CARPE DIEM



Dentro de veinte años, lamentarás más las cosas que no hiciste, que las que sí hiciste. Así que, suelta amarras y abandona el puerto seguro. Atrapa los vientos en tus velas. Explora. Sueña. Descubre.


domingo, mayo 30, 2021

¿QUÉ ESCONDE EN EL BOLSILLO?


 Un acontecimiento y tres pensamientos: 

—Este lo he críao yo y es mío. 

—Esta noche te abrazas al ramo de flores, como hago yo ahora. 

—Es la única vez que dos mujeres se pelean por mí. 

Tres bocas, seis manos, un ramo de flores y ni una sonrisa, si acaso media, la de la sufrida novia. Pero nada de eso es importante, sólo nos intriga lo que la señora de la sonrisa al revés esconde en el bolsillo. ¿Un arma o su alma? Con cualquiera de las dos va "apañá" la del vestido blanco. 

Manolo Martínez

domingo, mayo 16, 2021

REBUJITO CON APIRETAL


Una vez al año, en primavera, se reúne el Sanedrín. Madres y abuelas, en “porcojonescracia”, deciden los hábitos que deberán lucir, durante la Feria, esos inocentes de dos o tres mayos. En menos de cinco minutos ya hay “fumatta blanca”. 

No hubo problemas con la oposición del padre y del abuelo. Eran dos contra dos. Mayoría absoluta, clarísima. 

Cuarenta centímetros de niño de traje corto, y una diminuta niña de faralaes. Es como si le diésemos vida a los muñequitos que adornaban el televisor de la abuela, casi dos hologramas. En ese microondas que llaman caseta, el sudor baña la cara de una criaturita que acoge en su cuerpo menudo más volantes que el “Virgen Macarena”. 

El amor de madre le hace vocearle al patriarca: 

—Pepe, con el rebujito, pide otra media de Apiretal. Algo la refrescará. 

Cualquier cosa menos quitarle el traje de flamenca. Con lo graciosa que va. 


En el otro extremo de la caseta, un angelito de dos años, “tira” como puede de un par de botos de Valverde del Camino, de kilo y medio cada uno (eso también son malos tratos).

Mientras, de las tres raciones pedidas, tan sólo una llega a la falda de la abuela. El resto han sido engullidas por ese ente intangible que devora y no paga, y que habita en todas las casetas. 

Unas boquitas naranjas escupen pompitas de jabón. Son las dos gambas supervivientes al naufragio del mistol de unos platos recién lavados…, con lo a gusto que se come en casa. 

Menos mal que la manzanilla, ese líquido amniótico que nos envuelve durante cuatro días y cinco noches, hace que nos riamos de tanto despropósito. 

Y el lunes, mientras el sol se muere un día más, el estómago, fiel a las leyes kármicas, nos devuelve con intereses incluidos, los malos tratos recibidos. Fatiguitas de muerte, mareos y malestar general. 

Manolo Martínez

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sábado, mayo 15, 2021

LA FELICIDAD PESA UN KILO BIEN DESPACHAO


Un sabio taoista decía: “El error de los hombres es intentar alegrar su corazón por medio de las cosas; cuando lo que debemos hacer es alegrar las cosas con nuestro corazón”

Muchos piensan que para ser feliz hay que tener un Ferrari en la puerta de casa, un despacho con los mismos metros cuadrados que cualquier vivienda de protección oficial, y media docena de Armanis colgados en el ropero.

Que no... que la felicidad es pararte en medio de tu trabajo y marcarte unas sevillanas con tu mujer y hacerle la vida agradable a la gente con la que tratas a diario. Sonreír, bromear, terciar… eso es la vida ¿o no?

Manuel y Mar son ricos por su forma de enfrentarse a los días y a los clientes con una sonrisa puesta y el buen rollo por bandera. Ese patrimonio no se hereda, se tiene o no se tiene.

La felicidad pesa 1 kilo bien despachao, que es lo que pesa nuestro cerebro. Y de ese kilo largo depende nuestra actitud ante las zancadillas que nos pone la vida. Es el que nos hace elegir entre ser feliz con lo que tenemos o infeliz con lo que no tenemos.

Cuando Jorge Luís Borges se enteró de que pronto moriría, escribió: "Si pudiera vivir nuevamente mi vida, en la próxima trataría de cometer más errores. Correría más riesgos, haría más viajes, contemplaría más amaneceres, subiría más montañas y nadaría más ríos..."

Queda claro que Borges no conocía a Manuel Guijo ni a Mar, porque de haberles tratado hubiera incluído en su escrito "...y me haría cliente de Manolo y Mar, no sólo por su buena mercancía, sino por su alegría detrás del mostrador "
Manolo Martínez


miércoles, mayo 12, 2021

EL MEJOR PESCAÍTO DE MI VIDA


Este miércoles pasado me encajé en la Caseta Municipal, como hago todos los años el día del pescaíto, antes de ir la Peña "El Búcaro" para abrir la Feria. Desde lejos ví que había ambiente porque la cola para entrar llegaba a la Caseta del Baloncesto. 

Habrá pescaíto gratis, pensé, pero el caso es que no vi a ningún abuelo con el ticket en la mano. Que raro…sólo había gente de mi quinta. Todos iban arremangaos, pero curiosamente de un solo brazo, cosa que no me extrañó porque los de mi quinta hacemos cosas muy raras cuando empezamos a envejecer intentando aparentar menos años. 

Pero, conforme me acercaba a la caseta, me escamó que no oliera a ese maravilloso aroma a pescaíto frito que se derrama de los peroles inundando las calles de la feria. Olía raro, como a desinfectante… me imaginé que no habrían cambiado todavía el aceite. 

Por no molestar, me puse al final de la cola sin preguntar, y me arremangué un solo brazo, para no desentonar con los que tenía delante.

Hete aquí que cuando llegué a la barra no había barra, sólo unas cuántas mujeres vestidas con un traje de flamenca mu raro, blanco y sin volantes, muy soso la verdad. A la primera que me tropecé le disparé: 

—Señorita, por favor…, ¿me pone una de calamares y media de mero frito? 

La flamenca blanca, muy amable, dicho sea de paso, me miró raro y luego me contestó: 

—Lo siento, sólo nos queda algo de Moderna y unas cuántas Pfizer. 

—¿Boquerones tampoco? —insistí yo. 

—Ah… mire usté… alguno queda, pero tiene que ser en vena…—no me gustó el tono en que me los ofreció, como de cachondeo, pero siendo boquerones… 

—Venga…póngamelos. 

Entonces cogió una jeringuilla y me hincó en el hombro la media ración de bichitos atontaos mientras me cantaba: 

—Mírala cara a cara que es la primera…

—Gracias señorita —le dije— ha sido el mejor pescaíto de mi vida. 

(…y gracias a todas esas flamencas sin volantes, que nos habéis regalado un ticket para volver el año que viene, y de verdad de las buenas, ¡no se puede ir más guapa a la feria!)

domingo, mayo 09, 2021

El tío Tiempohabrá, se murió de viejo y nunca hizo ná.

Hoy ha muerto el poeta José Manuel Caballero Bonald a los 94 años. En una de sus últimas entrevistas  le preguntaban por su próximo libro, a lo que él contestaba que se le había acabado el tiempo. Pero antes de esa "adivinación", el escritor jerezano había estudiado Naútica y Filosofía y Letras. Había escrito novela, ensayo y poesía, y había sido premiado con el Premio Miguel de Cervantes, amén de vivir y mil cosas más que no caben aquí.

No me digan que no les ha pasado alguna vez. ¡Noooo…! , lo de morirse no, me refiero a lo de “tiempohabrá”.  Bonald hizo toda su ida lo que amó, y fue consciente de que "hasta aquí llegué", pero ¿cuántas veces nos escondemos del tiempo como si éste no tuviera fin? 

Háganme un favor, dejen ustedes un momento la cerveza en la mesa, y levanten la mano quién no haya dicho nunca aquello de “mañana estudio”, “el lunes empiezo la dieta”, “el 1 de enero dejo el tabaco”, “tiempo habrá de pintar el patio”, “tiempo habrá de quitarle las malas hierbas a la azotea”. 

Pasan los años como los galgos detrás de las liebres, y los días como las liebres, no te digo más. 

Manolo Martínez


LO QUE COSTABA LA FERIA DE CARMONA EN 1979


Los que hoy peinamos canas, fuimos a la Feria de 1979 en pantalones cortos. 

Nuestros padres nos hablaban aquella feria en pesetas, y nuestras madres nos reñían si no estábamos a las tres en punto en la caseta, para abrir la fiambrera repleta de filetes empanaos, porque los sueldos no permitían estar cuatro días seguidos pelando gambas (hoy tampoco lo permiten, pero somos más señoritos que nuestros padres, y las pelamos). 

Curiosamente comprobaremos que, como ocurre hoy, se necesitaba un dineral para pagar la luz. Pero, claro, no ibas a entrar en las casetas como entramos en las casas, gritándole a los niños:  —Chiquillo, apaga la luz.

 RELACIÓN de GASTOS de la FERIA DE CARMONA del AÑO 1979


 Sevillana de Electricidad……………………..107.082  pesetas

Iluminación Merino, exorno………………….135.000      “

José Noble Carrasco, Orquesta………………...80.000      “

Director Banda de Música……………………..35.000       “

Antonio García Pérez, montaje caseta………….30.000     “

Antonio Marín Expósito, farolillos……………..11.250     “

Publicidad Fama, anuncios ABC……………….11.100     “

Francisco Moya, Conjunto Sevillana…………...15.000      “

Hnos. García Magaña, pintura rótulos…………..5.500      “

Facturas Magallanes, albero…………………….13.100     “

Gastos de riego………………………………..…4.500      “

Subvención prueba ciclista………………………5.000     “

Gastos de cobranza a ambulantes………………..4.000     “

Nómina de trabajos………………………….….18.000      “

Factura de F. Cintado, trofeos……………………5.500    “

Exorno de casetas………………………………..6.000     “

Invitación ancianos de Caridad………………….5.000     “

Festival Voz de Carmona………………………..5.000   pesetas.

(Información sacada del Boletín del Ayuntamiento de Carmona del año 1980 que mi suegro, excelente guardador de recuerdos, conservaba)

                                                                                                        Manolo Martínez

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sábado, mayo 08, 2021

UN BESO DE RIÑONES


 ¿Por qué demonios a todos nos “pone” lo difícil? Si esa mujer, a la que besa el gilipollas suicidándose a medias, se la encuentra recostada en el quicio de la puerta de la planta baja, ni la mira. Pero ahí… a esa altura… y haciendo equilibrios… ahí el beso sabe a gloria, aunque sea sin lengua. 

Encima de los riñones tenemos una glándula que produce adrenalina, la cual nos hace sentir bien. Con ella respiramos mejor porque nos dilata los bronquios y nos proporciona dopamina, la hormona de la felicidad. 

Cuando estamos en peligro, o tenemos miedo, liberamos adrenalina para enfrentarnos al estrés que esas situaciones nos producen. Así que tú eliges: o te tiras por un puente amarrado por los tobillos, o te buscas una novia que viva en la cuarta planta y una bici como la de la foto, o te metes en el mp3 todas las canciones de Leticia Sabater. 

Bueno…, si quieres adrenalina a tutiplén, lo más fácil es poner en fila india encima de la mesa, las facturas de la luz, del agua y de los móviles de tus hijos, y al lado, al final de la fila, tu nómina. Réstale las tres primeras a la última. 

¿Qué? ¿Cómo se te ha quedao el cuerpo? ¿No querías adrenalina? Ah…, ¿que no te sientes bien?, pues será que no segregas bien encima de los riñones, vete al endocrino. 

Manolo Martínez


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viernes, mayo 07, 2021

PARA QUE LUEGO DIGAN QUE LAS MATEMÁTICAS NO SIRVEN "PA NÁ"


 ¿Cuántas veces hemos pensado durante las infinitas clases de matemáticas…, pero todo esto para qué sirve? ¿Para qué sirve un coseno, una integral, una derivada, pi... para qué coño sirve el número pi? ¿Y el mínimo común múltiplo? ¿Y una raíz cuadrada? 

En la panadería nunca nos pidieron nada de esto para darnos la viena, salvo el dinero, claro. Ni siquiera el carnicero, un tío listo dónde los haya, nos hizo despejar la X antes de vendernos las alitas y el contramuslo. ¿Nos sería más fácil entender el prospecto del paracetamol si supiésemos resolver un logaritmo neperiano? Que no. 

Demostrado queda, que las matemáticas, para lo único que sirven, es para suspenderlas, y quedarte sin vacaciones, y sin paga. Me cago en las matemáticas. 

Pero he aquí, que el otro día, un buen amigo de la adolescencia, me mostró el precioso dibujo que ilustra este texto, hecho con un boli bic durante la hora que duró la clase de matemáticas de hace tantitantos años. 

 Lo que mi amigo desconocía es que el profesor de matemáticas, no sólo conservaba aquella improvisada obra de arte, sino que la había enmarcado y lo tiene colgado en su casa. 

¿Quién fue el talento que dijo que las matemáticas no servían pa ná? 

 Manolo Martínez

 

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domingo, mayo 02, 2021

EL PUCHERO DE MI MADRE


 Antes, cuando abandonábamos el nido al casarnos, una de las primeras cosas que echábamos de menos era el puchero de nuestras madres. 

Aquellos pucheros eran otra cosa, había algo mágico en ellos. Tal era así que, entre arroces y fideos, había veces que llenábamos las cucharas de estrellas, que nuestras madres cogían del cielo para echárselas a puñaditos al caldo, uno por hermano y dos para el padre. 

Aquel caldo blanco le abría los brazos a todo, como las madres. Por él navegaba el migajón, que a pellizcos arrancaba mi padre del bollo sobrante, los picatostes que bailaban los días de fiesta abrazados al escaso jamón picado y al huevo duro…hasta la lluvia que, en forma de microscópicas bolitas blancas, chispeaban desde ese cielo de carne y dedos que son las manos de una madre.  


Y es que aquel puchero reunía todo cuánto significa el hogar: calor, cariño… y  el alivio que nos recomponía el cuerpo cuando veníamos de la feria jartito de manzanilla. Entonces, apretábamos los labios, nos poníamos lo más feo que sabíamos, y hacíamos un “puchero”, como el que hace el niño que vemos en la fotografía… tiempo le faltaba a tu madre para ponerte el bendito vaso de caldo firmado con dos hojas de hierbabuena.
 
A mi madre, a todas las madres

Manolo Martínez


miércoles, abril 28, 2021

REGOGIENDO UN PREMIO LITERARIO EN TORREMOLINOS


Comparto este vídeo que Televisión Torremolinos ha tenido la deferencia de enviarme como recuerdo de la noche que tuve la suerte de recibir, de manos del Alcalde de Torremolinos, el premio a un relato mío. 

Cantaba Serrat aquello de que, de vez en cuando, la vida te besa en la boca. Yo me traje esa noche para Carmona uno de esos besos de tornillo, no sólo porque hubiera gente a la que le gustase lo que yo escribía, sino, sobre todo, porque había gente que me entendía, que compartía conmigo el amor por la escritura, sin más pretensiones que la de seguir escribiendo. 

Aparecen en este vídeo, compartiendo mesa y premio, aparte de una guapísima compañera, Manuel Terrín y Santiago Casero, hoy día escritores consagrados y cargados de reconocimientos literarios. 

Aprovecho la ocasión para agradeceros a todos los que tenéis la generosidad de leerme, incluso comentarme. Sinceramente, un honor. 

Manolo Martínez

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miércoles, abril 21, 2021

ANDANDO POR LA VIDA

Andar por la vida no es fácil, ni difícil, sólo depende de como esté el camino elegido. Hay días que parece que estás caminando descalzo por un suelo lleno de chinchetas. En cambio otros se te abren de par en par como la risa de un niño de cinco años. 

Se trata de, conociendo el paño, la imprevisible vida, tener un mínimo fondo de ropero para ataviarte según convenga. 

Para los días de chinchetas, una sonrisa con la suela de goma que nos amortigüe el pinchazo, y para los días buenos nos desnudamos, que las palabras y el sol nos recorran la piel de arriba abajo. 

Manolo Martínez 

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lunes, abril 12, 2021

Darwin, Paquirrín y Galileo, las ovejas negras que cambiaron el mundo

 

Son las ovejas negras las que cambian el mundo. Fue Galileo Galilei el que afirmó que era la tierra la que daba vueltas alrededor del sol, y aunque se le condenó por hereje, a día de hoy seguimos dándole vueltas.
Un puñado de años más tarde, Charles Darwin, y su Teoría de la Evolución, fue despreciado por la iglesia por afirmar el científico que descendíamos del mono, y cada día nos parecemos más al primate.


A propósito, Paquirrín le ha plantó cara al mismo Dios, desmintiéndole en aquello de "Te ganarás el pan con el sudor de tu frente"
Estas tres ovejas negras han cambiado el mundo. Nos han enseñado que la somos nosotros los que giramos alrededor del sol, que se puede bajar de los árboles y ponernos de pie y que ya no necesitamos trabajar ni estudiar para comer.
Ovejas negras, benditas ovejas negras



Manolo Martínez


domingo, abril 11, 2021

La reina y el príncipe Carlos


Esta fotografía refleja uno de los trabajos posíblemente más duros a los que el hombre se tiene que enfrentar, el cambio del rollo de papel higiénico. 

Hemos soportado bajar a una mina a cientos de metros bajo tierra y resistido la escalada a las montañas más altas del mundo. Nos hemos sumergido en las aguas más profundas de los océanos buscando nuevas especies marinas y hemos conseguido poner una bandera en la luna. 

Sin embargo no tenemos cojones de sustituir el papel higiénico en el portarrollos del baño. Esa pesada cruz no está al alcance de cualquiera. El agotamiento que produce ese recambio debe ser de tal calibre que ni siquiera hay registrados intentos.                                                   



Es como si tuviésemos el síndrome de la reina de Inglaterra, que teniendo el recambio a mano, nos quedamos con el cartón desnudo, como si fuera la reina dando vueltas por los alrededores de “palacio”. 

Algo oscuro y siniestro debe haber en esa insufrible faena para que nadie la atienda, y eso que es oficio de tonto, sacar y  meter. 

 ¿Qué ocurre en ese trance que nadie habla de él? 

Si alguien lo sabe que lo cuelgue aquí. No el rollo, no el de papel. Jamás se me ocurriría exponeros a tal estrés. Me refiero a si alguien conoce algún porqué, alguna razón que arroje luz a este fastidioso recambio.                                        

                                                             Manolo Martínez

 

ME ESTOY HACIENDO VIEJO


Hace veinte años me compré un reloj de marca en una platería de Granada. No lo hice para fanfarronear con la firma, sino porque estaba a mitad de precio. Al cogerlo del escaparate me advirtió el joyero que lo malvendía porque tenía un defecto de fábrica. Su calendario marcaba 35 días en vez de 31. 

Siempre tuve claro que la riqueza consistía en “ajuntá” años y no euros, por eso me pareció genial que aquel “tictac” escacharrado me regalara cuatro días cada mes. 

Sé que me estoy haciendo viejo, no porque mi reloj sume más días de la cuenta, sino porque ya hago, y digo, las mismas cosas que antes me daban coraje de mis mayores.

Por ejemplo, entablo conversación con los presentadores del telediario, como hacía mi abuela. Les doy las buenas noches, les llamo mentirosos, incluso les insulto cuando no me gusta lo que me están contando. También empiezo a decirle a mis hijos lo mismo que me decían mis padres:

— “Lo de antes sí que era música, lo de hoy es ruido”.

Aunque la frase que ha dado el pistoletazo de salida a mi vejez es cuando le pregunto a mis vecinos:

 —¿Sabes quién se ha muerto?

¿Han escuchado ustedes a algún joven hacer esa pregunta?

...llegado este punto apetece bajarse de la ya larga escalera del pasado y disfrutar de la vista que el mar del presente te ofrece cada día desde que amanece.


A la salud de todos ustedes


Manolo Martínez

domingo, abril 04, 2021

SIDDHARTA Y EL CORONAVIRUS

 Hay rodando por las redes sociales un post que dice así: 

“Los tiempos difíciles crean hombres fuertes, los hombres fuertes crean tiempos fáciles. Los tiempos fáciles crean hombres débiles, los hombres débiles crean tiempos difíciles” 

Puede que esta reflexión explique la postura irresponsable y egoísta de muchos jóvenes (que no todos), cuando organizan fiestas privadas y se reúnen por cientos obviando que esta pandemia está matando a tantas personas en todo el mundo. 

Las generaciones de nuestros padres y abuelos tuvieron que sobrevivir a una guerra, al hambre y a muchas necesidades básicas, y ahí tenemos ahora su ejemplar y solidario comportamiento. Aquellas circunstancias les hicieron fuertes. 

Pero esos hombres luchadores crearon un mundo peligrosamente fácil para sus hijos y nietos, tanto, que sin saberlo formaron jóvenes débiles. Engendraron a millones de siddhartas sobreprotegidos. Jóvenes a los que les hemos evitado la dureza de la realidad, como hicieron con Siddartha, que no supo que existía la enfermedad, la vejez y la muerte hasta que se escapó de su palacio. 


Son muchos los jóvenes de hoy que no conocen lo que es un NO, que se frustran si no pueden comprarse las zapatillas más caras, o si no pueden ir a una fiesta. Son tan débiles que juegan a diario con la vida de los demás. Y ahora, su debilidad está creando un tiempo difícil, y vuelta a empezar… 


Manolo Martínez

CATAPLEXIA


El pasado 10 de marzo tuve que pasar una noche en el Hospital Virgen Macarena de Sevilla. Me senté en una sala de espera vacía, por mor de la pandemia y los protocolos, sin más compañía que el ruído de alguna puerta lejana abriéndose y cerrándose. 

Me puse los auriculares y mi música. Giré tanto la ruedecita del volumen para dejar de escuchar las puertas, que casi la rompo. Cerré los ojos. 

No habían pasado veinte segundos cuando sentí una mano llena de dedos en mi hombro. <<Ojalá Cardiología esté cerca>>, pensé mientras mi lengua echaba mi corazón hacia atrás porque se me quería salir. No era miedo, era terror. Tragué saliva, me retiré los auriculares, y abrí solamente un ojo, por si tenía que volver a cerrarlo. 

—Buenas noches, me dijo un hombre de mediana edad y con barba. 


A partir de ahí empezamos a hablar de lo que hablan dos desconocidos que se encuentran en el médico. Entretanto mi corazón había bajado al pecho dejando libre mi boca. M me contó (le llamo M porque esto que les cuento sucedió realmente y, por respeto, quiero guardar la identidad y procedencia de este señor), como iba diciendo, me contó que venía de un pueblecito de Cádiz para hacerse unas pruebas, porque allí no tenían los medios necesarios. 

Intenté ser delicado y no le pregunté cuál era el mal que le aquejaba, pero no hizo falta. M. tenía ganas de contarlo, de todas formas, supongo que pensaría, no me iba a ver más, y el hombre tenía ganas de acortar la espera de la noche charlando con cualquiera. 

—Zabe usté… yo es que zoy mu zenzible, —me dijo aquel buen hombre con el ceceo propio de Cádiz. 

—… pero eso es bueno M., no es ninguna enfermedad, —le dije yo intentando ser amable 

—Zegún ze mire… la última crizi que tuve fue porque cuando tuve un pescaíto en mi mano, lo vi tan chico… que me dio mucha lástima… 

—¿Y dónde está el problema? A todos nos dan ternura los animales pequeños…

—…pero es que yo soy pescaó… ¿cómo me voy a ganar la via? 

—Entonces, ¿no se lo comió? 

—¿Comérmelo? Con la pena que me daba… quise devolverlo al mar, pero no me dio tiempo… perdí el conocimiento, como ziempre. 

Mientras M se desahogaba conmigo, yo miraba para todos lados por si había una cámara oculta, porque nunca había escuchado algo así. Cuando me vio la cara el buen hombre me dijo que si yo no había escuchado al Évole hablar sobre su enfermedad. 

Era cataplexia, aunque M no dijo cataplexia, dijo algo parecido. Lo miré en el móvil cuando fui al servicio a coger aire. Las personas que la padecen pierden el tono muscular con las emociones.

Cuando le avisaron por megafonía para que pasara a hacerse la prueba, me despedí: 

—Espero que le vaya bien. Si le veo por B. (el pueblo del que venía) nos tomaremos juntos unas cervezas con chanquetitos…uy… perdón, perdón… cervezas solas, sin pescaíto.

Manolo Martínez


sábado, abril 03, 2021

TRAMPANTOJOS

Decía “El Triguito”, aquel entrañable personaje de Carmona: “Hay más hijos putas que piedras de mechero”

...y no se equivocaba, como casi siempre, aquel filósofo de la calle, porque además él los veía venir de lejos.

El trampantojo busca engañar al ojo. Nos hace ver algo que no es. 

Trampantojos fraguan los pintores y los cocineros, haciéndonos creer que un niño sale desde el interior de un cuadro o que lo que hay en el plato para comer es un puro habano, como hacen en el Restaurante Eslava de Sevilla, y resulta divertido, cuando conocemos la fullería claro. 

Otra cosa es si no descubrimos la zancadilla, como ocurre en tantas ocasiones en los tiempos que corren. Por ejemplo, un trampantojo es la letra pequeña, esa que ninguno leemos cuando firmamos cualquier contrato o hipoteca con los bancos. Buscan con su ilegible brevedad precisamente eso, que firmemos sin conocer cláusulas que nos harían echarnos para atrás en el trato. 

 Trampantojos son los amigos falsos, esos que te ponen el brazo encima del hombro los cuatro días de feria y lo dejan allí olvidado. Y ahí que vas tú paseándote por las casetas con el brazo de la criatura adornando tu hombro, sin poder despegártelo. La mejor forma de quitártelo de encima es decirle que tienes un problema. Desaparece el brazo y el amigo. A mi me funciona. Pruébenlo. 

viernes, abril 02, 2021

La almohada


 Nuestras madres se daban por satisfechas si de niños comíamos y dormíamos. Hoy, cincuenta veranos más tarde, nos tienen que quitar la cuchara de la mano para que dejemos de masticar, pero algún agujero tendríamos en los bolsillos que el sueño se nos quedó por el camino. 

Observando el plácido sueño de Charlot, cavilo sobre lo que hizo para entrar en trance. De momento, seguro que no se acostó mirando el móvil, como hacemos todos. Tampoco creo que se metiera un plato de espaguetis a la bolognesa entre pecho y espalda antes de llamar a Morfeo. 

Pero lo acostarse con hambre y sin mirar el móvil porque se quedó sin batería, alguna noche también lo hemos hecho todos, y aún así nos ha cantado el gallo con los ojos como platos. 

Resuelto. Es la almohada la que nos tiene en vela. Ni de plumas, ni de cervicales, ni la viscoelástica de Alohe Vera. Ya estoy buscando una almohada de perro, de perro vivo claro, porque estoy seguro de que es el vaivén de la barriga del can respirando, el que nos meterá el sueño en el cuerpo, como cuando nos mecían en la cuna que nos quedábamos KO. Lo dicho, almohada de perro. ¿Las tendrá Ikea? En Amazon seguro.

Manolo Martínez

jueves, abril 01, 2021

La tabernilla de Aroca

La tabernilla de Aroca estaba frente a la casa del Tirri y del Huerto Ruiz, en la calle San Francisco. Juan Aroca, su dueño, abría la parroquia entre las cinco y las seis de la mañana y la cerraba cuando se iba el último, de ahí que el buen hombre durmiera cuando podía y dónde podía. 

Era fácil entrar y verle dando la cabezá en el primer velador que había junto a la barra. Tenía una clientela tan fiel que casi conformaban una familia. Tejá el vaquero, los tirris y morentes, los gorriones, Valverde el lechero, los magañas, chaleco, Kiki el de los borricos... 

En el lateral de la tabernilla había una ventana más chica que grande, por la que María, la mujer de Aroca, despachaba a los niños una casera para comer, vinagre, o cualquier otro mandao que nos encargaban las madres. Los olores que se escapaban por aquella diminuta ventana perfumaban la calle con los guisos de María. 

Eran otros tiempos, peores por unos trabajos precarios, y mejores porque los tratos de los hombres se cerraban con un apretón de mano, y esa rúbrica tenía más credibilidad que la de cualquier director de banco. 

(A la memoria de mi padre, que tanto apreciaba a Juan, y que siempre se tomaba allí la cerveza tras la dura jornada de trabajo)  

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