ya nos han dejado atrás, a la abuela le ha dado ahora por hablar con el presentador del telediario, y cada vez hay más coches en las casas y menos aparcamientos en las calles, lo dicho, más de lo mismo. 

Pero te escribo estas cuatro letras sólo para enseñarte estas afotos de la farola, el pilar y la Vega de Carmona.  

Son de Miguel Ángel García Buza, el hijo de Manolito, ¿te acuerdas de Manolo el cartero? Sí niña, aquel mocetón rubio candela que parecía alemán, y que sabía de flamenco más que naide en Carmona.  

Pues ese niño, Miguel Ángel, tiene un arte haciendo afotos que parece que estoy escuchando a su padre hablar del cante güeno: conocimiento y claridad. 

Tan en es así que cuando miré esta farola tuve que ponerme la mano a modo de visera porque me molestaba el destello que salía de la farola, y cuando vi la afoto del pilar se me fueron las manos para coger el agua a puñados y lavarme la cara. Es espectacular.

Dime si no sientes la brisa en la cara de esa otra de la Vega.  

Lo dicho, clavaíto a su padre, aquel con la palabra y éste haciendo “afotos”.

Manolo Martínez

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