CARPE DIEM



Dentro de veinte años, lamentarás más las cosas que no hiciste, que las que sí hiciste. Así que, suelta amarras y abandona el puerto seguro. Atrapa los vientos en tus velas. Explora. Sueña. Descubre.


domingo, marzo 31, 2024

LA LLUVIA TAMBIÉN ES NAZARENA


 Vestido de nazareno este año, uno se ha sentido como ese escarabajo al que le ponen un vaso de cristal encima y no le dejan seguir su camino, pero con la saña de que sí le dejan ver el camino. 

Duele ver los pasos montados, los capataces con sus trajes recién planchados mirando al cielo, los costaleros esperando, con humildad y paciencia a ratos, y otras veces con angustia y amargura, pero siempre con la esperanza de que, en algún momento, la lluvia, la misma que hace sólo unos meses habíamos invocado sacando a nuestros santos a las calles, tuviera ahora el gesto de esperar al menos un puñado de horas. 

Dice la Biblia que los caminos del Señor son inescrutables (Romanos 11:33), y aún así, los nazarenos nos enfurruñamos y contemplamos a la lluvia como al esbaratabailes de nuestra adolescencia. 

Puede que mañana, cuando veamos que muchos parados del campo han vuelto a encontrar trabajo por esa bendita agua, o cuando escuchemos en el parte (telediario) que los embalses han respirado un poco de la pertinaz sequía, o cuando nos asomemos a la Vega y contemplemos el maravilloso espectáculo que nos ofrece el campo tras una semana de santas lluvias… 

… entonces, y solamente entonces, descifraremos la inescrutabillidad de los caminos del Señor, y le sonreiremos al cielo.

 Manolo Martínez

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sábado, marzo 30, 2024

Todo se repite


Cuando somos niños vemos pasar la vida como una apasionante película que nos sorprende cada día. El acontecimiento más banal nos parece algo extraordinario.


Nos sorprendemos, nos impresionamos, estamos secuestrados por las emociones que aún no hemos aprendido a gestionar. Somos una presa fácil para el miedo, todo lo inflamos hasta explotar en nuestro infantil pensamiento. La vida puede ser una canción, o un susto, o un gol, o un truco de magia. 


Luego llegan ellas, las hormonas. Ahí empezamos a perder los papeles hasta el infinito y más allá. Ni el fútbol, ni los amigos, ni el más bellos de los paisajes nos distraen de esa lucha interna que establecen la progesterona y la testosterona. Manda huevos. Una mirada, una sonrisa, un mírame pero no me toques..., son la bandera tras la que caminamos hombres y mujeres en los años en que, en teoría, estamos madurando.


Pero hay que despedirse, toca cumplir con los deberes. Sellamos nuestros proyectos con un beso, mientras el tren, atiborrado de propósitos, avanza por la vía (que decimos en Sevilla), o la vida (que deletrean en Madrid).


Ufff...,y empieza el suplicio. Nos ponemos a tirar números como locos. Pero no salen. De ninguna de las maneras. Hipoteca, luz, agua, teléfono, móviles, el coche, las cervecitas, el café, los reyes, la feria, el Rocío, hay que estrenar el Viernes Santo, Chipiona se nos queda chica y queremos irnos a Praga en verano...


...hay que esperar, todos lo hacen. Pero sentados nada ocurre. Si no hacemos nada, todo sigue igual, y los años pasan. Al final nos robaron los ahorros, nos despidieron y nos quedamos sin blanca. ¿Pero esto siempre es lo mismo? Unos tanto y otros tan poco. 


Carretera y manta. Hay que dejar nuestras casas, a nuestras familias, dicen que ahora estamos globalizados, que somos ciudadanos del mundo, pero coño ¿de qué mundo?. Además, siempre nos toca a los mismos.


En mayo del 68 los estudiantes tomaron las calles, son los mismos que hoy toman las calles por las pensiones. Los mismos, pero los que nos hemos criado con toda clase de comodidades no nos movemos ni con agua caliente, ¿para qué?, ya lo hacen nuestros padres, o nuestros abuelos...ellos es que lo pasaron muy mal y saben lo que es protestar...a ver si lo consiguen ellos. 


Pararse a ver pasar los años duele. No poder tener a los hijos en casa, duele. Con el trabajo que nos costó darle una carrera y pagarle el máster, vaya sacadineros.¿Que nos queda? ¿Tiempo?


Echemos una manita de cartas, igual mañana...

Manolo Martínez

viernes, marzo 29, 2024

UNA REBEQUITA, SAN PEDRO Y GAMERO

Cuando abro los cajones amarillos de la memoria me encuentro con los Viernes Santos en que madrugábamos para ver salir la Hermandad de San Pedro. 

En aquellos abriles había que ponerse rebequita, con su hilera de botones abrochados hasta arriba, porque así lo requerían las mañanas de entonces (y las de este año al parecer) más frías que templadas. 

Media docena de horas después ya sobraba la rebequita y faltaban comandas y refrigerìo, que buscábamos, como agua de mayo, pegadito a la recogida, en Casa Gamero. 

Allí dentro había otro cielo, éste más tangible, más de andar por casa: Huevo a la Bechamel, Pez de Espada, Hígado a la plancha, Empanadillas, Calamares fritos… 

… y uno se preguntaba, entonces, en sus pocas luces, por sus pocos años: 

Si soy bueno aquí en la tierra, en el otro cielo ¿tendrán todas estas tapas? ¿no?

Manolo Martínez

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jueves, marzo 28, 2024

EL CASORIO


Hace siglos que el cielo le tiró los tejos a Santa María, hermosa y pétrea dama, que no supo decirle que no al más azul de los príncipes. 

Joaquín Villa ha desposado, en esta bellísima fotografía, a la piedra con el cielo, uniéndoles en un matrimonio que ni siquiera la muerte podrá separar. 

Cada año, al llegar la semana grande, este casorio de nubes y piedra, abre de par en par sus puertas a las cientos de carmonenses que procesionan, por las angostas calles de su ciudad, portando cirios, promesas y peticiones bajo distintas advocaciones: Servitas, Despojado, Esperanza, Amargura, Expiración, Angustias, Columna, Desamparados, Humildad, Nuestro Padre y Santo Entierro, pero en torno a una misma intención: vivir en paz.

                                                                   Manolo Martínez

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miércoles, marzo 27, 2024

CERVEZA CON GALLETAS


Esta foto fue tomada en agosto de 1933 en el hospicio de la calle San Luís de Sevilla. Niños del hospicio guardando cola para la degustación de cerveza. Sólo les faltó darle galletas para que la mojaran en el zumo de cebada. ¿Se imaginan ustedes qué ocurriría hoy si se hiciera algo así? 


El desconocimiento sobre los efectos del alcohol, y sobre todo, de esos efectos en menores, hacían posible escenas como éstas. Pero hay más, no contentos, incluso publicitaban la cerveza como bebida familiar y más aún, no se lo pierdan, asociaban su consumo a los buenos conductores. ¿Mentira? Les dejo el anuncio sacado del baúl de la Piqué. Como dicen en mi pueblo “pa habarse matao”. 


...sí hija sí, grande, familiar...que no falte.


...y éste lo has probado seguro ¿a que sí? 
Y queremos ahora arreglar el mundo...con lo que llevamos metío en el cuerpo

Manolo Martínez

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sábado, marzo 23, 2024

MÍO, MÍA, MI...


Desde hace cinco meses me escapo a Cádiz un día a la semana, y ese repetitivo hecho hace que repare en detalles que, en otras circunstancias, hubieran pasado desapercibidos.  

Por ejemplo, comprobé que una misma persona estaba siempre en el mismo asiento del Mc`Donalds por el que, inevitablemente, yo tenía que pasar al ir y al volver de la estación de trenes de Santa Justa. 

Daba igual el día y la hora, aquel señor estaba allí, sentado, con su ordenador portátil como única compañía. 

A veces dormía, otras miraba un partido de fútbol, y otras navegaba por internet. 

Esa escena, la de la sempiterna presencia de ese hombre en Mc`Donalds, se ha convertido en parte del paisaje de mis viajes a Cádiz, de tal manera que es lo primero que busco con la mirada, y no me quedo tranquilo hasta que le veo. 

Luego, cuando ocupo el sillón 119 del vagón 3, me asalta la duda de cómo debe ser la vida en el asiento de un Mc`Donalds, día tras día, mirando el mundo a través de un ordenador. 

¿Cómo se siente alguien en la soledad de la muchedumbre?, cuando la gente que vive durante unos minutos en el mismo espacio, va y viene sin saludarte, sin ni siquiera mirarte, como si no existieses, pese a ser tú el único que vive allí de contínuo. 

Una vez estuve tentado de palparle, de tocarle, por si era un holograma. Me parecía inverosímil aquel empadronamiento entre cafés y hamburguesas. 

Ahora, tras cada viaje, cuando llego a mi casa, busco a mis hijos y a mi mujer. Cojo mi libro, mis gafas de leer, mi manta, me siento en mi sofá…, mi…mi…mi… 

Me asusto al comprobar que no soy nada sin mis “mi”: mi familia y mis cosas. 

Nace entonces, en mí, una profunda admiración, y respeto, hacia aquel habitante del Mc`Donalds que no tiene, al menos allí, ni a sus hijos, ni a su mujer, ni sus cosas, y a pesar de esas ausencias sobrevive, estoico, resignado, sin ningún “mi…”. 

A menudo siento el impulso de hablar con él, solo por escucharle, y aprender, porque tengo la absoluta certeza de que ese hombre, posiblemente, tenga más cosas que yo, que, supuestamente, lo tengo todo. 

A ti, a quien me gustaría no volver a ver mañana sentado allí solo.

Manolo Martínez

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domingo, marzo 17, 2024

UNA TARDE DE MARZO EN LA PLAZA


No hay dos tardes iguales, como nosotros, cada una es de un padre y una madre. 

No es lo mismo una tarde de agosto en Chipiona que una de noviembre en alta mar, o una de marzo en la plaza del pueblo. 

Mientras el mal tiempo barre a la gente de la calle, las tardes de marzo son como el padre que arruga la frente cuando riñe y truena porque el entrecejo se hace nubarrón. 

Pero la misma tarde, en las plazas de los pueblos, se hacen madres: templadas, consentidoras, como fanales de mofletes amarillos que nos abrigan de los fríos finales. 

Uno se asoma a los ojos de las casas para  ver como los goles de los niños, en los árboles, visten la tarde de gorriones. 

…y de pronto, al caer la noche, Jesús, María y José, el silencio cubre la plaza, como si a los niños, los gorriones y los coches, les hubiese comido la lengua el gato. 

            Manolo Martínez

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sábado, marzo 16, 2024

ARRECHUCHOS

¿Recuerdan ustedes aquellos timbres que había/hay en la recepción de los hoteles para anunciar  la llegada de un cliente? 

Pues eso es un arrechucho, el timbre que nos anuncia que ha llegado la vejez para alojarse en nosotros. 

No estoy mal, pero tampoco bien. Me canso más y antes. Y me duele. No sé dónde, pero me duele. 

Dormir me quedo dormido viendo el telediario, con la cuchara llena de fideos, y quieta en el aire. Pero luego, a la hora que canta el gallo, ya tengo los ojos como el de la Naranja Mecánica. 

Señales de que nos hacemos viejos: 

Sentarse en la cama para abrocharse los cordones,

repetir tres o cuatro veces lo mismo,

pasear la lengua por la cucharilla del café,

contestarle al tío que da el parte (perdón, el telediario),

empezar todas las conversaciones con los hijos diciendo “…cuando yo tenía tu edad…”

 Dime, ¿cuáles son tus síntomas de que los años no pasan en balde?

Manolo Martínez

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domingo, marzo 10, 2024

LA ARAÑA QUE SORBE LA MOSCA

No hay afición más de pueblo que la de despellejar a un tercero. 

Son cuatro gatos. Gente con el colmillo retorcido las veinticuatro horas del día. 

Son como la araña al acecho de la mosca. Les importa un rábano vomitar verdades o mentiras, la mayoría de sus historias las inventa una mente enfermiza que necesita diseccionar la biografía del calumniado. 

Se le habrán cruzado los cables…, dicen algunos intentando excusarles, y un carajo, son gente más mala que un doló. 

Gentuza que inventan y difaman, gentuza fea por dentro, tan fea que les sale a la cara y son feas por dentro y por fuera. Vade retro.

Queda claro que su leitmotiv es que sus vidas son una mierda: aburridas, descoloridas, infumables, e intentan, con sus malas artes "convertir" la vida de los demás en un espejo de las suyas, es de primero de la ESO.

Aunque bien pensado, dan más pena que otra cosa. Mejor dejarles escupir su cieno hasta que, como los escorpiones, mueran con su propio veneno, y luego, pasar al lado, sin pisarles, no vaya a ser que mientras se retuercen, suelten un último picotazo, y es que,  me cagüentó, desde que dejé de ver los payasos de la tele, entendí que “Homo, homini lupus”.

            Manolo Martínez

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sábado, marzo 02, 2024

COMO LOS CHORROS DEL ORO (8 de marzo, DÍA de la MUJER)

Carl Jung decía que el hombre no podía descubrir nuevos mares si no tenía el valor de perder de vista la orilla

La orilla son aquellos tiempos de Maricastaña en que los hombres se sentaban a comer a mesa puesta mientras las mujeres les arrimaban la comida debajo de la barba, o las seducían, entre plato y plato, con un: 

   Niña…un vaso de agua.

En aquella orilla no era ignominioso aquel reparto de roles: el hombre trabajaba y traía dinero, y la mujer se encargaba de la casa y de mantenerla como los chorros del oro. 

Pero los malos hábitos corren como cuando a la brasa le da el viento, por eso, solo necesitamos dos dedos de frente para reconstruírnos por dentro, y levantarnos, los hombres, con nuestros santos cojones, a por el vaso de agua. 

Las malas formas siempre barren a la gente de tu lado, sobre todo cuando se esconden  bajo rancias creencias, y aunque no es necesario poner las penas en un escaparate, sí queremos reinventarnos de puertas para adentro, es imprescindible asumir que las cosas, gracias a Dios, han cambiado en el reparto de papeles. 

Cuando los hombres apechamos con lavadoras y  tendederos no estamos “ayudando” en casa, estamos compartiendo el trabajo. Compartiendo, no ayudando, el matiz es importante. 

Y aunque no sea plato de buen gusto, es ahí dónde empieza la verdadera convivencia, lo otro era la vida padre.

            Manolo Martínez

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miércoles, febrero 28, 2024

PASARLE EL DEDO A LOS MUEBLES

    Le pedí a mi hijo Ángel que eligiera una fotografía de un viaje que hace unos semanas hicimos los dos a Madrid y, por hache o por be, me dio ésta. 

Me descolocó porque las teníamos mejores: en la Gran Vía, en el Museo del Prado, en la Puerta de Alcalá, en el Parque del Retiro…, y va y me dice que ésta es su preferida. 

¡Para el carro, Ángel!, pero si no se ve nada en ella —le dije, sólo hay un árbol, un puñado de pisos, nubes sin lluvia…, ¿y esa "lechemigá" vamos a enmarcar? 

— Le pones peros a todo, papá. Quiero ésta, para enmarcar lo que tú no ves —me contestó. 

— La madre que me. Si quieres que no te entienda, sigue por ahí —le repliqué ya tocado. 

— Vas demasiado rápido siempre, papá, y sólo ves lo que ves. Escondidos en la fotografía, en la parte inferior, hay una pareja haciendo manitas, y fue a ellos a quien fotografié. Aquella pareja a punto de besarse era el contrapunto al caos de la gran ciudad, a los cientos de coches y personas yendo y viniendo, como hormigas, sin pararse ante algo tan único como un atardecer. Ellos sí se pararon. 


Hoy, 28 de febrero, cumple Ángel veinte años, y la elección de esa fotografía, y su argumentación, me garantizan que son veinte los que cumple, por mucho que yo insista en seguir viendo al niño que mecía en mis brazos hasta dormirlo. 

Que sensación tan rara ésta de pasar de profesor a alumno en el tiempo que dura una conversación. 

Al principio te sientes como cuando invitas a alguien a tu casa, y lo primero que hace, es pasarle el dedo a los muebles. 

Luego, lo entiendes, porque no hay nada más hermoso, y saludable, que empecemos los padres a aprender de los hijos. 

Feliz cumpleaños, Ángel, y gracias.

            Manolo Martínez

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sábado, febrero 24, 2024

DOLORES


Dicen que no hay dolor como el del parto, salvo el que ha catado el del cólico nefrítico, o el que experimenta un sevillista con cada gol del Betis y viceversa.               

Dolores hay más que Lolas, pero, dicen los sabios, que no hay nada tan doloroso como la lucidez, según lo cual, nadie es tan feliz como un ignorante. 

Y de ser así, ¿qué prefieres ser?, ¿un infeliz o un imbécil? 

Difícil papeleta ¿verdad? ¿Tú que eliges?

            Manolo Martínez

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domingo, febrero 18, 2024

COMO SE ESTÁ EN CASA...

Como se está en casa no se está en ningún sitio, y eso que las casas, de lo que están llenas es de cosas: una mesa, un sillón, platos y cucharas, mantas, macetas…

Pero apenas escarbas en cada una de esas cosas, aparecen sus dueños, y con ellos el alma de las cosas.

El sillón no es un sillón cualquiera, es el del padre, en el que se sienta cada noche para descansar de la dura jornada, en el que tira números del negocio, que casi nunca le cuadran, y en el que come con la familia, ve sus películas preferidas y da cabezadas antes de irse a la cama.

Tampoco la mesa es una mesa sin más. En ella hacían sus deberes los niños al llegar del colegio, y al caer la tarde, planchaba sobre ella la madre, antes de que se inventaran las tablas de planchar. En aquella mesa daba el padre un guantazo seco cuando, a la hora de comer, empezaban los hermanos a porfiar, y si han visto ustedes “El cartero siempre llama dos veces”, sobra que yo les detalle para qué sirve la mesa cuando otros apetitos aprietan.

Aunque, quizás, sean las macetas las cosas de la casa con las que más nos identificamos. A ellas acudían nuestras madres para desahogarse y contarles sus cuitas, y detrás llegaban los padres retirándoles con esmero, una a una, las hojas muertas. Las abuelas llenaban sus tardes regándolas y los niños las utilizábamos de postes para meter goles que casi siempre acababan con los mejores geranios despeluchados y tronchados.

Busquen un lugar en el que haya mesas, abuelos, sillones, padres, macetas, hijos y mantas. Difícil, ¿verdad?, pues por eso decía que, como se está en casa no se está en ningún sitio. 

Manolo Martínez

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sábado, febrero 17, 2024

LA PAPADA FOFA

En cuánto se nos pone la papada fofa acuden las nostalgias, y murrias, para mentirnos con aquella falacia de que cualquier tiempo pasado fue mejor. 

Entonces rebuscamos en los cajones de la memoria, como el que busca calcetines, recuerdos que nos hagan disfrutar, puro placebo. 

Y no es difícil el engaño. Imagínate que quieres volver al Mesón de la Reja de hace cuarenta años. No tienes más que entrar en el Restaurante Chino que hay hoy, quedarte quieto y cerrar los ojos. 

¿Lo ves? Ya tienes en la barra una tapa de riñones al jerez y, en la mesa de al lado, media docena de hombres del campo haciendo tratos entre manzanillas y cigarros. 

Es pan comido. Inténtalo otra vez. Ahora vamos a Casa Gamero para comernos un huevo a la bechamel, ¿había algo más bueno que el huevo a la bechamel de Gamero? 

En esta ocasión tendrás que ir al banco BBVA de la calle San Pedro, cerrar los ojos de nuevo…, et  voilà, ahí tienes a Antonio preguntándote qué vas a querer. ¿Qué voy a queré palangana?, un huevo a la bechamé. 

Pero hay que retirarse a tiempo, como los buenos toreros, de ese entrar y salir del pasado, si no queremos que nos acabe royendo la alegría. 

No merece la pena ese “erre que erre” de buscar momentos en blanco y negro, cuando ahora tenemos lo mejor que nadie pueda tener, presente. 

Bueno…, la última chupadita al pasado, como dicen los niños cuando las madres les retiran el chupa-chups. Entre los riñones al jerez y el huevo a la bechamel, se nos ha presentado un dolor de barriga que necesitamos un galeno que nos alivie, así que nos vamos en busca de don Aurelio, o de don Manuel Márquez. 

Para eso tenemos que entrar en la “Heladería de los Valencianos” en la plaza de arriba, cerrar los ojos y pedir la vez. 

¿Os acordáis? Dónde hoy nos dan vainilla y fresa heladas pa las calores, antes nos  despachaban, pa las fiebres, optalidón. 

Ya está bien de nostalgias, haré como cuando éramos chicos, meterme los dedos en las orejas, para no escuchar más al pasado.

            Manolo Martínez

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martes, febrero 13, 2024

CENIZAS Y ROSAS



Seguro que es una broma de don Carnal que este miércoles 14 coincidan el día de los enamorados y el miércoles de ceniza. 

A uno le falta el aire, se ahoga literalmente, cuando, después de salir de la iglesia con la frente llena de ceniza, tiene que irse a la cena de los enamorados. Pues la verdad, va uno con el cuerpo cortao. 

Nos arrancan de raíz el pito, de caña, y nos recuerdan con una cruz de ceniza que estamos aquí dos días, y ya da igual que Cupido nos tire una docena de flechitas que no nos da ni una, y si nos da, como si no nos diera. 

Se queja el angelito Cupido, con razón, que este año cada vez que se acerca a alguien para apuntarle con la flecha, el objetivo huye despavorido porque piensa que es el “tío de la guadaña” y no el que dispara las flechas del amor.

Tan ambiguo es este miércoles 14, que una misma palabra, polvo, tiene significados bien distintos atendiendo a si el emisor es Cupido o Caronte, porque si uno de los polvos conlleva goce, el otro barrunta pesadumbre por el temido, pero inexorable destino.

Porque no es lo mismo que el cura te recuerde “polvo eres y…”, que la media naranja se ponga melosa con la media docena de rosas que le has regalado y propicie un… ¿amoroso encuentro? 

En fin, que dimita ya el autor del calendario de este año, porque vaya metedura de pata más grande. Deseandito que llegue el 15.

 Manolo Martínez

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jueves, febrero 08, 2024

A CAMPO ABIERTO (Finca las MERINAS)

 

Carlos Perez Gil-Delgado ha tenido la generosidad de prestarme esta maravillosa fotografía de Arjona, el fotógrafo del empaque,

Es de hace un puñado de años en la Finca Las Merinas, dónde pastaba la ganadería de su abuelo, que luego pasaría a su padre, Arturo Pérez (el de “La casa de don Arturo”, como todos le conocemos en Carmona). 

Dada la maestría de Arjona, uno puede escuchar el ratatá del tractor, y sentir que la vida va más despacio en el campo. 

Viendo a esos hombres, apostados en un improvisado escenario de madera, observando al ganado, uno entiende que cualquier briega del campo va unida al ritmo estipulado por la naturaleza:

LA CONTEMPLACIÓN, EL APRENDIZAJE Y LA ESPERA. 

Todo cuánto nace o anda, entre el cielo y el suelo, queda sometido a ellas. Aquí no hay que resolver un logaritmo neperiano, sólo averiguar por dónde va a pegar el viento. 

Desde las semillas a las vacas preñadas, todo queda amarrado a sus leyes: la lluvia, el viento, el sol y el tiempo necesario. Hay que esperar que llueva, y que el tiempo pase antes de que nazca el ternero. 

No hay definición más hermosa del campo que la que hizo Thoreau: 

“Levántate libre de preocupaciones antes de que amanezca y corre en busca de aventuras. Que el mediodía te encuentre a la orilla de otros lagos, y que cuando te sorprenda la noche halles por doquier tu hogar.” 

Gracias, Carlos, tu fotografía me invitó a pararme, y esa inacción, es el barbecho del espíritu, imprescindible en los tiempos que corren. 

(A mi padre, que deseó toda su vida tener un cachito de campo para respirarlo)

Manolo Martínez

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domingo, febrero 04, 2024

EL TÍO de la TIZA


Hace unos días ví al tío de la tiza, aquel genio y pilar del carnaval de Cádiz. 
Estaba solo, ensimismado mirando su mar.

Era él, estoy seguro, porque los genios nunca mueren, aunque, como buenos carnavaleros, cambian su “tipo” cada año, según les venga en gana.

Este año se ha disfrazado de gaviota. Me ha dicho que es más cómodo para él, porque en época de bulla del Carnaval, va y viene al Teatro Falla en dos aletazos.

 Y que luego vuelve a extender las alas y se planta en la terraza del Manteca, dónde, se mete tanto en el tipo, que sólo pide tortillita de camarones.

Con dos aleteos llega a la calle Columela, para recordar viejos tiempos, porque, justo en esa calle, estaba el Café de la Lonja, en cuyas mesas de madera apuntaba con tiza las  consumiciones, y de ahí le viene su apodo “el tío de la tiza”.

Le dije a Antonio que estaba muy bien para sus 163 años, nació en 1861, y le caería en gracia que empezó a “largarme” de los tres pilares del Carnaval: Cañamaque, Paco Alba, y él mismo, el “Tío de la Tiza”.

 Me comentó, entre mil cosas más, que el mejor enterrado de Cai es Manuel Falla, que está en la misma catedral, pegaíto al mar, y no muy lejos de dónde encontraron los “duros antiguos”, aquellos de los que compuso un tango que ha cantado toda España y parte de Cádiz.

 Me ha preguntado que dónde se come ahora bien, le he dicho que bien y barato en el Mini-Bar, que bien y menos barato en el Manteca y el Faro, que bien, bueno y barato en el Mercado de Abastos, pero él ha vuelto a su antiguo espacio, en La Columela, que también se come de lujo. 

Nosabená el “Tío de la Tiza”.

En fin... me tengo que ir "omío", que sale mi tren, ya echamos otro ratito y me invitas a chicharrones del Curro en la plaza de abastos.

                                                                    Manolo Martínez

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sábado, febrero 03, 2024

ESO NO SE HACE, ESO NO SE DICE, ESO NO SE TOCA...

Que rápido crecen los hijos.

Si parece que fue ayer cuando tenían una chupa dónde hoy tienen un cigarro.

Que vértigo. 

Es como si viésemos pasar la vida por la ventanilla del AVE. 

Cantaba el “Nano” que a menudo los hijos se nos parecen, dándonos así la primera satisfacción, y que cargan con nuestros dioses y nuestro idioma, mientras nosotros les transmitimos nuestras frustraciones sin dejar de darles contínuas órdenes: 

 ¡Niño…! Eso no se hace, eso no se dice, eso no se toca. 

Pues en dos telediarios, los de la chupa y el cigarro, le cambian el sujeto a la oración y pasan a decirnos ellos a nosotros:

 ¡Abuelo…! Eso no se hace, eso no se dice, eso no se toca. 

La vida.

A   Alfonso, un buen compañero de trabajo y mejor persona, 
que sin duda va a ser un gran padre.

            Manolo Martínez

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domingo, enero 28, 2024

GRACITA..., HAY UN "GUAU" EN MI SOFÁ


Concho, qué susto me pegué la otra noche cuando  bajé a la cocina por un vaso de leche. 

El caso es que iba  medio dormido, pero, antes de acabar de bajar la escalera, vi a un perro sentado en el sofá del salón. 

Nunca hubo perros ni gatos en mi casa. 

Manuelita fue el animal más grande con el que convivimos en casa durante unos años. Era una tortuga que no medía más de diez centímetros, y se la regalamos a un amigo que tenía campo. 

Entonces, ¿de dónde coño había salido aquel chucho? 

Ni siquiera acabé de bajar. Subí corriendo la escalera para preguntarle a mi parienta por aquella aparición perruna, y entonces me quedé helado cuando la vi con nuestro hijo Pablo, riéndose los dos a carcajadas. 

El corazón se me iba a salir por la boca, pero, ¿qué cené yo la noche anterior? Fue la primera pregunta que me hice. Un yogurt y un puñado de nueces, me respondí, conque de una mala digestión no podía ser aquella alucinación. 

Volví a bajar la escalera, abrí la puerta y me acerqué al “guau”, a ver si se esfumaba el mal sueño al tocarlo. 

¡Me cagüentó mis mulas…!, el perro de los cojones era un cojín de espuma, pero, tan bien hecho, que le faltaba ladrar. 

Desde entonces toco a tó lo que me habla. Te lo digo, amig@, por si algún día mientras hablas conmigo, te paso la mano por el lomo.

            Manolo Martínez

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domingo, enero 21, 2024

JOSÉ MARÍA CABEZA MÉNDEZ dirigió la tertulia "COMER, BEBER Y HABLAR" sobre LA CONSERVACIÓN DEL PATRIMONIO ECLESIÁSTICO DE CARMONA

 

José María Cabeza Méndez inauguró el año de tertulias de “Comer, Beber y Hablar”. 

En la mesa le acompañaron el Concejal de Cultura, Cultura, Turismo y Patrimonio Histórico, Ramón Gavira Gordón, los curas párrocos Sergio García (San Antón) y Antonio Ceballo (San Pedro), y Francisco Perea, Presidente del Consejo de Hermandades. 

El resto de la tertulia estaba compuesta por los hermanos mayores, y representantes, de todas las hermandades de Carmona. 

El encuentro tuvo lugar en el Parador de Carmona gracias a su director, Félix Lobo, a quien le damos la bienvenida, no sólo a la tertulia, sino a Carmona, a la que se ha incorporado recientemente. 

José María Cabeza, nos abrió el apetito regalándonos una primicia: la proyección, acompañada de textos, que él mismo leyó, presentada al Consejo de Patrimonio de España y que finalmente aprobó la inclusión de Carmona en la Lista Indicativa. 

Tras la proyección se abrió una tertulia muy participativa entre todos los presentes, esbozándose la necesidad de futuras reuniones, que el mismo Concejal, Ramón Gavira, ofreció, para establecer unas líneas maestras para lo que José María viene reclamando desde hace tiempo: 

Y es que esta candidatura sirva, por encima de todo, para que los carmonenses nos sintamos moradores de nuestra ciudad, y por lo tanto hagamos frente común para la conservación de nuestro patrimonio, que no debe ser dejado, única y exclusívamente, en manos de la Diócesis ni de los gobiernos municipales, porque ambas entidades necesitan la implicación de todos los ciudadanos para llevar a buen puerto la conservación de nuestro patrimonio.

Según José María Cabeza: 

La situación que se aprecia en el estado físico del conjunto de iglesias carmonenses, unas más degradadas y otra menos en función “solo” de la voluntad individual o corporativa de los usuarios, nos conduce a plantear una reflexión pública sobre el mantenimiento de ese importante legado arquitectónico de nuestros antepasados que ahora a nosotros nos corresponde conservar.   

Para garantizar el acierto en estas operaciones se debe de partir desde la premisa: conocer para intervenir y para ello se pueden justificar unos criterios de intervención atendiendo a los múltiples registros y a la complejidad del templo a través de sus diversos valores. Las primeras consideraciones operativas a tener presente antes de iniciar un programa de conservación son: 

- El conocimiento de los elementos preexistentes en su forma, composición y estado  

- La importancia de un correcto diagnóstico a partir de la información obtenida en el apartado anterior. 

En esa información se analizarán aspectos tan esenciales como: Ubicación. Tipología constructiva y composición material. Antigüedad. Usos. Estado. Valoración social. Estatus legal. Destino. Disponibilidades técnicas. Marco económico, etc. 

A su vez se han de valorar por los responsables de la propiedad, administración municipal y usuarios, conceptos  tan básicos en el mantenimiento de los edificios, como: Mantenimiento correctivo: Renovación y reparación. Mantenimiento preventivo: Sistemático y condicional.as



Gracias, José María, por tu generosa entrega a todo lo relacionado con el patrimonio de Carmona, y muchas gracias, por haberme dado la oportunidad de conocerte un poco, entre tés verdes y alguna manzanilla, lo suficiente para llevarme la certeza de que he estado charlando con una persona extraordinaria, que igual me ha hablado con pasión de su profesión, que ha compartido conmigo la afición de ambos por escaparnos, de cuando en cuando, al norte de España para respirar algo de frío.

Un abrazo.









Tertulia “Comer, beber y hablar”

Manolo  Martínez

Carmona, 17 de enero

Del Año de Nuestro Señor Dos mil veinticuatro

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