CARPE DIEM



Dentro de veinte años, lamentarás más las cosas que no hiciste, que las que sí hiciste. Así que, suelta amarras y abandona el puerto seguro. Atrapa los vientos en tus velas. Explora. Sueña. Descubre.


sábado, enero 22, 2022

Irene Reyes-Noguerol inaugura el año de la Tertulia "Comer, Beber y Hablar"


 La escritora Irene Reyes-Noguerol inauguró el año de tertulias de "Comer, beber y hablar". 

El coloquio tuvo lugar en la Terraza Karma gracias a Víctor Rodríguez, su dueño, que nos cedió este espacio único en Carmona para el encuentro, que ha conseguido un ambiente exquisito, tanto por el esmerado trato del equipo de Karma, como por su original decoración. 

El resto tuvo un solo nombre, Irene. 

Cuando se tienen veinticuatro años uno aspira a comerse el mundo e Irene se lo ha comido con un par de libros, pero, sobre todo, con una inusual madurez hermoseada con simpatía, sencillez y  humildad al hablar de su éxito literario. 

Esta escritora en ciernes ha hechizado con la prosa poética de su libro “De Homero y otros dioses” al mundo de las letras, hasta el punto de que, la prestigiosa revista Granta, la ha elegido uno de los veinticinco mejores escritores en español con menos de 35 años. 

Irene consiguió que fuera la tertulia de “Comer, beber y hablar” en que más gente se ha bautizado como tertuliano: Elena, Rogelio, Carlos, Milagros, Irene, Mercedes, Ricardo, Margarita, Isabel, José Antonio y algún otro que me dejo en el tintero. 

Allí estuvieron muchos amigos de su madre que le recordaron a Irene que: 

“... que se le veía venir, que desde niña apuntaba maneras…” 

Esta filóloga, y profesora de literatura, nos dijo que publicó su primer libro a los 18 años, “Caleidoscopios”, pero esa tarde comentó con los tertulianos el segundo, del que nos fue descubriendo el proceso creativo del mismo, así como su concepción de la literatura que ella no puede separar de la empatía con los personajes y con las historias que nos regala. 

Para Irene la literatura, como el resto de las artes es una catarsis, a veces una redención, hasta el punto de emocionar a más de un lector, como ocurrió en la tertulia, ya que describe con tanta fidelidad experiencias como la vejez, la enfermedad o  la pérdida de un ser querido, que nos descoloca a los que ya peinamos canas. 

Cuando le preguntamos la procedencia de aquel profundo conocimiento, si era porque había vivido mucho para sus pocos años, o porque había leído tanto que era como si lo hubiese vivido,  Irene nos respondió que era porque empatizaba con sus textos (o escenas como le gusta llamarlo a su mejor crítica, su madre) 

Fue una hermosa tarde de tertulia llena del talento y la sensibilidad de esta mujer de estilizado porte que denota su amor por el ballet. 


Irene nos embelesó durante la hora y media que duró la tertulia con su desparpajo, su madurez y su no creerse que es alguien que ha llegado para regalarnos muchas lecturas de las imprescindibles. 


Gracias, Irene, y enhorabuena por ser como eres. Disfrútate.













Gracias por el precioso reportaje fotográfico, indispensable para la memoria de esta tertulia,
 a Enrique González, fiel tertuliano.

Tertulia “Comer, beber y hablar”

Manolo  Martínez

Carmona, primer mes de dos mil veintidós

sábado, enero 15, 2022

LA CUESTA DE ENERO

Mientras subo por la calle Prim empiezan a pesarme las piernas. Será la cuesta, pienso, la cuesta de enero. En seguida, apenas piso la plaza, escucho a Antonio llamando a dos guiris: 

 —Psss... psss... aquí, aquí..., —les vocea mientras les señala con el dedo sus sillas plateadas. 

Sigo tirando del cuerpo hasta plantarme en la esquina de los valencianos. El olor de los buenos guisos, de Bodega José María, me hace mirar parriba, pero yo sigo avanzando hasta dejar detrás el ayuntamiento, y girar a la izquierda, al llegar a Mingalario. Una calle, una revuelta y Santa María. Las tres vacías.  

Es como si hubiera cruzado el Leteo, el río del olvido. Nadie. Será la cuesta, la cuesta de enero, la que hace que la gente, ni beba ni rece ni ponga un pie en la calle.

Pero insisto en mi caminar y me planto en el campo que nace prematuro enmarcado en la Puerta de Córdoba. Míralos, allí están todos, todos los pájaros. 

La noche echa sus redes y algunos caemos. Vuelvo entonces sobre mis pasos, hasta bajar por Prim ya apagado el día, y encontrarme, al final de la cuesta, a febrero, que se asoma agarrado al recodo entre Casa Paco y la Tasquita del Inglés. 

¡Ea!, ya están aquí las carnestolendas.

Manolo Martínez
                                          
                                           

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sábado, enero 08, 2022

DECIR LAS COSAS A LA CARA


Decir las cosas a la cara es cosa de hombres, como decía el anuncio del cognac Soberano, y aunque el continente sea machista, el contenido es esencial. 

Ir de frente conlleva riesgos, pues claro, como todo lo que merece la pena en este mundo. 

Aún así, abundan los "bienquea", porque cuando no te "mojas", cuando nunca tomas partido, cuando sonríes hasta desgastarte, evitas enfrentarte a la realidad del desprecio, o a esa fatigosa faena de informarte para argumentar y debatir. 

Ser políticamente correctos implica ser demasiado tibios en nuestras opiniones, prudentes hasta la náusea, y lo peor, llega un momento en que no sabemos quiénes somos realmente de tanto aparentar. 

Séneca lo resumió así:“Importa mucho más lo que tú piensas de ti mismo que lo que los otros opinen de ti.” 

Manolo Martínez

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jueves, enero 06, 2022

LOS PECES AROWANAS


 Los peces arowanas llevan a sus hijos dentro de la boca en sus desplazamientos. Esta inédita sobreprotección es el escudo para defenderlos de los peligros exteriores. 

Lo que nuestros hijos nos dicen sin decírnoslo, es lo mismo que nosotros le decíamos a nuestros padres sin decírselo, y era algo así: 

“Yo no quiero que nadie me lleve en la boca, ni en brazos, ni siquiera que todos los días me echen un sermón, ni que me recuerden, que las cosas no son como yo las veo ahora. No tienen porque martillearme, antes de acostarme, con que el futuro está a la vuelta de la esquina, ni con las cifras del paro. 

Que si no estudio, ni leo, ni ayudo en casa, no me haré alguien de provecho. Lo sé, sé que es así, pero dejarme descubrir la vida por mí mismo, y equivocarme, y caerme, y mancharme, y tener la habitación desordenada, aunque sólo sea un día a la semana. Y es injusto, como injusto es que identifiquen un zarcillo en la oreja, o un peinado determinado, con una conducta agresiva o marginal. 

Que la vida no es tan catastrófica como la pintan en los telediarios. Que también hay cosas buenas. Y ser joven es una de esas cosas. Porque ser joven no es ninguna enfermedad, que, a veces, lo pienso, de tanto escuchar que los jóvenes de hoy somos irresponsables, maleducados, caprichosos, rebeldes y ociosos. 

También es importante que me enseñes a bajar las escaleras, tanto o más que a subirlas. Enséñame también a que las cosas cambian, a aceptarlo, a que hay grises y colores, a relativizar mis problemas, y a no hundirme antes del desembarco.

Enséñame a vivir, no sólo a calcular, y enséñame a querer, no sólo a conseguir cosas.. 

Y cuando pienses en mí, y te comas la cabeza, acuérdate de lo que dijo Roberto Chafar: “ Debemos ver a los jóvenes, no como botellas vacías que hay que llenar, sino como velas que hay que encender”. 

Manolo Martínez


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domingo, enero 02, 2022

LA CAJA del COLA-CAO


 Mi madre tenía la costumbre de guardar las fotografías en una caja vacía de Cola-Cao, y no era por dejadez, sino porque cuando ella empezó a archivar las fotografías de la familia no existían los chinos, bueno, los chinos sí existían, incluso antes que mi madre. 

Lo que no había eran tiendas de chinos en las que vendieran los álbumes de fotografías que sustituirían a las cajas de Cola-Cao. 

El caso es que me encantaba agitar aquella caja para mezclar las fotografías, y con ellas, la vida. 

Luego, abría la caja, cerraba los ojos, metía la mano y cogía aquellos trozos revueltos de nuestra existencia, sin más orden que la casualidad. Podía coger primero una fotografía mía, luego una de la boda de mis padres y por último una de mis abuelos. La vida al revés. 

Mi madre, el cordero y el demonio con chupa

  A continuación las ponía en fila india encima de la cama, a mi antojo, sin orden cronológico. Llegué a creerme que podía así cambiar la parte del pasado que no me gustase demasiado. 

Por último, retiraba aquel pasado en papel con la misma diligencia que un jugador de póker recoge sus cartas de la mesa, para volver  a encerrarlas en la caja de Cola-Cao, eso sí, apretando bien fuerte la tapa, no fuera a ser que alguien quisiera escaparse del pasado y tuviéramos que recomponer el presente. 

Manolo Martínez

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sábado, enero 01, 2022

PAPARRUCHAS


Decía Espinosa que arriesgarse era siempre la respuesta a todo, que para ser feliz había que darle a la pelota antes de que tocase tierra. Los desalientos, como los miedos, hay que recibirlos a porta gayola, porque es ese vaivén  de adrenalina, esa dosis de incertidumbre, donde nos medimos con el mundo, donde descubrimos que muchas veces (más de las que creemos), perder es ganar. Es en ese momento de gallardía con nosotros mismos cuando la vida, sin previo aviso, nos besa en la boca, como canta Serrat.


Ya sólo nos queda descorrer la cortina cada día para ver cómo será el encuentro de labios ¿Será un beso de tornillo? 
¿Con lengua o sin lengua?                                                                                                                                                


¿Será un ósculo casto, o habrá mordida de hocicos?   ¿Será un pico sin más, o será el preludio de un largo amor? ¿Y si fuera el beso de Judas? 

Con el paso de los años aprendemos a reconocer que la vida nos besa de infinitas maneras. Descubrirlas, o inventarlas, es ponerle banda sonora al  tedio de la rutina. 

Nos besa cada vez que conocemos un nuevo amanecer, cuando compartimos cervezas con los amigos, o cuando nos codeamos con la lluvia cualquier mañana de invierno.


Pero puede que, de todos los "juntamientos" de labios, el número uno sea el del beso robado, por media docena de razones: que a menudo es el primero, que la sorpresa se une a la saliva, que el rubor firma el después, o que abre las puertas a muchos más.

Yo descubrí hace tiempo que la vida nos roba un beso cuando viajamos. Comer, beber y hablar son artículos de primera necesidad, pero viajar es una delicatessen imprescindible. 

Un consejo, no te fíes cuando la vida te bese en la mano, eso es demasiado estirado. No hay pasión, ni líbido, sin intercambios de fluidos no existe el beso. En fin, todo lo aquí escrito no son más que “paparruchas”, como diría Scrooge, o como pienso yo. 

Bésense ustedes todo lo que puedan en 2022, háganse ese favor.
       
                                                    Manolo Martínez                                     

viernes, diciembre 31, 2021

LA TIENDA de PACO VAGO

Hay personas, y oficios, que forman parte del paisaje de un pueblo a la altura de cualquiera de sus monumentos. Es lo que ocurre con Paco Vago y su tienda. 

Todos los que peinamos canas, incluso lo que ya peinan al viento, como Chillida, nos vemos con la nariz pegada al escaparate de Paco Vago eligiendo el "Cinexin" o el "Fuerte de Comansi", cuando nos asomamos a nuestra infancia. 

Mientras nos decidíamos, nuestros padres, abuelos, y ahora nosotros, viajábamos a la acera de enfrente, dónde, bajo un castillo de verdad, estaba, y está, una maravillosa tienda de las de antes, casi un tabanco.

Este extraordinario comercio no precisa escaleras mecánicas para cambiar de planta y elegir las distintas mercancías, porque es tu mirada la que te desplaza de una estantería a la otra hasta localizar el género deseado.

No preguntes si tienen, simplemente pídelo. Pero, amén de la infinita variedad de artículos, hay una particularidad que hace único a esta institución, y es el exquisito trato de Paco y de toda la familia Vago. Es como el IVA, con la adquisición del producto va adherida su sonrisa y amabilidad. Es genético porque toda la familia goza de ese patrimonio que es, como se decía antes, "tener mostrador".


Manolo Martínez

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sábado, diciembre 25, 2021

TODAS las TERTULIAS de "COMER, BEBER Y HABLAR" en 2021

 


Aquí podrás ver todas las tertulias que “Comer, Beber y Hablar” ha organizado en 2021. 

 

En  ENERO  hablamos de La Pandemia desde distintos sectores con. Silvia Álvarez, Rafael Bermudo, Manuel Jiménez Márquez y Luís Gavira

Aquí tienes el ENLACE para ver la tertulia en TV CARMONA

https://play.televisioncarmona.com/v/ZVq24aCGny4TWnEdoG/TERTULIA-COMER-BEBER-Y-HABLAR--ESPECIAL-COVID-1/



 En  FEBRERO hicimos una tertulia sobre nuestros políticos: Isabel Ballesteros, Juan Ávila y  Agustín Guisado pero SIN HABLAR DE POLÍTICA. Impagable esta tertulia. 

Aquí tienes el ENLACE  para ver las fotos de nuestros políticos sin ser políticos

http://laportademanolomartinez.blogspot.com/2021/02/la-otra-cara-de-la-moneda.html


En MARZO hablamos sobre La Atención Primaria con el Director del Centro de Salud de Carmona, Ignacio Chaves y dos compañeros representativos del cuerpo sanitario. 

Aquí tienes el ENLACE para ver la Tertulia en TV CARMONA

https://play.televisioncarmona.com/v/0cLxpnBJ34varq9c1z/TERTULIA-COMER-BEBER-Y-HABLAR--ESPECIAL-SANIDAD-/


En JUNIO organizamos el Primer ronqueo de atun en Carmona gracias  a Felipe Ferrusola, Pablo García de Lolita Fusión y Antonio Fernández 

Aquí tienes el ENLACE para ver las fotos del Primer Ronqueo en Carmona

http://laportademanolomartinez.blogspot.com/2021/06/el-primer-ronqueo-en-carmona.html


En  JULIO tuvimos a Jose María Cabeza Méndez hablándonos de la candidatura de Carmona a Patrimonio de la Humanidad. 

Aquí tienes el enlace para ver todas las fotos de la tertulia

http://laportademanolomartinez.blogspot.com/2021/07/tertulia-comer-beber-y-hablar-jose.html


En SEPTIEMBRE tuvimos la tertulia más divertida y saludable con Antonio Serrano, el Canijo de Carmona 

Aquí tienes el ENLACE para ver las fotos del Canijo de Carmona en nuestra tertulia

http://laportademanolomartinez.blogspot.com/2021/09/antonio-pedro-serrano-el-canijo-de.html

Aquí tienes el ENLACE para ver la tertulia de Antonio Serrano, en Televisión Carmona

https://play.televisioncarmona.com/v/5jbQdr76tiJ9FtCnr6/TERTULIA-COMER-BEBER-Y-HABLAR--ANTONITO-EL-CANIJO-DE-CARMONA-1/


 


En OCTUBRE organizamos con Rafa Morales de Adarve La 1º ruta taberno-patrimonial 

Aquí tienes el enlace para ver las fotos de la 1ª ruta Taberno-Patrimonial de Carmona

http://laportademanolomartinez.blogspot.com/2021/10/primera-ruta-taberno-patrimonial-adarve.html


 

En DICIEMBRE, despedimos el 2021 con una tertulia navideña desde casa, dónde, entre chocolate, bizcocho y tarta de queso, hablamos con nuestros curas párrocos de San Antón y San Pedro, Sergio y Antonio, sobre su infancia, sus amigos, sus preferencias en el cine y en las lecturas..., hablamos de todo, de lo divino y de lo humano. Fue una tertulia entre amigos, una bendita tarde, nunca mejor dicho.

 Aquí tienes el ENLACE  para verla por TV. CARMONA

Primera Parte

https://play.televisioncarmona.com/v/rBHrFCJLAU6OigjNkW/TERTULIA-COMER-BEBER-Y-HABLAR--PARROCOS-DE-CARMONA-1/

Segunda Parte

https://play.televisioncarmona.com/v/JBJMVv3rmwXseZMUPX/TERTULIA-COMER-BEBER-Y-HABLAR--PARROCOS-DE-CARMONA-2/

 Mis sinceras gracias a cuántos habéis regalado parte de vuestro tiempo a esta tertulia

 Manolo Martínez

Ha sido un año difícil por la pandemia, pero elegimos seguir a pesar de.

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sábado, diciembre 11, 2021

DE CAMINO A CASA


Cada día, cuando voy y vengo del trabajo, paso por una casa en la que vive una familia. Dicho así, parece una estupidez, pero les cuento. 

La familia de la que les hablo, se reúne cada tarde en una cochera al acabar la faena, justo cuando la mayoría nos ponemos en fila para ducharnos, ponernos el pijama y meternos la cuchara de fideos sin parpadear, mientras miramos bombardear en el televisor cualquier ciudad. 

Esta familia, por el contrario, busca sitio entre los aperos de la cochera, se sienta y se mira a la cara mientras comparten, junto a la cerveza, el relato de cómo les ha ido la briega del día. 

Luego, dependiendo de la época del año, montan en esa cochera: su carroza, por romería, componen sus disfraces, para el carnaval, u organizan la comida de navidad. Sin duda, son, como diría el hermano de George Bailey en ¡Qué bello es vivir!, los más ricos del mundo. 

Pasar por esa cochera, de vuelta a casa al caer la tarde, es como arreguincharse al alféizar de una ventana cubierta de vaho una noche de invierno, empinarse, y hacer un círculo con la mano para descubrir, tras el cristal, la lumbre de una chimenea dando calor a la gente buena. 

Manolo Martínez

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miércoles, diciembre 08, 2021

TO PALANTE

 

Oiga, ¿para Madrid?

— To palante... 

… y to palante tiramos mi mujer y yo hasta que el AVE nos vomitó en Atocha. El primer altar de obligada visita fue el bar Brillante, al lado del Museo Reina Sofia, dónde por 8 euros te comes el mejor bocadillo de calamares de Madrid. 

Con la barriga empujándome los botones de la camisa, me trasplanté al Jardín Botánico. Allí, mientras paseábamos entre plantas y luces de colores, me empecé a sentir mal. Seguí andando, por si el fresquito me despejaba de la indigestión del cefalópodo, hasta que tropecé con unas gigantescas patas de calamar que salían de un estanque. ¡Dios mío!, ¿con qué habían frito los calamares del Brillante para tener alucinaciones? 


Mientras buscaba en el móvil el número del hospital más cercano, un guantazo seco en la nuca me sobresaltó: 

— ¿Qué? ¿Te has quedao con hambre? ¿Voy por una baguette y metes esas patas que salen del estanque? —se cachondeó mi media naranja. 

Me sonreí de mala gana y, cuando me repuse del susto, salí de aquel jardín adornado para que los niños disfrutaran de la navidad. To palante, al subir una cuesta, la iglesia de Los Jerónimos, dónde juré no probar más calamares hasta llegar al bar paseo de Carmona. 

To palante, y al bajar un repecho, nos dejamos caer en el Museo del PradoNo tuvimos otra cosa que hacer que irnos directos a ver una de las salas de Goya en la primera planta. De allí salimos corazón encogío, tras ver a Neptuno devorando a su hijo, la Batalla de los Mamelucos y los Fusilamientos del 2 de Mayo. 

 — Ojú…, que tarde llevamos, —le regalé a mi mujer— Vamos a ver a Velásquez y Murillo, hija, que al sevillanos tendrán más optimismo. 

Después de dos horas viendo todos los cuadros del mundo, ya vistos en los libros de textos: Las Meninas, El caballero de la mano en el Pecho, La Inmaculada, cuadros de Tiziano, de Rubens, de Boticelli, de Picasso…, yo estaba más harto de pintura que si me hubiese comido entero a Cándido Rubio. 

Cuando me preguntó mi mujer que dónde íbamos tras escapar del Museo, le dije sin dudarlo: — To palante... 

Y así fue como nos vimos: la Fuente de Neptuno, el Congreso de los Diputados, con una manifestación pidiendo mejoras en la Sanidad Pública, el Museo Thyssen, (qué lista fue la Tita Cervera), el Teatro de la Zarzuela, Museo Naval, el Banco de España, Fuente de Cibeles, Gran Via, y la maravillosa esquina inmortalizada por el pintor Antonio López, La Puerta de Alcalá, de la siempre guapa Ana Belén, El Paseo de Recoletos, Museo Arqueológico, Biblioteca Nacional, ¿quien dijo que el saber no ocupa lugar?, Serrano y Goya, los rincones más codiciados en el Monopoly, quedaban justo detrás, Museo de Cera, dónde no existe un sólo muñeco que se parezca al personaje real, Plaza de Colón y La Castellana… 

 

Justo ahí empezó a hablarme mi menisco roto, y a acordarse de todos los que quieren privatizar la Sanidad. 

Comenzamos entonces la retirada. Yo iba como el pequeño Tim, el niño cojito del “Cuento de Navidad”, solo que mi mujer no quiso subirme en su hombro. 

Por la noche, ya repuestos, nos fuimos a buscar a Chencho, el de la Gran familia, por si seguía perdido entre los puestos navideños de la Plaza Mayor


Se puede ver Madrid en dos tardes y una mañana, doy fe, pero intenta dejar los “caramales” para después, nunca antes de patearte la capitá.

Manolo Martínez

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lunes, diciembre 06, 2021

EL ÁRBOL DE NAVIDAD

Hace treinta nochebuenas mi mujer compró este árbol de navidad.

Puede que sea el único superviviente a la escabechina del recambio de los enseres de la casa: cocina, sofá,  lavadora, chismes y cacharros. Ni el negro del pelo se ha quedado en su sitio. 

Pero, el árbol que compró mi mujer, sigue con nosotros. Está igual desde 1991. Si acaso, un desconchón en la rodilla del niño que lleva en su mano la estrella, pero ¿qué menos?, lleva treinta años subiendo la misma escalera. 

Igual tiene artrosis, pero tal y como está la sanidad, ni se me ha ocurrido pedirle cita. Yo llevo un año esperando que me operen de menisco y no voy a llevar al muñeco para que lo revisen antes que a mi. 

Cada navidad, cuando sacamos los chismitos para adornar la casa, lo primero que rescatamos de la caja de cartón es el árbol. Hicimos una tradición de apuntarle, en la base, el año en que nos encontramos. 


Las primeros los anotábamos mi mujer o yo: 1991,1992,1993..., luego, cuando vinieron los hijos, les traspasamos a ellos la costumbre. Desde entonces, un año cada uno, siguen la cuenta: 2005, 2006..., 2020... 

Yo, que no soy torpe, he advertido que me estoy quedando sin sitio para anotar los años. ¿Por qué compraría mi mujer un arbolito tan pequeño? 

Por eso, ahora, cuando mis hijos anotan el año, les cojo la mano y les guío para que hagan virguerías en el trazado de la caligrafía, incluso les riño, para que escriban los números los más pequeñitos posible. 

Tengo que estirar al máximo el espacio que me queda en el árbol. Estoy pensando en contratar la próxima navidad, a uno de esos artistas que escriben el Quijote en un grano de arroz, así podremos apuntar mil años, o más. 

Manolo Martínez

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domingo, diciembre 05, 2021

Mi barrio

 Me gusta esta fotografía torcida. Es como si la antigua iglesia de San Francisco se estuviese hundiendo en el pasado, como si fuera un barco al que el mar se está tragando.

Sin embargo, nunca acaba de sumergirse del todo, porque todos los que crecimos en aquel maravilloso lugar, apuntalamos esos muros con nuestros recuerdos.

Lo hacemos cada vez que nos paramos en su acera, miramos a través de la reja, y recordamos a todos los que pertenecieron al barrio: Magú, Gregorio, Barrios, El Cuétara, los Molinas, tirris y morentes, gorriones, Gagos, la clientela del Bar Aroca y la del antiguo Bar la Cuadra, la tienda de Pepita la de Arcos, Veintiocho el zapatero...

... Valentín Rueda, una vez más, se nos adelantó a todos, y ahora es el que más empuja hacia arriba esta barcofotografía para salvarla del naufragio del olvido.

Imposible que se caiga el pasado, imposible. 

Manolo Martínez

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domingo, noviembre 28, 2021

LA ESPALDA DE CARMONA


 A Carmona le pasa como a las mujeres guapas, la mires por dónde la mires, está de buen ver. Todos nos prendamos de los ojos de Carmona, la Puerta de Sevilla. 

Son los que nos miran cuando atravesamos sus murallas, camino de su redondo ombligo, la Plaza de San Fernando, hasta llegar a su corazón, Santa María. 

Sus calles, como brazos, nos abrazan mientras las paseamos hasta llegar a su espalda, el campo, que se derrama desde la terraza del hotel Alcázar de la Reina hasta las Cuevas de la Batida. 

Decía la gente de la quinta de mi padre, que la espalda más bonita del mundo era la de Kim Novak, la bruja que les enamoró y la que les provocó en Vértigo, pues algo así es lo que nos suscita la espalda de cielo y campo de Carmona. 

Manolo Martínez

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domingo, noviembre 14, 2021

CUANDO NO SE PODÍA COMER CARNE


  Mi amigo Jesús me ha enviado esta lista de precios de los tiempos en que la carne, o era un privilegio que solo podían permitirse unos pocos, o era pecado, atendiendo a la cuna: vega o lupanar.

En cualquier caso, lo que mandaba era el jornal, que por aquellos años, para cualquier bracero de Carmona, rondaba las cinco pesetas, o diez, cuando el trabajo era a destajo.

Tiene su gracia, Jesús, el tema de "las carnes", digo. Antes, cuando el pueblo podía comerla, no podía pagarla, y ahora que podemos, el pueblo digo, nos llenamos la panza de verdura, y todo para conservar la misma talla de pantalones. Que vergüenza, Jesús.

 El 16 de abril de 1935, dos días antes de que mi padre naciera, mientras Carmona comía tocino a 2,85 y pella a 3 (pesetas), Frankenstein nos presentaba a su novia por los cines de medio mundo, y  Cole Porter nos ponía la lágrima en el ojo cantando "Begin the Beguine".

Trece meses después, trece, se declaró la guerra y, beguin the beguine, todo se fue a la mierda, todo, menos la lengua de las mariposas.

Manolo Martínez

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ABUELOS


Los abuelos son niñeros de cinco estrellas, pero sin convenio, ni horarios ni sueldos, pero nada reivindican, se sienten pagados con la sonrisa de ese huracán de medio metro que es el nieto.

Sin embargo, los enanos sí exigen su nómina diaria de caramelos, que los abuelos menguan con retenciones por travesuras acumuladas.

Los nietos tienen miel en la mirada, canela en la palabra y limón en la intención, son estrategas de primera división. Y por si fuera poco su poder, manejan con maestría un arma infalible, sus lágrimas.

Estos Villarejos en miniatura despliegan todas sus artimañas: "Me callo si me llevas al kiosko".

Y allí, delante del kioskero, cierran sus tratos: un beso, tres paquetes de estampitas; un abrazo, un chupa-chups gigante.

Vale, vale, ceden los abuelos, pero no se lo digas a la abuela.

Al caer la noche, los críos emprenden un largo camino de bostezos hasta la cama, y pegados a éstas, padres y abuelos, pensamos en aquello que escribió Antonio Gala: "…cuando el mismo Dios se sorprende de haber urdido algo tan hermoso como el amor".

Mientras nos retiramos de puntillas para no despertarles, duendes, gnomos y hadas, esperan que salgamos para entrar ellos y fraguar sus sueños.

Desde la puerta entreabierta les decimos muy bajito:

—Que sueñes con los angelitos.

—Mejor con Messi, porfa...

Nos dicen los muy sinvergüenzas, levantando su cabeza cuarenta y cinco grados.

Manolo Martínez

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domingo, noviembre 07, 2021

¡DIOS MIO... UN LUNES!

Tras ese espejismo de 48 horas llamado fin de semana, nos endonan un lunes, y por más que empujamos las horas, nos pasa como a Sísifo con su roca, la rutina se nos viene encima una y otra vez.

Pasamos de la paella dominical a las acelgas. Los lunes son la última croqueta del plato, nadie la quiere. Un comienzo de semana con buen humor es un binomio imposible. Son agua y aceite. Julio Iglesias y Juanito Valderrama. Como que no. Hasta el ordenador tiene mala cara.

Un domingo es un allegro, una bulería, guitarra y palmas. El lunes es un adagio, seguiriya, oboe y arpa.

El domingo tiene la cara de Julia Robert y el lunes de Rossy de Palma. El domingo es un osito panda, el lunes un camaleón que nos dispara su lengua pegajosa a la aorta del ánimo.

Una ofensa inesperada: te deseo un lunes.

En fin, menos mal que, como todo, tiene su principio y su fin, y a la vuelta a casa, mientras nos metemos dentro del pijama, pensamos que con un poco de tele quizás mejoremos el final del día. Pero justo ahí nos dan el último mazazo.  Al conectar la caja tonta, ¡sorpresa!, Belén Esteban. Apaga y vámonos. Nos tiramos de cabeza a la cama y nos zambullimos en el martes... uffff... que trabajito llegar hasta aquí.

Manolo Martínez

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lunes, noviembre 01, 2021

UN BUCHITO, QUE NOS VAMOS


Son las cinco de la mañana y le cuesta tanto trabajo levantar la puerta corrediza, que parece que estuviese cogiendo a pulso los treinta y ocho años que llevo al frente de su tasca.

Valiente negociomurmura el tabernero mientras enciende las luces del local  No tengo sábado ni domingo, ni invierno ni verano. Míralo, ya está aquí el primero de la mañana. Ya voy, ya voy... espera que ponga la cafetera… ¿qué, lo de siempre? Llevo veinte años sirviéndole cuatro copas de cognac cada mañana. Dice que las necesita para subirse al andamio, debe ser verdad, si no ¿por qué se las iba a tomar sabiendo lo mal que le sientan?           

Dicen que al perro flaco todo se le vuelven pulgas. Los psicólogos llaman a las pulgas frustraciones, pero son pulgas porque chupan la sangre y pican en los cojones.             

La mañana se vacia, como la taberna, y durante cinco o seis horas los pensamientos trotan a su antojo, dando coces y relinchando, hasta que aparecen más fantasmas, pero ahora de carne y hueso.

Ponme un buchito, y apúntamelo, le pide el Calabozas.    
El Calabozas tiene los ojos del mismo amarillo que las hojas muertas, y está tan vacío que le basta el instante del sorbo para seguir tirando del carro. El vino se ha convertido en el hilo que le cose un día con otro día.     

El Calabozas recoge el vaso de vino y se encamina arrastrando las alpargatas hasta el patio. Se sienta despacio, agarrándose a la silla de hierro, y se desabrocha la camisa. De un buche se toma la mitad del porte. Luego, se saca un pañuelo arrugado y sucio, y se lo pasa por la frente y por el pecho. El calor aprieta. De otro golpe se toma el resto de la mercancía. El Calabozas  es un filósofo, y siempre repite cuando se meten con él:

Buscamos la felicidad, pero sin saber dónde, como los borrachos buscamos nuestra casa, sabiendo que tenemos una. No recuerdo quién lo dijo, pero lo dijo.

 Llegada la noche, el tabernero le echa el cerrojo al Calabozas diciéndole:

  Señores, un buchito...que nos vamos.

…entonces el Calabozas, le echa el brazo por encima al tabernero y le susurra al oído:

              —La última Juan…, la última. Y tómate una, tú también la necesitas.

 Manolo  Martínez

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