CARPE DIEM



Dentro de veinte años, lamentarás más las cosas que no hiciste, que las que sí hiciste. Así que, suelta amarras y abandona el puerto seguro. Atrapa los vientos en tus velas. Explora. Sueña. Descubre.


miércoles, abril 28, 2021

REGOGIENDO UN PREMIO LITERARIO EN TORREMOLINOS


Comparto este vídeo que Televisión Torremolinos ha tenido la deferencia de enviarme como recuerdo de la noche que tuve la suerte de recibir, de manos del Alcalde de Torremolinos, el premio a un relato mío. 

Cantaba Serrat aquello de que, de vez en cuando, la vida te besa en la boca. Yo me traje esa noche para Carmona uno de esos besos de tornillo, no sólo porque hubiera gente a la que le gustase lo que yo escribía, sino, sobre todo, porque había gente que me entendía, que compartía conmigo el amor por la escritura, sin más pretensiones que la de seguir escribiendo. 

Aparecen en este vídeo, compartiendo mesa y premio, aparte de una guapísima compañera, Manuel Terrín y Santiago Casero, hoy día escritores consagrados y cargados de reconocimientos literarios. 

Aprovecho la ocasión para agradeceros a todos los que tenéis la generosidad de leerme, incluso comentarme. Sinceramente, un honor. 

Manolo Martínez

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miércoles, abril 21, 2021

ANDANDO POR LA VIDA

Andar por la vida no es fácil, ni difícil, sólo depende de como esté el camino elegido. Hay días que parece que estás caminando descalzo por un suelo lleno de chinchetas. En cambio otros se te abren de par en par como la risa de un niño de cinco años. 

Se trata de, conociendo el paño, la imprevisible vida, tener un mínimo fondo de ropero para ataviarte según convenga. 

Para los días de chinchetas, una sonrisa con la suela de goma que nos amortigüe el pinchazo, y para los días buenos nos desnudamos, que las palabras y el sol nos recorran la piel de arriba abajo. 

Manolo Martínez 

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lunes, abril 12, 2021

Darwin, Paquirrín y Galileo, las ovejas negras que cambiaron el mundo

 

Son las ovejas negras las que cambian el mundo. Fue Galileo Galilei el que afirmó que era la tierra la que daba vueltas alrededor del sol, y aunque se le condenó por hereje, a día de hoy seguimos dándole vueltas.
Un puñado de años más tarde, Charles Darwin, y su Teoría de la Evolución, fue despreciado por la iglesia por afirmar el científico que descendíamos del mono, y cada día nos parecemos más al primate.


A propósito, Paquirrín le ha plantó cara al mismo Dios, desmintiéndole en aquello de "Te ganarás el pan con el sudor de tu frente"
Estas tres ovejas negras han cambiado el mundo. Nos han enseñado que la somos nosotros los que giramos alrededor del sol, que se puede bajar de los árboles y ponernos de pie y que ya no necesitamos trabajar ni estudiar para comer.
Ovejas negras, benditas ovejas negras



Manolo Martínez


domingo, abril 11, 2021

La reina y el príncipe Carlos


Esta fotografía refleja uno de los trabajos posíblemente más duros a los que el hombre se tiene que enfrentar, el cambio del rollo de papel higiénico. 

Hemos soportado bajar a una mina a cientos de metros bajo tierra y resistido la escalada a las montañas más altas del mundo. Nos hemos sumergido en las aguas más profundas de los océanos buscando nuevas especies marinas y hemos conseguido poner una bandera en la luna. 

Sin embargo no tenemos cojones de sustituir el papel higiénico en el portarrollos del baño. Esa pesada cruz no está al alcance de cualquiera. El agotamiento que produce ese recambio debe ser de tal calibre que ni siquiera hay registrados intentos.                                                   



Es como si tuviésemos el síndrome de la reina de Inglaterra, que teniendo el recambio a mano, nos quedamos con el cartón desnudo, como si fuera la reina dando vueltas por los alrededores de “palacio”. 

Algo oscuro y siniestro debe haber en esa insufrible faena para que nadie la atienda, y eso que es oficio de tonto, sacar y  meter. 

 ¿Qué ocurre en ese trance que nadie habla de él? 

Si alguien lo sabe que lo cuelgue aquí. No el rollo, no el de papel. Jamás se me ocurriría exponeros a tal estrés. Me refiero a si alguien conoce algún porqué, alguna razón que arroje luz a este fastidioso recambio.                                        

                                                             Manolo Martínez

 

ME ESTOY HACIENDO VIEJO


Hace veinte años me compré un reloj de marca en una platería de Granada. No lo hice para fanfarronear con la firma, sino porque estaba a mitad de precio. Al cogerlo del escaparate me advirtió el joyero que lo malvendía porque tenía un defecto de fábrica. Su calendario marcaba 35 días en vez de 31. 

Siempre tuve claro que la riqueza consistía en “ajuntá” años y no euros, por eso me pareció genial que aquel “tictac” escacharrado me regalara cuatro días cada mes. 

Sé que me estoy haciendo viejo, no porque mi reloj sume más días de la cuenta, sino porque ya hago, y digo, las mismas cosas que antes me daban coraje de mis mayores.

Por ejemplo, entablo conversación con los presentadores del telediario, como hacía mi abuela. Les doy las buenas noches, les llamo mentirosos, incluso les insulto cuando no me gusta lo que me están contando. También empiezo a decirle a mis hijos lo mismo que me decían mis padres:

 “Lo de antes sí que era música, lo de hoy es ruido”.

Aunque la frase que ha dado el pistoletazo de salida a mi vejez es cuando le pregunto a mis vecinos:

 ¿Sabes quién se ha muerto?

¿Han escuchado ustedes a algún joven hacer esa pregunta?

...llegado este punto apetece bajarse de la ya larga escalera del pasado y disfrutar de la vista que el mar del presente te ofrece cada día desde que amanece.


A la salud de todos ustedes


Manolo Martínez

domingo, abril 04, 2021

SIDDHARTA Y EL CORONAVIRUS

 Hay rodando por las redes sociales un post que dice así: 

“Los tiempos difíciles crean hombres fuertes, los hombres fuertes crean tiempos fáciles. Los tiempos fáciles crean hombres débiles, los hombres débiles crean tiempos difíciles” 

Puede que esta reflexión explique la postura irresponsable y egoísta de muchos jóvenes (que no todos), cuando organizan fiestas privadas y se reúnen por cientos obviando que esta pandemia está matando a tantas personas en todo el mundo. 

Las generaciones de nuestros padres y abuelos tuvieron que sobrevivir a una guerra, al hambre y a muchas necesidades básicas, y ahí tenemos ahora su ejemplar y solidario comportamiento. Aquellas circunstancias les hicieron fuertes. 

Pero esos hombres luchadores crearon un mundo peligrosamente fácil para sus hijos y nietos, tanto, que sin saberlo formaron jóvenes débiles. Engendraron a millones de siddhartas sobreprotegidos. Jóvenes a los que les hemos evitado la dureza de la realidad, como hicieron con Siddartha, que no supo que existía la enfermedad, la vejez y la muerte hasta que se escapó de su palacio. 


Son muchos los jóvenes de hoy que no conocen lo que es un NO, que se frustran si no pueden comprarse las zapatillas más caras, o si no pueden ir a una fiesta. Son tan débiles que juegan a diario con la vida de los demás. Y ahora, su debilidad está creando un tiempo difícil, y vuelta a empezar… 


Manolo Martínez

CATAPLEXIA


El pasado 10 de marzo tuve que pasar una noche en el Hospital Virgen Macarena de Sevilla. Me senté en una sala de espera vacía, por mor de la pandemia y los protocolos, sin más compañía que el ruído de alguna puerta lejana abriéndose y cerrándose. 

Me puse los auriculares y mi música. Giré tanto la ruedecita del volumen para dejar de escuchar las puertas, que casi la rompo. Cerré los ojos. 

No habían pasado veinte segundos cuando sentí una mano llena de dedos en mi hombro. <<Ojalá Cardiología esté cerca>>, pensé mientras mi lengua echaba mi corazón hacia atrás porque se me quería salir. No era miedo, era terror. Tragué saliva, me retiré los auriculares, y abrí solamente un ojo, por si tenía que volver a cerrarlo. 

—Buenas noches, me dijo un hombre de mediana edad y con barba. 


A partir de ahí empezamos a hablar de lo que hablan dos desconocidos que se encuentran en el médico. Entretanto mi corazón había bajado al pecho dejando libre mi boca. M me contó (le llamo M porque esto que les cuento sucedió realmente y, por respeto, quiero guardar la identidad y procedencia de este señor), como iba diciendo, me contó que venía de un pueblecito de Cádiz para hacerse unas pruebas, porque allí no tenían los medios necesarios. 

Intenté ser delicado y no le pregunté cuál era el mal que le aquejaba, pero no hizo falta. M. tenía ganas de contarlo, de todas formas, supongo que pensaría, no me iba a ver más, y el hombre tenía ganas de acortar la espera de la noche charlando con cualquiera. 

—Zabe usté… yo es que zoy mu zenzible, —me dijo aquel buen hombre con el ceceo propio de Cádiz. 

—… pero eso es bueno M., no es ninguna enfermedad, —le dije yo intentando ser amable 

—Zegún ze mire… la última crizi que tuve fue porque cuando tuve un pescaíto en mi mano, lo vi tan chico… que me dio mucha lástima… 

—¿Y dónde está el problema? A todos nos dan ternura los animales pequeños…

—…pero es que yo soy pescaó… ¿cómo me voy a ganar la via? 

—Entonces, ¿no se lo comió? 

—¿Comérmelo? Con la pena que me daba… quise devolverlo al mar, pero no me dio tiempo… perdí el conocimiento, como ziempre. 

Mientras M se desahogaba conmigo, yo miraba para todos lados por si había una cámara oculta, porque nunca había escuchado algo así. Cuando me vio la cara el buen hombre me dijo que si yo no había escuchado al Évole hablar sobre su enfermedad. 

Era cataplexia, aunque M no dijo cataplexia, dijo algo parecido. Lo miré en el móvil cuando fui al servicio a coger aire. Las personas que la padecen pierden el tono muscular con las emociones.

Cuando le avisaron por megafonía para que pasara a hacerse la prueba, me despedí: 

—Espero que le vaya bien. Si le veo por B. (el pueblo del que venía) nos tomaremos juntos unas cervezas con chanquetitos…uy… perdón, perdón… cervezas solas, sin pescaíto.

Manolo Martínez


sábado, abril 03, 2021

TRAMPANTOJOS

Decía “El Triguito”, aquel entrañable personaje de Carmona: “Hay más hijos putas que piedras de mechero”

...y no se equivocaba, como casi siempre, aquel filósofo de la calle, porque además él los veía venir de lejos.

El trampantojo busca engañar al ojo. Nos hace ver algo que no es. 

Trampantojos fraguan los pintores y los cocineros, haciéndonos creer que un niño sale desde el interior de un cuadro o que lo que hay en el plato para comer es un puro habano, como hacen en el Restaurante Eslava de Sevilla, y resulta divertido, cuando conocemos la fullería claro. 

Otra cosa es si no descubrimos la zancadilla, como ocurre en tantas ocasiones en los tiempos que corren. Por ejemplo, un trampantojo es la letra pequeña, esa que ninguno leemos cuando firmamos cualquier contrato o hipoteca con los bancos. Buscan con su ilegible brevedad precisamente eso, que firmemos sin conocer cláusulas que nos harían echarnos para atrás en el trato. 

 Trampantojos son los amigos falsos, esos que te ponen el brazo encima del hombro los cuatro días de feria y lo dejan allí olvidado. Y ahí que vas tú paseándote por las casetas con el brazo de la criatura adornando tu hombro, sin poder despegártelo. La mejor forma de quitártelo de encima es decirle que tienes un problema. Desaparece el brazo y el amigo. A mi me funciona. Pruébenlo. 

viernes, abril 02, 2021

La almohada


 Nuestras madres se daban por satisfechas si de niños comíamos y dormíamos. Hoy, cincuenta veranos más tarde, nos tienen que quitar la cuchara de la mano para que dejemos de masticar, pero algún agujero tendríamos en los bolsillos que el sueño se nos quedó por el camino. 

Observando el plácido sueño de Charlot, cavilo sobre lo que hizo para entrar en trance. De momento, seguro que no se acostó mirando el móvil, como hacemos todos. Tampoco creo que se metiera un plato de espaguetis a la bolognesa entre pecho y espalda antes de llamar a Morfeo. 

Pero lo acostarse con hambre y sin mirar el móvil porque se quedó sin batería, alguna noche también lo hemos hecho todos, y aún así nos ha cantado el gallo con los ojos como platos. 

Resuelto. Es la almohada la que nos tiene en vela. Ni de plumas, ni de cervicales, ni la viscoelástica de Alohe Vera. Ya estoy buscando una almohada de perro, de perro vivo claro, porque estoy seguro de que es el vaivén de la barriga del can respirando, el que nos meterá el sueño en el cuerpo, como cuando nos mecían en la cuna que nos quedábamos KO. Lo dicho, almohada de perro. ¿Las tendrá Ikea? En Amazon seguro.

Manolo Martínez

jueves, abril 01, 2021

La tabernilla de Aroca

La tabernilla de Aroca estaba frente a la casa del Tirri y del Huerto Ruiz, en la calle San Francisco. Juan Aroca, su dueño, abría la parroquia entre las cinco y las seis de la mañana y la cerraba cuando se iba el último, de ahí que el buen hombre durmiera cuando podía y dónde podía. 

Era fácil entrar y verle dando la cabezá en el primer velador que había junto a la barra. Tenía una clientela tan fiel que casi conformaban una familia. Tejá el vaquero, los tirris y morentes, los gorriones, Valverde el lechero, los magañas, chaleco, Kiki el de los borricos... 

En el lateral de la tabernilla había una ventana más chica que grande, por la que María, la mujer de Aroca, despachaba a los niños una casera para comer, vinagre, o cualquier otro mandao que nos encargaban las madres. Los olores que se escapaban por aquella diminuta ventana perfumaban la calle con los guisos de María. 

Eran otros tiempos, peores por unos trabajos precarios, y mejores porque los tratos de los hombres se cerraban con un apretón de mano, y esa rúbrica tenía más credibilidad que la de cualquier director de banco. 

(A la memoria de mi padre, que tanto apreciaba a Juan, y que siempre se tomaba allí la cerveza tras la dura jornada de trabajo)  

domingo, marzo 28, 2021

L' ANTIQVA (Vinos, tapas y conversación)

Tiene Carmona una taberna con aires de taberna, L’ANTIQVA. Y dentro de esta bodega, un mesonero, Juanma, que aún no ha llegado a Presidente, pero llegará, primero por su labia, y luego porque nos da de comer y de beber como dios manda, y además nos hace hablar. 

Comer, beber y hablar, ¿que más quieres?

Allí se hace tertulia de las de antes. Un codo apoyado en el barril y el otro sube y baja por el aire arrimando caldos y viandas al buche (que es boca, pero en francés. Bouche dicen los finos). 

Luego cambiamos de codo, por darle descanso, aunque algunos descartarían el apoyo para que el "ir y venir" del sustento fuera más diligente. 


A “L’ANTIQVA” puedes ir sin ganas, sin compañía, sin amante y hasta sin dinero, pero, lo que no puedes, es ir sin conversación, aunque la buena gente y la gente buena que conforman su clientela, te la regala antes de que Baco te pregunte desde la barra ¿Cerveza? 

Si tuviera que elegir dos palabras para definir a esta taberna, bodega o abacería, sería a gusto. Porque aquí se está a gusto comiéndote unas “Migas con político”, unas “Berenjenas gratinadas” o una “Carrillá al vino tinto”, mientras miras unas palomas que buscan empadronarse en el Alcázar de la Puerta de Sevilla. 

Si oviese dicho yo alguna mentira, que Juanma me lo demande, de no ser así, que me lo premie… que me invites, coño. 

Manolo Martínez


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miércoles, marzo 24, 2021

EL MEJOR SITIO DEL MUNDO

El mejor sitio del mundo está en Sevilla, frente a Las Setas. Se llama Casa de Indias y es una inmejorable puerta para entrar en la ciudad y disfrutarla. Reúne todo lo que el visitante busca: una espacio confortable, un entorno con una propuesta cultural y lúdica generosa, y una ubicación idónea que le conecta al resto de Sevilla. 

Este edificio único con más de cuatrocientos años ofrece al cliente 61 habitaciones en las que el diseño y la funcionalidad se abrazan para que te sientas como en casa. A ello contribuye el exquisito trato que te regala la quinta Estrella de este hotel de cuatro, su directora, Estrella Rodríguez. 

Su situación en el corazón de Sevilla la convierte en una pequeña ciudad dentro de la propia ciudad. 

A escasos metros de este antiguo convento se suceden museos, iglesias, plazas, las calles más emblemáticas (Sierpes, Feria o Regina), palacios como el de Dueñas de la Casa Alba..., restaurantes, bares de tapas o el propio Mercado de la Encarnación que está justo debajo de la mayor construcción de madera del mundo, Las Setas, símbolo de ese matrimonio bienavenido entre la Sevilla de antes y la de ahora.

Pero aún nos queda una última y gratificante sorpresa, su excelente conexión con el resto de la ciudad. El mejor de los vehículos inventado por el hombre, el paseo, te lleva desde esta Casa de Indias a la Giralda y su Catedral, a la Alameda de Hércules o al Arco de la Macarena.  


… y cuando vuelves de ver el mundo a través de Sevilla, Intur y esta Casa, te dan a elegir entre un puñado de rincones que te ofrecen relax y descanso: una piscina techada de cielo, una terraza desde la que casi tocas Las Setas, o habitaciones con bañeras que se asoman a las ventanas y te dejan ver la vida caminando entre la plaza y la calle. 

Casa de Indias no es un lugar al que escaparse, sino un sitio, el mejor del mundo, al que volver siempre. Gracias. 

Manolo Martínez


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domingo, marzo 21, 2021

EL ELEFANTE QUE ME LLEVÓ A CARMONA

Hay un elefante en Carmona que se dedica a traer personas hasta nuestra ciudad. Las acarrea en cualquier fecha, pero sólo dos días al año, este elefante nos regala lo que muchos consideraron un milagro.

Ocurre cuando los rayos del sol entran por una ventana para alumbrar una tumba, precisamente su tumba, la del elefante que tanta gente ha empujado a nuestra Necrópolis, el cementerio romano más grande de la península.

Ocurre en los equinoccios, cuando el sol abre las puertas a la primavera primero y después al otoño.

Un inmejorable contador de las historias de la Historia, Rafael Morales (ADARVE), se ha hecho amigo de este elefante hasta el punto de que puede ponerte en contacto con él para venir a Carmona.

Rafa te hablará de Atis y de Juan Fernández López, del Calabazo y de Mitra, de Orion y de Jorge Bónsor; personas y dioses conviviendo en la ciudad de los muertos. 

Aquí puedes hablar con Rafa:

https://adarvepatrimoniocultural.es/?fbclid=IwAR1OtWqdkA3Spiqos0A3JX9rj6cYujH5qnRPq6yCUpCYdrbvsvQZIvY49Eg



Manolo Martínez

SOLEÁ


 “Ni soy malo ni soy bueno.

Con las cartas que me dan,

con esas cartitas juego”

                                                             

                                             (Soleá de Jose Luís Blanco Garza)

sábado, marzo 20, 2021

Con lo bonita que es la vida...


Cuando miré el reloj, después de desayunar, me quedaban diez minutos para cerrar la botella de leche, lavarme los dientes, acabar de vestirme y llegar al trabajo.

Cogí la tapadera de la botella, se la puse de sombrero y empecé a girarla para enroscarla. Una vuelta… dos vueltas… tres vueltas… hasta cuatro vueltas le dí, pero no encajaba. Parecía que no cogía la muesca. El caso es que no podía cerrarla. 

     Pero… ¿qué coño le pasa a esto?, murmuré en la soledad de las prisas. 

 La retiré y la miré por dentro, pero no ví nada que le impidiera abrazarse al cuello de  ”La Asturiana”. Entonces empecé de nuevo a intentar atornillar la tapadera roja a la botella de leche semidesnatada. 

Una… dos… tres… cuatro… cinco vueltas le dí y no había forma. Volví a sacarla y a meterla por tercera vez. Una… dos… tres… cuatro… cinco… hasta seis veces lo intenté. Ya no me quedaban diez minutos para llegar al trabajo, me quedaban tres. Me cago en “la leche”, nunca mejor dicho. “Estaría pa mí”, pensé. 


De tan mala hostia me puse que estrellé el tapón rojo contra el suelo. Fue entonces cuando ocurrió. Ví que había otra tapadera. La azul. La que coincidía con el azul de la etiqueta de la botellita de leche. La cogí, la metí, di sólo media vuelta… y agarró. 

Llevaba cinco minutos, los que tenía para llegar a tiempo al trabajo, intentando ponerle la tapadera del bote de Nescafé a la botella de leche. 

Con lo bonita que es la vida… y en las tonterías que nos “atascamos”.

Manolo Martínez

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domingo, marzo 14, 2021

HAY GENTE PA TÓ


Hay momentos, ratitos decimos nosotros, que no necesitan palabras porque como decía Stendhal: “El placer es estropeado con frecuencia por el simple hecho de describirlo” 

Es como hablar mientras haces el amor. Pero bueno… ¿Qué le vas a contar?  ¿Le vas a dar o pedir instrucciones? Haberte leído antes el prospecto… ay… y es que “hay gente pa tó”. 

Por cierto, ¿saben ustedes de dónde viene esa maravillosa frase?

Resulta que en la fiesta de un hotel de Madrid le presentaron al torero Rafael el Gallo a Ortega y Gasset. Cuando el matador preguntó que qué hacía hacía aquel “gachó” con pinta de estudiao, alguien le dijo que era filósofo, a lo que Rafael el Gallo contestó: 

   ¿Filo qué, ezo qué e? 

Siguieron explicándole que un filósofo era alguien que analizaba el pensamiento de la gente, que intentaba que las personas mejoraran en sus maneras de obrar. A lo que el Gallo, sobrecogido, se quedó callado un momento, para luego soltar: 

   Hay gente pa tó. 

Manolo Martínez

       

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sábado, marzo 13, 2021

VIERNES Y TRECE (Marzo de 2020)

Hoy, trece de marzo, hace un año, pero parece que han sido treinta.

Aquel viernes trece de dos mil veinte fue el último día del mundo. Del mundo tal y cómo lo conocíamos. Ya nada ha vuelto a ser igual. Y a pesar de que solo hemos pisado un otoño caído de los árboles, no es mentira que al mundo le han caído treinta inviernos encima. 

La casualidad quiso que saltáramos de nuevo, juntos, al mismo tren en marcha, el último día del mundo. Luís García Montero, el mejor poeta vivo de España, le dedicó cuatro versos a nuestro salto, ¿hay mejor regalo? 

Desde aquel viernes (y trece, vaya por Dios) sólo hemos visto florecer los almendros una primavera, pero la memoria, como buena cotilla, insiste en que han sido treinta las veces que nos hemos sentado juntos frente al verano. 

Cuando supimos de aquella coincidencia, la de que el mismo día que nosotros abríamos de nuevo nuestras puertas, el mundo cerraba las suyas por mor de una pandemia, los dos nos miramos y nos dijimos sin decirlo: "Nosotros no hemos sido".

                                                          Manolo Martínez

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miércoles, marzo 10, 2021

¿SE LES HA ROTO EL LAVAVAJILLAS?


 A estas buenas señoras no es que se les haya roto el lavavajillas, es que cómo hoy no tienen clases de pilates, decidieron ir a recoger agua. Les ha dicho el psicoterapeuta de pago que es bueno socializar, y ningún lugar para hablar como la fuente del pueblo.

De camino le hacen caso al traumatólogo, de pago también, que les aconsejó trabajar la musculatura del cuello para proteger las cervicales; aunque creo que equivocaron el ejercicio porque esos cántaros se las están aplastando. 

Por favor, no seas simple y hagas la lectura fácil de esto. No, no es un texto tendencioso, despectivo y machista, para nada. 

Es todo lo contrario. Es un homenaje a quienes no conocieron las palabras lavavajillas, pilates, socializar y menos aún, médicos de pago, y aún así salieron adelante. Tuvieron a los que después nos tendrían a nosotros, nuestros padres. Les alimentaron, les vistieron, le dieron cama, y les enseñaron a respetar a sus mayores. No tuvieron tiempo ni dinero para nada más. 

Hoy nosotros estamos aquí gracias a ellos. Es una certeza biológica. Tenemos lavavajillas de última generación, vamos a pilates, socializamos en el club de tenis, nos aconseja un psicoterapeuta argentino y nos alisa las arrugas un dermatólogo del barrio de Los Remedios. Hemos mejorado, aparentemente, porque ¿quién no ha escuchado en cualquier centro comercial, o restaurante, decirle un niño de pocos años a su padre: 

   Gilipollas 

… mientras el padre agacha la cabeza avergonzado por un lado, y aliviado por otro, porque es de lo más suave que su malcriado hijo le regala si no le concede el capricho. 

¿He dicho alguna mentira? 

Vamos a tener que volver a la fuente con el cántaro en la cabeza, lo hicieron mucho mejor que nosotros.


Manolo Martínez

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