CARPE DIEM
Dentro de veinte años, lamentarás más las cosas que no hiciste, que las que sí hiciste. Así que, suelta amarras y abandona el puerto seguro. Atrapa los vientos en tus velas. Explora. Sueña. Descubre.
jueves, diciembre 21, 2023
CUANDO LAS BICICLETAS LLEVABAN MATRICULA
martes, diciembre 19, 2023
Se echa de menos la Noria en Navidad
Porque no es nostalgia lo que uno tiene, sino años. Nos hemos convertido en nuestros padres sin darnos cuenta, por eso empezamos a echar de menos muchas cosas.
Echamos de menos las mañanas de Nochebuena en la Noria, cuando quedábamos con los amigos y de camino nos reencontrábamos con muchos de los que se marcharon a buscarse la vida fuera de Carmona, y que cada año, como El Almendro, volvían a casa por Navidad.
Y nos alegrábamos al verles. Bueno..., según. Primero los mirábamos de arriba a abajo, y si tenían más canas y entradas que nosotros, le echábamos el brazo por encima y le decíamos con firmeza: "Fulanito, me alegra mucho volver a verte"; pero si por el contrario, Fulanito estaba hecho un figurín, con un móvil de última generación en la mano, y su cabeza atestada de pelo negro zaíno, entonces, como mucho, le lanzábamos un "jay" como saludo, pero desde lejos.
Somos así, ¿que le vamos a hacer? Nos pasamos la vida midiéndonos, como si nuestra felicidad no dependiera de nuestro bienestar, sino del malestar de los demás. Hay que ser muy pobre para sentir así, pero haberlos haylos.
lunes, diciembre 18, 2023
HISTORIA de un POLVORÓN HONRADO
Paso a contaros mi historia, la historia de un polvoron honrado.
Mi cuerpo fue azucarado, perfumado con canela y rociado con ajonjolí. Luego me momificaron con un traje de papel bien retorcido en los extremos.
Mi madre, por consolarme, me dijo al despedirme que yo iba de dulce. Qué cosas tiene mi madre.
Por el camino, mis compañeros iban contando historias de nuestros antepasados. Relataban como un tío mío se encajó vivo casi en Agosto. Su sabor a naranja y su modesta cuna, fueron los salvoconductos de mi tío para sobrevivir a la Navidad.
Habíamos oído historias terroríficas de como algunos nos torturaban apretujándonos en sus manos antes de ser comidos.
Yo tuve la desdicha de ser el último que quedó en el plato en nochevieja Nochevieja, y tras el brindis con champán, fué el abuelo quién me hizo los honores. Me tragó, o mejor dicho, me sorbió en un plis plas.
Y allí iba yo, resbalándome esófago abajo, orgulloso por el deber cumplido, cuando escuché en la ya lejana televisión el famoso: “Vuelveee...a casa vuelveee..por Navidaaaad”, y yo, que soy muy nostálgico, no pude resistir la tentación de volver. Di un paso atrás y me paré justo en la mitad del esófago, mientras todos gritaban al abuelo:
¡Tose abuelo...tose...!, a la vez que le daban grandes golpes en la espalda. En uno de ellos me empujaron hacia fuera.
Menos mal que estuve rápido de reflejos, y canturreando a Machado con su “caminante no hay camino ...”, me agarré al resbaladizo tubo digestivo antes de ser toseado al exterior. Para entonces, mi ejecutor, el abuelo, que había adquirido un azulpitufomequedandosminutos, me oyó increparle:“
Trágame abuelo, trágame”.
....y con mi muerte le salvé. Requiescat in pace yo, un polvorón honrado.
Manolo Martínez
sábado, diciembre 16, 2023
FELIZ NAVIDAD A LOS TERTULIANOS DE "COMER, BEBER Y HABLAR"
Dice la jodida canción que veinte años no es nada. Mentira cochina. Observen, no tanto el aspecto de nuestros comienzos con sombrero canotier incluído, como el espacio escogido para la charla y el debate, la terraza del bar, vamos...la calle. No hay color. Entre estas dos tertulias busquen las 7 diferencias. Empiezo yo:
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¡ME ALEGRO DE VERTE!
Hace un montón de veranos, cuando uno todavía meaba cada cerveza que se bebía, en vez de acopiarla en la barriga, mientras guardaba cola en la ducha de un camping de playa, se me acercó un hombre mayor, de los que ya habían dejado de mear la cerveza para almacenarla en el mondongo, y me saludó con campechanía:
— ¡Me alegro de verte!
...me soltó aquel señor al que yo había visto alguna vez por el pueblo, pero que jamás había intercambiado conmigo palabra alguna, y menos saludos tan efusivos.
— …igualmente —le repliqué yo.
Y todo esto a cuento de las reuniones navideñas en las que bastan un par de cervezas sin alcohol para arrimarnos, como hacen los gatos cuando se nos pegan a los pantalones, en busca de arrumacos.
— ¡Me alegro de verte! —le decimos a fulanito, o nos dice zetanito, cuando media hora antes nos habíamos cruzado por la calle sin ni siquiera mirarnos.
Todos sucumbimos a estas confusas artes, y no constituyen “per se” un delito reconocido por el código penal, pero acabamos somatizándolas con un pellizco en el estómago, cuando, dos días después, volvemos a reencontrarnos, en la calle, con aquel/aquella, que se nos colgó del cuello cualquier día de navidad para desearnos lo mejor de lo mejor, y al mirarle y sonreírle, siguen hablando por el móvil, y pasan/pasamos del “¡Me alegro de verte!” al “¿y éste quién coño es?”
Manolo Martínez
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sábado, diciembre 09, 2023
Carta a una amiga
Llevo demasiado tiempo viéndote triste, amiga mía.
Es como si vivieras dentro de una canción de Pablo Alborán, o peor aún, de Hilario Camacho que era más de nuestra quinta, y me duele saberte mal, porque tú eres todo lo contrario: alegre, vitalista, de tirar palante…
Delante de un café, ya frío, porque las lágrimas no te han dejado empezarlo, te quejas de que tú le das besos y él devuelve wassaps.
Decía García Márquez que animaba a aquellos hombres que habían dicho que deseaban a una mujer inteligente en sus vidas, a que se lo pensaran bien, porque las mujeres inteligentes toman decisiones, tienen deseos propios y cuestionan, analizan y discuten, no se conforman, avanzan.
Por tanto, seguía diciendo el escritor, que se pregunten esos hombres si realmente están hechos para encajar en las vidas de estas mujeres.
Los psicólogos le llaman de manera cursi, resiliencia, pero de toda la vida es aprender a extraer, de lo peor, lo mejor.
Muchas tardes se vestían de noche mientras hablábamos de las malas rachas, y siempre coincidíamos en que la vida era jodídamente corta, y que lo único que podía amagar esa insoportable verdad, era VIVIR.
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domingo, diciembre 03, 2023
LA CORNÁ
En esto del vivir uno tiene que ponerse las pilas de cuando en cuando.
Resetearse, cambiar
el rumbo, asumir, ver venir, esquivar, hablar menos y escuchar más, morderse la
lengua y abrir el capote más grande que tengamos.
Pedir silencio al
tendío, bajarle el hocico a los problemas con la espada de la paciencia, hasta someterlos, pero nunca perderle
la cara al bicho, que se arranca.
Tampoco se trata de
entrar a matar todos los días, porque eso es provocar a diario al respetable,
al morlaco, y eso es buscar adrede una corná mu grande. Vive y deja vivir, que
no eres Belmonte, ni Joselito, como mucho Platanito, el que acabó vendiendo
lotería.
Piénsatelo dos
veces, y tres, porque luego no hay vuelta atrás, y si la hay queda poco
elegante la bajada de pantalones hasta las rodillas.
No te creas
importante sólo porque le has puesto dos pares de banderillas al más flojo de
la ganadería. Eso es lo que hacían, y servía de risas, el bombero torero y sus
enanitos.
Quillo, que la grandeza no está en pisotear al otro, sino en tenderle la mano, aunque es verdad que para comprenderlo, primero tenemos que enterarnos de que todos, todos, sólo somos los demás de los demás, nada especial.
Manolo Martínez
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viernes, diciembre 01, 2023
MI DESTINO EN MANOS DEL CANIJO
Aún sabiendo que nadie con dos dedos de frente nos lo va a predecir, solemos caer en la tentación de escuchar a todo aquel que dice saber donde está el destino.
Yo he caído en esa seductora profecía porque, para empezar, el iluminado que me la vendió, tenía más de dos dedos de frente, frente por cierto, que ya es un bien de primera necesidad para mucha gente del Carnaval de Cádiz.
Les hablo de Antonio Serrano, el Canijo de Carmona. Él fue quien, tras una pregunta mía, me mostró el Destino.
- Mira, Manolo, me dijo el genio del carnaval, el Destino está en la Plaza de San Juan, pegada al ayuntamiento de Cádiz.
No le pregunté nada más, porque a los genios no se les cuestiona, se les obedece. Cogí el tren en Santa Justa y me bajé en Cádiz. De allí a la Plaza de San Juan apenas un cigarro. Al llegar ausculté con la mirada hasta el último rincón de aquel hermoso espacio comido al mar en forma de plaza. Harto de buscar y no hallar, me senté en la primera terraza que encontré, un coqueto restaurante pegadito al ayuntamiento.
Me pedí para comer una tosta de pan cateto, una berza gitana con su pringá y rematé con unas croquetas caseras de lomo en manteca. Encendí un cigarro mientras repasaba la cuenta sin saber que, en ella, en la cuenta, estaba el destino del que me habló el Canijo de Carmona. Que cabrón el Antonio, mi destino había sido antes el suyo.
No elegiste mal amigo, acertaste, que buen sitio para reponer fuerzas antes de abrir Cádiz en caná, Restaurante “Destino”, de los mejores sitios para comer en Cádiz, amén del recorrido por los minibares de la plaza de abastos, el Manteca, la Columela o el Faro.
Lástima que vieras mi wassap, Canijo, cuando ya me había ido, porque no sólo hubiéramos compartido nuestro sino, si no también la cuenta.
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domingo, noviembre 26, 2023
EL DOCTOR MANUEL ALMENDRO DELIA en la Tertulia "COMER, BEBER Y HABLAR"
La tertulia número 60 de “Comer, beber y hablar” estuvo dirigida por el prestigioso cardiólogo carmonense Manuel Almendro Delia.
Abrió el acto Juan Ávila Gutiérrez, alcalde de Carmona, que recibió el primer aplauso de los más de cincuenta asistentes a la tertulia, como felicitación por haber sido elegido recientemente senador, para a continuación hacer una semblanza del doctor Manuel Almendro, su amigo, del que dijo ser un inmejorable embajador de Carmona a la que representa a lo largo del mundo en los numerosos simposium sobre cardiología en los que interviene al lado de los mejores cardiólogos del mundo.
A partir de ahí tomó la palabra este médico carmonense dirigiendo la tertulia más concurrida en los siete años de vida que tiene esta tertulia.
Manuel Almendro hizo un recorrido histórico de las causas y tratamiento de las enfermedades cardiovasculares.
Durante casi tres horas tuvo encandilados a los casi sesenta asistentes gracias no solo al vasto conocimiento del tema que, lógicamente posee, sino porque, además, tuvo la lucidez de dar dos clases magistrales en una, vistiendo de historia la charla de cardiología, hilvanando con sutileza datos médicos e históricos, salpicados de continuas reflexiones sobre ambos manteniendo así, no sólo la atención de los tertulianos, sino un estado permanente de curiosidad.
Como broche final, el último pensamiento de Manolo, quien dijo:
“Tengo claro que lo más importante no es ser un buen médico, porque esa es mi obligación, sino ser una buena persona, condición sine qua non para alcanzar la primera”.
Gracias Manuel, tenerte cerca ha sido una de las experiencias más enriquecedoras de esta tertulia, porque haber sido capar de coser en un mismo discurso:
los avances para remediar los males del corazón con el descubrimiento de la arteriosclerosis de una momia, o con un anecdotario médico impagable, como las primeras recomendaciones del uso del tabaco con fines terapéuticos, y con la impecable enumeración de datos históricos sobre los americanos y sus relaciones convenidas con nuestro país, demuestra que has sabido multiplicar los talentos que te fueron dados, motivo para que tus padres estén más que orgullosos, y tus pacientes tranquilos por haber tenido la suerte de estar en tus manos.
Gracias al Molino de la Romera, a Rosa y Luís por cedernos su espectacular Restaurante, y a Jesús, un profesional impecable al frente del equipo.
viernes, noviembre 24, 2023
TRES CRÓNICAS ENCENDIDAS. A propósito del incendio este último verano en Tenerife. Manolo García.
La Orotava, Septiembre de 2023
noté por la mañana, fabricando el desayuno cotidiano, fue una incipiente capa de ceniza apocalíptica sobre la tapa blanca de la hervidora, que estaba como de costumbre justo al lado de la ventana entreabierta de la cocina. Como una especie de leve síndrome de la
Pompeya antigua podría decirse que sentí.
Nos fuimos,
abandonamos el barco en avión, dejamos la isla en llamas.
A la vuelta, el olor a humo. Al día siguiente, la luz del sol mostrando impúdica el macabro rastro marrón de los pinares chamuscados, las huellas de la avaricia del fuego en las medianías. Las cumbres de la corona forestal ya no son del todo verdes. Menos vegetación: más calor; menos humedad: más fuego; menos agua: más muerte.Una ecuación irrefutable.
Aparte de la enorme extensión de superficie quemada, de las mareantes cifras de evacuados y damnificados, del dineral que costaría el colosal despliegue para extinguirlo, el incendio deja otros muchos daños que no pueden medirse. Nadie contó los árboles calcinados. Nadie calculó los animales muertos.
Nadie
cuantificó el desconsuelo de la gente. Más que el olor a humo en las toallas
durará la memoria del espanto, del horror, de la tragedia; y el malestar
inefable y amargo de la rabia, de la ira contra este atentado criminal contra
lo común y contra el sentido común.
Los altavoces mediáticos cacarean a bombo y platillo que el incendio está controlado, pero todavía siguen ardiendo bajo tierra las raíces de los pinos.
II.- LO QUE DICE LA GENTE
“¡Qué desastre! ¡Qué canallada! ¡Qué sinvergonzonería!”
“Los que lo hicieron sabían cómo hacerlo”.
“Canallas los que le meten fuego al monte, pero sinvergüenzas los que tardan tanto en apagarlo. Que después ni siquiera dimite ninguno. ¡Chiquita caradura!”
“Parece mentira que un turista tarde menos en llegar desde la península a Tenerifeque muchos de los recursos humanos y técnicos necesarios para las tareas de extinción”.
“Es increíble que, después de quince días de temperaturas extremas, no haya un puto dron dando vueltas por la isla, aunque solo sea por prevenir”.
“¡Con los adelantos que hay hoy en día y que pase esto! Si fueron hace poco a pedirme permiso para grabar imágenes de la granja, para una serie, unos fulanos de una productora de esas, y yo les empecé a explicar que aquello era una vaquería, y que lo más que habían allí eran animales. Y van y me dicen los tipos que ya, que conocen el sitio, y me enseñan unas fotos que habían hecho desde el aire. Me quedé de piedra. Nos tienen tan controlados con los satélites y los drones y la puta su madre que los parió, que yo creo, mire usted, que lo ven a uno hasta cagando, con perdón de la palabra”.
“¡Mi madre, la pobre, con 81 años sacándola de mi casa a las 3 y media de la mañana! ¡Personas encamadas dejando su casa! Mi marido, que tiene una mula, cuatro cabras, y conejos, y gallinas, tuvo que traerse todos los animales pa’ bajo. Yo estuve durmiendo casi una semana en casa de Doña Estela. Y estuve llorando cuatro o cinco días, por la impotencia que sentí. Después ya se me fue pasando”.
Hablaron un camarero jubilado, un profesor jubilado, una profesora jubilada, un
pianista, una limpiadora en activo, otra emérita y el dueño de una venta en la que vende, como producto estrella, pollos frescos del país.
Hay también muchos que no hablan, que no pueden ni hablar, mudos ante la barbarie. Les duele demasiado el incendio, porque son de otra época, de cuando el monte, la cumbre, servía para uso y disfrute de la gente: recoger pinocha, cazar conejos, patear senderos, pasear al perro, comer y beber al aire libre, dormir a la intemperie sobre una manta vieja bajo el cielo estrellado y las retamas. Ahora ya hay que pedir permiso para todo: la isla está llena de espacios protegidos escandalosamente indefensos.
III.- LA VIRGEN DE LAS CANDELAS
El hecho, nefasto y luctuoso, de que, como por arte de magia, negra y maliciosa, brotara fuego de la tierra por varios puntos del barranco de Arafo la madrugada del miércoles 16 del último y tórrido agosto, horas después de finalizadas las celebraciones litúrgicas en honor de la Virgen de Candelaria (“la más bonita, la más morena”), hizo que Fulgencio Hernández, nacido, crecido y domiciliado en La Corujera (el barrio más occidental del municipio tinerfeño de Santa Úrsula), y cuyo nivel de estudios no fue nunca más allá de un ciclo de cocina que le permitió emplearse con contrato indefinido y decente en los fogones de un restaurante modesto, reparara en el nombre de la patrona de su isla. Por cierto, ¿no habría que decir matrona?
“¿La Virgen de Candelaria? ¡La Virgen de las Candelas!”, se quedó pensando el viernes mientras hacía un majado para un potaje de berros y el incendio se expandía enfurecido. “Estaban también la Virgen del Carmen, la del Rosario, la de las Mercedes, la de Remedios, la del Buen Viaje, la de Afligidos, la del Pino”, se decía, afanado,
fregando la loza. Y supuso con buen criterio, aunque sin fundamento académico alguno ni intenciones heréticas de ninguna clase, que cada uno de los nombres de las vírgenes tendría su razón de ser.
sábado, noviembre 11, 2023
LA SENDA DE LOS ELEFANTES
Aquella víspera de navidad Antonio se presentó en casa con una enorme caja de cartón.
Cuando su hijo le preguntó qué había dentro, Antonio
le contestó que el mundo, y no le engañaba. Juanito, el hijo, abrió la caja a
garfañones, y cuando vio lo que había dentro tuvo claro que nada, absolutamente
nada, podría haberle hecho tan feliz.
— Pero ¿cuándo vas a acabar de pagar esto, chiquillo?
Se pasó los dos primeros meses diciéndoles a todos que no lo encendieran tanto, no fuera a ser que les llegara una factura de la luz muy gorda.
La primera
película que
vieron en familia fue La senda de los elefantes, en la que
la guapísima Liz Taylor se casaba con un hombre rico y se marchitaba entre la
soledad y el aburrimiento en una mansión.
Pero fue la actitud de Carmela, la madre, ante la escena final de la película, lo que se le quedó grabado a Juanito, porque su madre lloraba sin consuelo mientras una manada de elefantes irrumpía en la imponente mansión de mármol reduciéndola a escombros.
Aquella casa había sido construida en medio de una antigua senda de elefantes, y éstos habían vuelto para adueñarse del que había sido su camino.
Cuando Juanito le preguntó a su madre por qué lloraba tanto con el final de aquella película, esperando quizás que le desvelara alguna razón oculta en su corazón, Carmela le respondió:
— ¿Tú sabes lo difícil que es limpiar el mármol?
Manolo Martínez
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domingo, noviembre 05, 2023
LA LIBERTAD
Perdimos la
libertad cuando nos bajamos del columpio.
Allí arriba el mundo era diferente, tanto, que hasta las cadenas, símbolo de esclavitud, allí eran nuestras alas.
Nunca más volvió a ser igualsábado, noviembre 04, 2023
EL TAPARRABOS
El hombre es un animal raro, digno de ser estudiado. Este mono desnudo,
como nos etiquetó Desmond Morris, ha conquistado hasta el espacio sólo para
poder marcarlo, como hacen los perros cuando mean las esquinas.
Que paradójicos somos, lo mismo declaramos nuestro amor que declaramos una guerra.
Intentamos cubrir nuestra desnudez con todo lo que tenemos a mano: amores,
proyectos, mentiras y algunas verdades, lo que sea con tal de esquivar la única
verdad, lo insoportablemente breves que somos.
Y aún así, y a pesar de, nos creemos infinitos cuando le cosemos a nuestra
actitud: soberbia, engaños, abusos y chulerías varias. Es como cuando intentamos impresionar al resto cosiéndole a nuestros taparrabos una etiqueta con apellido
exquisito: Armani, Ralph Laurent, Cardin…
Olvidamos que Darwin ya nos dejó con el culo al aire cuando descubrió que, una vez, tuvimos rabo.
Manolo Martínez
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sábado, octubre 21, 2023
TE ECHABA DE MENOS
Te echaba de menos, a pesar de que llevas toda tu vida entrando y saliendo de la mía.
Todos los años digo lo mismo: “Hasta aquí he llegado. Tengo que
dejarla”, pero vuelvo
a caer en cuanto observo tu cuerpo, terso y tierno, debajo de tu vestido
transparente.
Estabas como siempre en el mostrador, en la esquina, como las mujeres
malas, esperándome, segura de que yo te buscaría una vez más, y eso que hace
tiempo que mi galeno me advirtiera que no me convenías.
Aún así te busco, te cojo con deseo y te desnudo, quitándote ese vestido de
celofán que tanto te favorece, antes de hacerte mía.
Este año retrasaré la analítica hasta febrero, para que nunca diga que no lo he intentado. Para entonces, espero tener claro que lo nuestro no tiene futuro, al menos hasta las próximas navidades, si Dios, y el colesterol, quieren.
Manolo Martínez
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https://www.facebook.com/Comer-Beber-y-Hablar-1630331003941651domingo, octubre 08, 2023
LA CHIMENEA QUE ENSUCIA EL CIELO
Era tan bueno que no le entraba en la cabeza que hacer el mal formara parte del mundo.
Hace poco, curioseando en una pequeña librería de Sevilla, me tropecé con un libro cuyo título me cogió por el cuello: “Sobre la política y el odio”, de Václav Havel, quién, casualmente, compartía con mi padre muchas cosas.
Ambos nacieron el mismo año, y murieron, de la misma enfermedad y el mismo año, 2011, maldito año. Mi padre vino al mundo un día 18 y se fue de él en octubre. Václav nació en octubre y nos dijo adiós un día 18. Por si fuera poco, mi padre tuvo su primer hijo el mismo día que a Václav le dieron el Premio Príncipe de Asturias y Humanidades, un 11 de abril.
Pero, lo que me dejó con las manos pegadas a aquel libro, y la vista abrazada a sus palabras, fue que al hojearlo parecí encontrar las respuestas a la eterna pregunta de mi padre, ¿por qué hay gente mala?
Ahora que los malos vuelven a montar una guerra, he abierto el libro, y leído esto:
“Los malos son como los niños malcriados, que piensan que su madre está ahí sólo para adorarles. A sus ojos, todos es culpa del mundo que les rodea. Las personas que odian acusan a su prójimo de maldad, es decir, que proyectan su maldad sobre los demás.
El odio es único: no hay diferencia entre el odio individual y colectivo; quien detesta a un individuo sucumbirá al odio colectivo: —religioso, ideológico o social— La colectividad de aquellos que odian “legaliza” la agresividad.
En el subconsciente de los que odian duerme el perverso sentimiento de ser los únicos representantes auténticos de la verdad completa, y por lo tanto, de ser unos superhombres a los que el mundo les debe reconocimiento.
Detrás del intento de poseer el petróleo, el gas o el territorio, hay un enfermizo afán de poder, y en esa urgencia por dominar al otro, hay una necesidad de ser admirado, querido, idolatrado…
Por tanto, el que odia, el que provoca una guerra, es, en el fondo, un desgraciado que no se siente querido y que nunca podrá ser feliz.
Pero, lo malo de los malos, es que están entre nosotros, son como esas chimeneas que ensucian el cielo con el pretexto de que están fabricando.
Manolo Martínez
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